Durante los últimos seis meses, Donald Trump y Benjamin Netanyahu, que lideran a Estados Unidos e Israel respectivamente, han estado lanzando misiles a Teherán, causando un conflicto que ha interrumpido las principales rutas comerciales mundiales, particularmente el Estrecho de Ormuz. Antes de la guerra, esta vía fluvial estratégica facilitaba el transporte del 20% de los hidrocarburos y fertilizantes del mundo a los mercados internacionales. A pesar de las negociaciones realizadas y de los acuerdos alcanzados, el tráfico sigue estando muy por debajo de lo normal, incluso después de transcurrido medio año. Aunque el paso esencial permanece abierto, los EE.UU. e Irán mantienen bloqueos empleando tácticas de la supuesta flota fantasma. En consecuencia, las compañías navieras de ambos lados se enfrentan al riesgo de los buques y las tripulaciones para el comercio en curso. Para profundizar en este tema, se requiere una mayor exploración.
Han pasado seis meses desde que Donald Trump y Benjamin Netanyahu, líderes de EE UU e Israel, comenzaran a lanzar misiles sobre Teherán, un conflicto que ha sacudido las principales vías de comercio mundial, especialmente el estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra llegaba a los mercados internacionales un 20% de los hidrocarburos y fertilizantes consumidos globalmente. Medio año después, pese a las negociaciones emprendidas y acuerdos firmados, el tráfico dista mucho de normalizarse. Pero el crucial paso tampoco está totalmente cerrado como pretenden Estados Unidos e Irán con sus respectivos bloqueos: utilizando tácticas propias de la llamada flota fantasma, las navieras de uno y otro lado arriesgan buques y tripulaciones para seguir comerciando.
