Durante el rodaje de la serie Antidisturbios, Eduardo Villanueva le dio a su compañera de la productora Caballo Films, Isabel Peña, la coguionista habitual de Rodrigo Sorogoyen, el libro El proxeneta, de Mabel Lozano. “Había una historia que no se había contado en este universo”, recuerda Villanueva. Por universo se refiere a los prostíbulos, a los proxenetas que regentan esos inmensos hoteles con carteles luminosos que escoltan las carreteras españolas, el destino final de las mujeres captadas y esclavizadas por la trata de blancas. “Habíamos hablado de ello, pero no sabíamos cómo encararlo. El libro de Lozano, con su protagonista y con su análisis de los mecanismos de este sistema, nos daba una base para construir algo que realmente merecía la pena ser contado”.
Durante el rodaje de la serie Antidisturbios, Eduardo Villanueva le dio a su compañera de la productora Caballo Films, Isabel Peña, la coguionista habitual de Rodrigo Sorogoyen, el libro El proxeneta, de Mabel Lozano. “Había una historia que no se había contado en este universo”, recuerda Villanueva. Por universo se refiere a los prostíbulos, a los proxenetas que regentan esos inmensos hoteles con carteles luminosos que escoltan las carreteras españolas, el destino final de las mujeres captadas y esclavizadas por la trata de blancas. “Habíamos hablado de ello, pero no sabíamos cómo encararlo. El libro de Lozano, con su protagonista y con su análisis de los mecanismos de este sistema, nos daba una base para construir algo que realmente merecía la pena ser contado”.
Este recorrido ha acabado siete años después en El castillo, serie que Movistar Plus estrena el 8 de octubre, y que este viernes se ha proyectado en el festival de San Sebastián, fuera del concurso. España es el prostíbulo de Europa. Casi 8.000 personas, en su mayoría mujeres adultas, fueron identificadas en 2024 ejerciendo la prostitución en España, dato que procede de las 1.700 inspecciones realizadas por las fuerzas de seguridad en clubes, locales y prostíbulos camuflados. Calculan que decenas de miles más están fuera del radar. Al proxeneta le encarna, tras engordar más de 20 kilos, Raúl Arévalo. A la chica colombiana atrapada en la trata de blancas, Valentina Vidal. Y a los policías que están años y años intentando desentrañar la intrincada red de financiación y de blanqueo de dinero de los dueños de los clubes, Omar Ayuso y Laia Marull.

A este viaje se ha sumado la directora Elena Martín Gimeno, que con sus aportaciones ha ascendido a cocreadora de la serie junto a Villanueva y Peña, y la directora Sandra Romero. Peña recuerda su primera lectura: “Me explotó la cabeza. Capítulo tras capítulo. Y me absorbió. No sabíamos cómo íbamos a hacerlo, pero sí que lo haríamos”. Aunque la primera versión de los guiones de esta serie de cuatro episodios, llamada a ganar multitud de premios esta temporada, encontró un problema, según Peña: “Nos pasamos de frenada. La gente a la que enseñábamos el proyecto lo rechazaba por asfixiante. Volvimos al trabajo y abrimos el punto de vista a una mujer, Claudia. Era cierto, si estamos solo con el proxeneta es inaguantable”.
Además, con la serie podían ahondar en otros mundos: “La España del ladrillazo en la que nos hemos criado. Un país que consumía a la misma velocidad edificios de apartamentos en primera línea de playa que mujeres. Que no se cuestionaba en ningún momento el deseo masculino. Que sexualizaba a las mujeres en horarios de máxima audiencia en televisión; que en las ficciones se reía con los puteros y de las prostitutas”.

El trío de cocreadores marcó sus propias líneas rojas, cosas que se negaron a que pasaran. “Por ejemplo, no íbamos a sexualizar ni a fragmentar el cuerpo femenino”. Villanueva subraya que “todo eso estaba clarísimo desde el primer momento, aunque no había una propuesta concreta visual hasta que la propuso Elena”. Pero, insiste Peña: “Jamás íbamos a romantizar ese mundo, ni a generar fascinación en el mal sentido por el personaje del villano. Que no fuera algo tan sexy y tan atractivo que posibilitara que te sintieras atraído por él. Un Tony Soprano, por ejemplo, alguien que desde la empatía de la cotidianidad te invitara a entrar en su psique”.
Los creadores recuerdan cómo está mediatizada la ilustración en el audiovisual de los prostíbulos. “Hemos ido a muchísimos clubes a localizar, a investigar, a documentarnos. Y acumulamos un banco de imágenes infinito muy interesante, a la par que deprimente. Llevamos toda la vida viendo películas de neones rojos y ligueros, terciopelos, adornos… Y cuando íbamos a los clubes, veíamos bombillas desnudas, paredes entre habitaciones que ni siquiera llegaban al techo. Quiero decir que la documentación, aparte de hacernos aprender muchísimo sobre cómo funciona este sistema, nos ha mostrado lo manipulada que estaba la mirada con respecto a este mundo en la ficción que hemos consumido desde que tenemos memoria”, cuentan, enlazando uno con otras las frases.

Elena Martín Gimeno explica las apuestas visuales que hacen crecer la serie en su visionado. “Si no romantizábamos a los proxenetas, mucho menos a los clubes. Nos anclamos a la verdad. No son lugares superoscuros, sino que se ven las caras. En las habitaciones no hay una cama de matrimonio, sino catres individuales; y no hay luz de ambiente, sino normal, porque, total, ya has pagado”. Y luego, en relación al tratamiento de los personajes femeninos, “ya había una apuesta desde el guion”. Explica: “No vemos los cuerpos de las mujeres en las secuencias de sexo. Y ya que estamos decidiendo no sexualizarlas, y no reproducir esas imágenes que tanto hemos visto en ficción, decidimos mirar hacia donde nunca se había hecho: fuimos a analizar las miradas de los clientes”. Que quedara claro que la “víctima de trata no está sintiendo deseo, está sufriendo una situación de control y poder”.
El trío siguió explorando en lo visual. “Había que enseñar cómo los proxenetas operan con las psiques de las chicas para quebrarlas a medida que pasan por esas experiencias”. Por eso a ellas las filman desde planos cortos, en momentos más sensoriales. “Y a ellos verlos desde más distancia. Los proxenetas tienen planos más abiertos, salen más en grupo, con muchos reunidos en habitaciones pequeñas para subrayar esa sensación de que es un sistema grande, con muchos participantes y, por desgracia, muy bien organizados”.

La pandemia acabó con algunos de los megaclubes de carretera. Pero han vuelto a resucitar. Un viaje en coche así lo confirma. Peña responde: “Están ahí todavía. Como ahora me fijo, veo que hay sitios nuevos. No es una actividad que vaya a parar”.
¿Qué quieren que sienta la gente tras ver El castillo? Toma la palabra Villanueva: “Esperamos que la gente se empiece a hacer preguntas. Nosotros no tenemos las respuestas, pero a raíz de todo esto nos hacemos muchísimas preguntas. Delante de la gente, y en muchos sitios a la vista de todo el mundo, está pasando algo terrorífico delante de la vista de todo el mundo. Esperamos que los espectadores simplemente empiecen a mirar como ya hacemos nosotros”.
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