No todos los pensionistas españoles llegan a cobrar 1.000 euros al mes. Aunque la pensión media de jubilación supera los 1.300 euros y la máxima rebasa los 3.000, existe una parte de los jubilados que afronta su día a día con cantidades muy inferiores. Es la realidad que mostró Espejo Público en unas declaraciones emitidas en enero de 2026, poniendo rostro a varias personas que explicaron ante las cámaras cómo hacen frente a sus gastos.. Entre ellas está María, cuya pensión apenas alcanza los 700 euros mensuales. «Ojalá», responde cuando se plantea la posibilidad de disponer de más dinero. Asegura que intenta salir adelante sin pedir ayuda a sus hijos y ajustando al máximo sus gastos. «Al teatro no puedo ir porque son 60 euros. Al cine sí, porque me cuesta dos», explica al programa.. Los pequeños gastos y los viajes se convierten así en auténticos lujos para quienes tienen una pensión tan reducida. María reconoce que, de vez en cuando, puede permitirse viajar a Fuengirola, donde tiene una amiga, o a Barcelona, donde reside otra. Su economía doméstica tiene incluso en la «sopa de ajo» uno de sus grandes aliados para conseguir que el dinero llegue hasta final de mes.. Junto a ella aparece Beatriz, que acumuló 32 años cotizados trabajando como limpiadora de colegios. Su pensión se sitúa en 840 euros mensuales. Su caso refleja cómo determinadas trayectorias laborales, especialmente aquellas vinculadas a empleos con salarios bajos, pueden terminar traduciendo décadas de trabajo en una prestación que apenas supera el umbral de los mileuristas.. Mujeres con pensiones más bajas. También está Carmen, cuya situación resulta especialmente representativa de las dificultades que han afrontado muchas mujeres durante su vida laboral. Actualmente cobra 980 euros sumando su pensión de viudedad y la suya propia, que por separado no llega a los 300 euros. Empezó a trabajar cuando tenía solo 11 años y pasó por diferentes empleos antes de dedicar los últimos doce años al cuidado de familiares.. Carmen trabajó en una fábrica, de la que fue despedida cuando se quedó embarazada, y posteriormente se dedicó a la limpieza de escaleras. Durante doce años cuidó además de su madre y de su suegra, ambas con alzhéimer. Una trayectoria que, según se expone en el reportaje de Espejo Público, ayuda a explicar la brecha existente entre las pensiones de hombres y mujeres, que cobran de media un 31% menos.. La situación de estas pensionistas refleja además el impacto de los trabajos precarios y de los periodos en los que no existieron cotizaciones. A ello se suman las cargas familiares que históricamente han recaído en mayor medida sobre las mujeres. El resultado, décadas después, puede traducirse en pensiones que obligan a controlar prácticamente cada gasto.. «Si no tuviera la casa pagada, me moriría de hambre». El programa también recogió el testimonio de Máximo, un pescadero jubilado que cobra 800 euros de pensión. En su caso, disponer de una vivienda ya pagada supone una diferencia fundamental para poder llegar a fin de mes. «Gracias a Dios tengo la casa pagada, si no, me muero de hambre», reconoce ante las cámaras.. Otro de los protagonistas es Eduardo, que trabajó como carpintero y actualmente recibe una pensión de 980 euros. Parte de esa cantidad está embargada para su exmujer, por lo que su situación económica es todavía más complicada. Cuando le preguntan si está satisfecho con lo que cobra, responde con resignación: «No tengo más remedio, pero no estoy satisfecho».. Las historias recogidas por Espejo Público en enero de 2026 muestran así una realidad muy diferente a la que refleja únicamente la pensión media. Para estos jubilados, tener una vivienda en propiedad resulta determinante para poder mantener unos gastos mínimos, mientras que quienes tienen que afrontar un alquiler parten de una situación mucho más complicada con prestaciones de estas cantidades.. Carmen, además, pone el foco en las dificultades a las que se enfrentarán las próximas generaciones. Considera que quienes hoy sostienen el sistema empiezan a trabajar «mucho más tarde que nosotros» y tienen «trabajos precarios». Su conclusión sobre el futuro de esas personas es contundente: «No me extraña que cuando sean mayores no vayan a tener» una pensión como la de generaciones anteriores.
No todos los pensionistas españoles llegan a cobrar 1.000 euros al mes. Aunque la pensión media de jubilación supera los 1.300 euros y la máxima rebasa los 3.000, existe una parte de los jubilados que afronta su día a día con cantidades muy inferiores. Es la realidad que mostró Espejo Público en unas declaraciones emitidas en enero de 2026, poniendo rostro a varias personas que explicaron ante las cámaras cómo hacen frente a sus gastos.. Entre ellas está María, cuya pensión apenas alcanza los 700 euros mensuales. «Ojalá», responde cuando se plantea la posibilidad de disponer de más dinero. Asegura que intenta salir adelante sin pedir ayuda a sus hijos y ajustando al máximo sus gastos. «Al teatro no puedo ir porque son 60 euros. Al cine sí, porque me cuesta dos», explica al programa.. Los pequeños gastos y los viajes se convierten así en auténticos lujos para quienes tienen una pensión tan reducida. María reconoce que, de vez en cuando, puede permitirse viajar a Fuengirola, donde tiene una amiga, o a Barcelona, donde reside otra. Su economía doméstica tiene incluso en la «sopa de ajo» uno de sus grandes aliados para conseguir que el dinero llegue hasta final de mes.. Junto a ella aparece Beatriz, que acumuló 32 años cotizados trabajando como limpiadora de colegios. Su pensión se sitúa en 840 euros mensuales. Su caso refleja cómo determinadas trayectorias laborales, especialmente aquellas vinculadas a empleos con salarios bajos, pueden terminar traduciendo décadas de trabajo en una prestación que apenas supera el umbral de los mileuristas.. Mujeres con pensiones más bajas. También está Carmen, cuya situación resulta especialmente representativa de las dificultades que han afrontado muchas mujeres durante su vida laboral. Actualmente cobra 980 euros sumando su pensión de viudedad y la suya propia, que por separado no llega a los 300 euros. Empezó a trabajar cuando tenía solo 11 años y pasó por diferentes empleos antes de dedicar los últimos doce años al cuidado de familiares.. Carmen trabajó en una fábrica, de la que fue despedida cuando se quedó embarazada, y posteriormente se dedicó a la limpieza de escaleras. Durante doce años cuidó además de su madre y de su suegra, ambas con alzhéimer. Una trayectoria que, según se expone en el reportaje de Espejo Público, ayuda a explicar la brecha existente entre las pensiones de hombres y mujeres, que cobran de media un 31% menos.. La situación de estas pensionistas refleja además el impacto de los trabajos precarios y de los periodos en los que no existieron cotizaciones. A ello se suman las cargas familiares que históricamente han recaído en mayor medida sobre las mujeres. El resultado, décadas después, puede traducirse en pensiones que obligan a controlar prácticamente cada gasto.. «Si no tuviera la casa pagada, me moriría de hambre». El programa también recogió el testimonio de Máximo, un pescadero jubilado que cobra 800 euros de pensión. En su caso, disponer de una vivienda ya pagada supone una diferencia fundamental para poder llegar a fin de mes. «Gracias a Dios tengo la casa pagada, si no, me muero de hambre», reconoce ante las cámaras.. Otro de los protagonistas es Eduardo, que trabajó como carpintero y actualmente recibe una pensión de 980 euros. Parte de esa cantidad está embargada para su exmujer, por lo que su situación económica es todavía más complicada. Cuando le preguntan si está satisfecho con lo que cobra, responde con resignación: «No tengo más remedio, pero no estoy satisfecho».. Las historias recogidas por Espejo Público en enero de 2026 muestran así una realidad muy diferente a la que refleja únicamente la pensión media. Para estos jubilados, tener una vivienda en propiedad resulta determinante para poder mantener unos gastos mínimos, mientras que quienes tienen que afrontar un alquiler parten de una situación mucho más complicada con prestaciones de estas cantidades.. Carmen, además, pone el foco en las dificultades a las que se enfrentarán las próximas generaciones. Considera que quienes hoy sostienen el sistema empiezan a trabajar «mucho más tarde que nosotros» y tienen «trabajos precarios». Su conclusión sobre el futuro de esas personas es contundente: «No me extraña que cuando sean mayores no vayan a tener» una pensión como la de generaciones anteriores.
