Con los relevistas dando saltos todavía después de su bomba a cuatro manos, Dani Arce se lanzaba al propósito de su vida: una medalla de oro en un Europeo, el territorio donde se ha empeñado en triunfar. El especialista en los 3.000m obstáculos, 34 velas sopladas, un bronce en casa, no quiere presas menores. Solo le vale el oro. Todo o nada. Por eso, nada más sonar el disparo, el burgalés de Cardeñadijo, donde cuida a su madre, con esclerosis múltiple, con el amor de un buen hijo, aceleró para ponerse al frente del grupo. Frederik Ruppert, el único de los finalistas que ha bajado de los ocho minutos en los 3.000m obstáculos, vio su reacción, apretó el paso y se colocó a su lado. No te vas a despegar de mí tan fácilmente, parecía decirle. El pulso había empezado.. Seguir leyendo
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