El espectáculo «La otra transición en Valladolid» debía debutar en la ciudad el jueves, pero fue cancelado el martes por la noche. Iñigo Varona acusa a la Diputación de Valladolid y al PP de «censura» respecto a una colección que hace referencia al apodo de «Fachadolid» para una ciudad con numerosos incidentes pro-fascistas después de la dictadura de Franco, que documenta varios de tales sucesos. Paz Malfaz, jefe del servicio de Cultura de la agencia, niega la censura y atribuye la cancelación a la «insuficiente transparencia e información» de Varona, señalando que Varona había sido apoyado por el proyecto. A lo largo de todo el proceso que condujo a la asamblea, cuando se demostró el contenido, documentó su exposición a través de fotografías y listas. «Es un aspecto significativo del pasado de Valladolid, y mi objetivo era resaltar sus orígenes. Mi intención no es ofender a nadie, sino más bien compartir la turbulenta historia», afirma apasionadamente, expresando decepción por la falta de supervisión de la Diputación, permitiendo que el contenido no revisado se presente en el último minuto: «Están explotando la cultura». Puede encontrar más información aquí.
La exposición “La otra Transición en Valladolid” se iba a inaugurar este jueves en la ciudad, pero se canceló el martes por la tarde. El autor, Iñigo Varona, denuncia la “censura” de la Diputación de Valladolid, del PP, sobre una muestra que alude al apodo de “Fachadolid” a una urbe con múltiples atentados filofascistas después de la dictadura franquista y que recoge varios de estos episodios. La jefa del servicio de Cultura de la entidad, Paz Malfaz, niega censuras y achaca la cancelación a la “falta de transparencia e información” de Varona, a quien habían subvencionado el proyecto. Este reitera que durante todo el proceso previo al montaje, momento en que se evidenciaron los contenidos, informó mediante fotos y listados de lo que iba a exponer. “Es parte de la historia de Valladolid y he querido visibilizar de dónde viene, no quiero insultar a nadie sino contar la convulsa tradición”, alega, indignado por la “negligencia” de que la Diputación ni revisara qué iba a mostrarse y reaccione a última hora: “Se están cargando la cultura”.
La frustración del artista se percibe por teléfono cuando desarrolla cómo en 2023 consiguió una beca de la Diputación por 5.000 euros tras presentar un anteproyecto que valoró un jurado, previo paso a una memoria justificativa de todo lo realizado y sus facturas. En 2024 pidió un espacio para enseñar sus creaciones y lo remitieron a 2026 por falta de disponibilidad. Los meses pasaron y Varona empezó a inquietarse porque nadie se dirigía a él hasta que un técnico le empezó a pedir que “llenara la sala, era su obsesión, una concepción que dista mucho del arte contemporáneo”.
Él siguió preparando piezas mientras enviaba la documentación y el título de la exposición, distinto al becado pero sin que estuviese prohibido hacerlo: “No estaba cerrado del todo”. Nadie, afea, le pidió detalles ni saber de qué iría, además le pusieron en comunicación con el rotulista con el que solían trabajar y se desentendieron de lo posterior. Todo funcionaba, más o menos, hasta que empezó a sacar sus obras para el montaje. Varona esgrime que envió de antemano el listado con varias alusiones a “Fachadolid”, pero cree que “nadie se lo leyó”.

Los trabajadores de la institución empezaron a asomarse a ver el cartel de ese apodo de la ciudad y obtuvo los primeros comentarios sin dignarse siquiera a contemplar el resto de contenidos: “Es que esto…”. El autor insiste: “Es parte de la historia de Valladolid y he querido visibilizar de dónde viene, no quiero insultar a nadie sino contar la convulsa tradición”. Entonces, “un tal Roberto”, de prensa de Presidencia, le instó a quitar ese cartelón y una parte donde aludía al reportaje de la revista Interviú que acuñó el mote de “Fachadolid” basándose en varios atentados de extrema derecha durante la Transición democrática. O eliminaba esas partes o se cancelaba la exposición.
El creador, licenciado en Bellas Artes, doctor en Investigación en Arte Contemporáneo y profesor de Secundaria de Dibujo en Castilla y León, prefirió retirarse antes que asumir esa instrucción. Entonces, pidió que le enviasen un correo electrónico con lo que le habían comentado por teléfono, un mensaje “ambiguo, remitiendo a lo telefónico” que le genera un sentimiento de “impotencia por una censura por motivos políticos y para borrar la memoria de Valladolid”.
“Pensaron que se quedaría así”, añade, si bien convocó a amigos y al sindicato CNT el día 3 para protestar ante la Diputación, como si acudieran a una muestra cuyos carteles seguían colgados. La oposición de izquierdas, el PSOE y Valladolid Toma La Palabra, le brindaron su apoyo y han reprobado la postura del PP.
La jefa del servicio de Cultura de la entidad atribuye la cancelación a que “no nos ha facilitado la información de lo que iba a exponer y hemos visto que no se ajustaba al proyecto” y añade que “nunca se ha censurado nada”. La diputada esgrime que no existió “conocimiento pleno” de las intenciones de Varona, quien primero pretendía exponer sobre “barriadas de Valladolid en la Transición”. El afectado insiste en que fue remitiendo información sobre lo que iba a presentar al público mediante los listados y dossieres, tanto para el seguro que protegería las piezas como para los rótulos con el contacto que la propia Diputación le facilitó, pero que nadie se paró a mirarlo.

Malfaz duda y no aclara las varias preguntas sobre cómo no se dieron cuenta de la supuesta “falta de transparencia e información” en las semanas previas al montaje y no solo a última hora, cuando vieron físicamente de qué iba la exposición y sus alusiones a “Fachadolid”: “No sé si estaba en el listado o no, pero no sabíamos los elementos dispositivos hasta que se montó”. Según ella, “se ha retirado cuando se ha conocido, no mandó fotografías”, aunque Varona sí remitió varias imágenes, y “el ‘Fachadolid’ estaba oculto y otros contenidos enfocados de lejos y a lo mejor no lo veíamos”. La diputada insiste en la “falta de transparencia” y asigna la supuesta “censura” a que no se atuvo a las normas: “No tenemos nada contra él como artista”.
Iñigo Varona niega ese argumento: “Se piensan que soy tonto y quiero agitar, pero han sido negligentes”. Insiste en que no han prestado atención al proceso hasta que con el montaje se dieron cuenta de los elementos de la exposición: “Se cargan la cultura de Castilla y León, solo les interesan las cosas viejas y los bodegones”.
