Después de todo, Alexander Zverev. Otra vez. Eleva el alemán el trofeo hacia el infinito y así acaba este US Open que comenzó plagado de incógnitas y que ha ido despejándolas a manotazos, aclarándolo todo. Por simplificar: en dirección a los 40, Novak Djokovic debe pensar hacia dónde va; la segunda línea sigue siendo de cristal; a Carlos Alcaraz todavía le falta mecha, pero parece a punto; el tenis estadounidense (masculino) sigue estancado en un recuerdo cada vez más lejano, de frustración en frustración; y el campeón, primerizo en Nueva York —que no en un gran escenario porque hace tres meses ya conquistó París—, es sin duda alguna la alternativa más fiable a los dos fenómenos. Caras larguísimas en la grada de la Arthur Ashe.. Seguir leyendo
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