Hay carreras que terminan con una ovación en el centro del campo, una vuelta alrededor de un estadio o un último cambio para recibir el cariño del público. La de Zinedine Zidane, más leyenda que la mayoría de futbolistas, acabó de una manera distinta. Así era él, distinto. Hoy se cumplen 20 años del 9 de julio de 2006. Esa noche, sobre el minuto 110 de la final del Mundial entre Francia e Italia, a Zidane se le fue la mente, así lo reconoció él años después, y golpeó con su cabeza el pecho de Materazzi. No lo vio el árbitro, tampoco el línea, pero sí Medina Cantalejo, cuarto colegiado ese día, que advirtió al principal. Recibió la roja y caminó con la mirada perdida hacia el suelo mientras pasaba al lado de la copa del mundo. Un cabezazo que cambió la final.
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