La política en realidad tiene un aspecto personal. La validez de un discurso depende en gran medida del orador. Esta es la razón por la cual aquellos que carecen de la capacidad de crear sugerencias políticas superiores a sus adversarios, afirman honestidad mientras que simultáneamente intentan refutar la credibilidad de sus adversarios. Sin embargo, como afirma Daniel Innerarity, la antítesis de la política perjudicial no es la integridad, sino la política favorable. Por supuesto, esto no implica que la honestidad no sea fundamental, como lo es, pero es distinta de la política económica, social o de cualquier otro tipo. Para más información, siga leyendo.
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
La corrupción o la hipocresía de algunas personas no debilitan mis razones, sino que me obliga a defenderlas de nuevo y con más fuerza


Es verdad que la política tiene un componente personal. El crédito que damos a un discurso tiene mucho que ver con quién lo dice. Precisamente por eso, quienes no son capaces de aportar mejores propuestas políticas que el adversario, presumen de honestidad a la par que tratan de desacreditar la del contrario. Sin embargo, como dice Daniel Innerarity, lo contrario de las malas política no es la honestidad, sino las buenas políticas. Esto, obviamente, no quiere decir que la honestidad no sea fundamental, que lo es, sino que es algo diferente a las políticas económicas, sociales, o de cualquier otro tipo.
Un político honesto que arruina, por ejemplo, la sanidad o la educación públicas, no es un buen político, aunque no robe, ni mienta, ni engañe a su pareja.Concibo la política como el espacio del debate y la decisión sobre mis propios valores y los que quiero que determinen la actuación de las Instituciones y del gobierno de mi país. Los premios y los castigos, cuando corresponda, espero que lleguen por otras vías, pero en la política, en mi voto, me juego demasiado para dejarlo de lado o renunciar a ello por castigar a alguien.
Yo no voto para reconocer o premiar la honestidad de los políticos, porque creo (me atrevería a decir que sé) que en todos los partidos son, en su gran mayoría, honestos; y, como todos, en ocasiones vivo decepciones o desilusiones que pueden ser profundas y hasta personalmente dolorosas. Yo voto para escoger un proyecto, un programa, incluso unos valores y unas formas de orientar las decisiones que deben tomar las Instituciones públicas. Apoyo y voto a quien defiende que las instituciones, los gobiernos, son un instrumento para transformar la sociedad mediante la reducción de las desigualdades, la redistribucion de la riqueza y la garantia de derechos y servicios públicos, sobre todo para quienes no tienen recursos para ello.
Por esa razón, voto a quien refuerza la cobertura, en primer lugar, y la calidad, en segundo lugar, de la sanidad pública o de la educación o de la atención a la dependencia. Voto a quien cree que las instituciones deben reconocer la diversidad de los ciudadanos y apoyar el desarrollo de su libre personalidad; deben impulsar la generación de riqueza privada, pero para poder también redistribuirla. Voto a quien propone impulsar el acceso a la cultura y apoyar a sus creadores. Voto a quien asume que los consensos acostumbran a ser mejores que las mayorías, a quien negocia y alcanza acuerdos, a quien reconoce el valor de los expertos y sus razones, a quien acepta someter sus emociones y sus impulsos a los razonamientos y a la crítica; y, sobre todo, a los valores de justicia y respeto al otro. Voto a quien tiende a asumir sacrificios y cesiones de los fuertes y proteger y reforzar a los débiles; voto a quien duda y valora antes de decidir, frente a quien no cuestiona jamás sus propias convicciones.
La corrupción o la hipocresía de algunas personas no debilitan mis razones, sino que me obliga a defenderlas de nuevo y con más fuerza. Esas decepciones lo son respecto de personas concretas, pero no de las ideas y los proyectos que defendieron. Por eso, creo difícil cambiar mi voto o renunciar a ejercerlo. Las personas y los políticos pasamos, los proyectos quedan.
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