Nadie recuerda unas elecciones municipales en Francia tan significativas. O, al menos, simbólicas por el contexto político y lo que pueden explicar sobre el futuro. Las últimas se celebraron en plena pandemia, dos vueltas interrumpidas durante tres meses por el confinamiento, en un periodo donde el macronismo seguía relativamente en forma. Esta vez, los comicios en casi todos los municipios de Francia se celebran en plena descomposición del mandato del presidente de la República y en un clima donde distintos fenómenos políticos, ideológicos y de posibles alianzas se pondrán a prueba en muchos de los 36.000 municipios que votarán este domingo y el próximo 22 de marzo.. Seguir leyendo
Nadie recuerda unas elecciones municipales en Francia tan significativas. O, al menos, simbólicas por el contexto político y lo que pueden explicar sobre el futuro. Las últimas se celebraron en plena pandemia, dos vueltas interrumpidas durante tres meses por el confinamiento, en un periodo donde el macronismo seguía relativamente en forma. Esta vez, los comicios en casi todos los municipios de Francia se celebran en plena descomposición del mandato del presidente de la República y en un clima donde distintos fenómenos políticos, ideológicos y de posibles alianzas se pondrán a prueba en muchos de los 36.000 municipios que votarán este domingo y el próximo 22 de marzo.
Las municipales, para las que se han registrado unos 48,7 millones de electores franceses, serán un ensayo general de las elecciones presidenciales de 2027 en muchos aspectos. El panorama es incierto y ninguna lista se perfila con mayoría absoluta en las grandes ciudades para la segunda vuelta. Pero la ultraderecha aspira por primera vez a ampliar su base local y conquistar algunos municipios de más de 100.000 habitantes y dos grandes ciudades como Marsella o Niza. De este modo, calará la idea de que han dejado de ser un partido de la Francia interior y que los grandes núcleos urbanos también lo apoyan.
La izquierda, por su parte, probará nuevas alianzas sin La Francia Insumisa (LFI), muy señalada tras el linchamiento en Lyon de un joven ultraderechista a manos de algunos miembros de una organización satélite del partido de Jean-Luc Mélenchon. Raphaël Glucksmann, uno de los candidatos llamados a liderar a la izquierda en los comicios presidenciales de 2027, llamó esta semana a romper definitivamente los lazos de todas las formaciones progresistas con LFI en estas municipales.
La derecha sueña con París. La marcha de Anne Hidalgo, alcaldesa de la capital de Francia durante los últimos 12 años y figura de primer orden político en el país, ha marcado a fuego la campaña electoral. La batalla por París, en manos de los socialistas desde 2001, está abierta y puede determinar el humor de las presidenciales de 2027. En la probeta política se mezclarán las consecuencias de posibles alianzas entre los grupos de izquierda y de derecha. Y sobre todo, la posibilidad de hacerse con un foco mediático y político de enorme potencia como la capital del país, a un año exacto de unos comicios presidenciales en los que la ultraderecha tiene más posibilidades que nunca de llegar al Palacio del Elíseo.
El candidato socialista y representante de la unión de izquierdas (sin La Francia Insumisa), Emmanuel Grégoire, actual adjunto a la alcaldesa, encabeza los sondeos con un 30% de apoyos. La conservadora Rachida Dati (apoyada por Los Republicanos y MoDem), vieja contendiente de Hidalgo en la alcaldía, le sigue con un 24%. Pero si no es capaz de lograr el apoyo suficiente en el Consejo Municipal, podría recurrir a una suerte de alianza encubierta con la extrema derecha de Sarah Knafo, la nueva estrella mediática del mundo ultra que ya se sitúa en torno al 11% (con un 10% ya es posible pasar a la segunda vuelta). Knafo es esposa de Éric Zemmour, fundador del partido ultraderechista ¡Reconquista!, y eurodiputada. En el Parlamento Europeo se sienta y vota junto al partido ultra alemán AfD.
Marsella, el gran objetivo de la ultraderecha. El Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen y Jordan Bardella, que encabeza de forma abrumadora las encuestas nacionales, nunca ha tenido una base local consistente. Su poder, sin estructura amplia y cuadros dirigentes fiables, flotaba en las inclinaciones emocionales de las grandes elecciones. Ahora aspira a conquistar algunas grandes ciudades tras haberlo logrado solo con Perpiñán en 2020 y materializar su hegemonía total en la derecha. En Marsella, el alcalde saliente de izquierda, Benoît Payan, se enfrenta palmo a palmo en los sondeos contra el candidato del RN, Franck Allisio, exconsejero de Nicolas Sarkozy.
La ciudad atraviesa enormes problemas de seguridad y violencia ligados al al narcotráfico. Una baza que, junto a la inmigración, la ultraderecha cree que podrá rentabilizar en la segunda vuelta. Marsella siempre ha sido una ciudad de izquierdas, pero con un caladero de votos del RN muy fuerte debido a las tensiones migratorias que fueron despertándose en los años 90. Jean-Marie Le Pen, fundador del viejo Frente Nacional, siempre vio aquí el lugar perfecto para la apropiación de un cierto voto obrero desencantado y asustado por el ascenso de la inmigración. Una victoria en la segunda ciudad más grande del país sería muy simbólica para ambos bandos.

El doble o nada de Édouard Philippe. Édouard Philippe, presidente del partido de centroderecha Horizontes, es la esperanza de una gran parte del centroderecha en Francia para batir en una segunda vuelta a la ultraderecha en las presidenciales de 2027. El poderío del ex primer ministro, disparado en los sondeos hace un año, ha ido menguando en los últimos tiempos con declaraciones equivocadas y un cierto estancamiento de su propuesta. Llegó rápido. Y como todo lo que aparece pronto, empieza a oler a despedida.
Philippe tiene una ventaja. O un problema enorme. Es también el alcalde saliente de Le Havre (165.830 habitantes), ciudad portuaria de Normandía, y aspira a la reelección en los comicios que se disputarán este domingo y el próximo día 22 de marzo. Los sondeos aprietan. La izquierda llega casi empatada en los sondeos a la primera votación. Y si no revalidase la alcaldía, sus aspiraciones al Palacio del Elíseo quedarían tocadas de muerte.
Philippe no esconde el dramatismo de la situación. “He dicho la cosa más evidente del mundo. Si hubiera dicho lo contrario, nadie me habría creído. En algún momento hay que decir las cosas: mi vida electoral y local está en Le Havre. […] Si no lograra convencer a los habitantes de Le Havre, tendría que sacar las consecuencias, y todo el mundo sacará las consecuencias”.

Niza y la alianza de derechas. El gran duelo que pondrá a prueba la solidez de la derecha clásica en Francia se librará en Niza. El actual alcalde, Christian Estrosi, miembro de Horizontes, se batirá contra un extraño y revelador fenómeno de la política francesa: Éric Ciotti, líder de Unión de Derechas por la República (UDR). El viejo jefe de Los Republicanos, que salió del partido de una forma estrambótica porque su formación no acompañó su voluntad de aliarse con la ultraderecha, está bien posicionado para acceder a la alcaldía. Hoy Ciotti es la comparsa de Marine Le Pen en toda Francia y aspira a que la líder del RN le utilice como muleta para alcanzar el Palacio del Elíseo en 2027 (si es que antes no ha sido inhabilitada y el candidato de la ultraderecha pasa a ser Jordan Bardella). Niza sería más de lo que pudo soñar el día que se parapetó en la sede de Los Republicanos negándose a desalojarla cuando fue destituido.
La campaña se volvió especialmente polémica en Niza tras un incidente ocurrido el 27 de febrero, cuando apareció una cabeza de cerdo colgada en la reja del edificio donde vive Estrosi, acompañada de un insulto y una estrella de David.
