El acuerdo forjado en apenas una semana bajo un secretismo máximo entre el PSOE y otros siete partidos progresistas para presentarse en listas conjuntas al Senado el 29-N en 43 provincias partió de un grupo de soñadores de la sociedad civil. Lo que al principio era un puñado de idealistas, organizados en una asociación hasta el viernes por la noche casi desconocida, Senadoras y Senadores por la Democracia, con fundadores vinculados al PSOE, como Enrique del Olmo; a IU, como Cristina Almeida; o economistas de Comisiones Obreras, como Bruno Estrada, ha terminado revolucionando la política española. Lo que parecía una utopía, que la izquierda superase unos vetos cruzados que en algunos casos se pierden en la noche de los tiempos, amenaza la mayoría absoluta que el PP daba por hecho que reeditaría en la cámara Alta. Génova, que se las prometía muy felices, no la vio venir.. Seguir leyendo
El acuerdo forjado en apenas una semana bajo un secretismo máximo entre el PSOE y otros siete partidos progresistas para presentarse en listas conjuntas al Senado el 29-N en 43 provincias partió de un grupo de soñadores de la sociedad civil. Lo que al principio era un puñado de idealistas, organizados en una asociación hasta el viernes por la noche casi desconocida, Senadoras y Senadores por la Democracia, con fundadores vinculados al PSOE, como Enrique del Olmo; a IU, como Cristina Almeida; o economistas de Comisiones Obreras, como Bruno Estrada, ha terminado revolucionando la política española. Lo que parecía una utopía, que la izquierda superase unos vetos cruzados que en algunos casos se pierden en la noche de los tiempos, amenaza la mayoría absoluta que el PP daba por hecho que reeditaría en la cámara Alta. Génova, que se las prometía muy felices, no la vio venir.
Todo comenzó el 18 de abril. El pacto, cuyo anuncio se demoró hasta las 23.46 del viernes para dejar sin margen de maniobra a que el PP y Vox se coaligasen, no habría sido posible sin un acto fundacional. La publicación del manifiestoEl Senado importa. Y se puede ganar para la democraciaen el diario Público ya instaba a concentrar el voto progresista en una única papeleta para convertir el Senado “en un freno a la involución y en un instrumento de defensa de la democracia” frente a “la alianza reaccionaria entre el PP y Vox”. Los firmantes ponían el dedo en la llaga y advertían de que la derrota de la izquierda estaba asegurada si acudía fragmentada a las urnas. Era pura cuestión de matemáticas: el sistema de elección del Senado premia a la fuerza más votada con tres de los cuatro escaños en la mayoría de provincias. El segundo obtiene el último senador en juego.
Senadoras y Senadores por la democracia comenzó a partir de ese momento a tantear a los partidos. Era primavera. La derecha acababa de ganar en Castilla y León y en mayo eran las andaluzas. Fuentes de la asociación explican que la dirección de IU les pidió tiempo. Preferían que pasaran las elecciones. Los contactos con las distintas formaciones, aunque fuesen informales, podrían interferir en la campaña y enturbiar todavía más unas relaciones cainitas. El desastre de todas las izquierdas en las andaluzas cambió la hoja de ruta para lograr un pacto nacional. El terremoto que causó la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero por el rescate de Plus Ultra y el escándalo alrededor de las joyas que guardaba, valoradas en 1,3 millones de euros, relegó el interés del PSOE en el Senado. La prioridad era salvar al Gobierno, que por segundo verano volvía a asomarse al filo del precipicio.
Ajenos al desaliento, los promotores de la coalición siguieron “con su trabajo de hormiguitas”, resume uno de sus impulsores más activos a EL PAÍS. Comparten sus cálculos con los partidos, en los que detallan los senadores que se podrían ganar en cada provincia. Empiezan a captar la atención. Incluso animan a las formaciones a que hagan sus propias estimaciones para demostrarles que “no son unos iluminados”, se ríe uno de sus promotores. En julio hay reuniones con Más Madrid. También se habla con Compromís. “Todo seguía siendo oficioso, pero ya era más serio”, añade ese muñidor del acuerdo. Con Podemos también se habló, pero según Senadoras y Senadores por la Democracia ya no les prestaron atención a la vuelta del verano. Ese sinsabor quedó pronto olvidado por la visibilidad que Joaquín Estefanía, exdirector de EL PAÍS, dio a la iniciativa con una tribuna en este diario en la que hablaba del empeño del grupo de intelectuales y referentes sociales.
La asociación, que como pronto no contemplaba elecciones hasta principios de 2027, pasó a la siguiente fase y escogió el 6 de octubre para presentar en el Ateneo su propuesta para que la izquierda fuera competitiva en el Senado. Sin embargo, los acontecimientos se precipitaron justo un día antes. Pedro Sánchez convocó elecciones el 29 de noviembre. El desencadenante fue la derrota en el Congreso de los dos decretos elaborados por el Gobierno como respuesta a la movilización social por el desahucio de Maricarmen.
Los tiempos se aceleran en ese momento. Hasta entonces, las negociaciones entre el PSOE y las fuerzas del Frente Amplio eran inexistentes. Rebeca Torró, secretaria de Organización de los socialistas, y Enrique Santiago, secretario general del Partido Comunista y diputado de Sumar, asumen las conversaciones. La primera reunión presencial se produce el 11 de octubre, según fuentes al tanto de cómo fue el proceso. No se logran avances sustanciales. Su filtración y las informaciones de los días previos dificultan un acuerdo para el que apenas hay tiempo.
Pero a nadie se le escapa la oportunidad. Torró pide a las federaciones socialistas que le hagan una lista de las candidaturas de senadores, consciente de que algunos podían perder el puesto y que eso le podría generar algún incendio orgánico. Borja Cabezón, uno de los adjuntos a Organización y responsable de Acción Electoral, también interviene en el proceso, según fuentes conocedoras de la negociación. Torró pide a los secretarios de Organización autonómicos que guarden la máxima prudencia y la operación se centraliza en Ferraz salvo en un puñado de excepciones. Una es Baleares, donde esta legislatura ya se había ido en coalición en Ibiza con otras fuerzas y se ganó el senador. Santiago asume el mismo papel y se logra uno de los grandes milagros del acuerdo. La izquierda no radia las negociaciones al minuto, pese a que participan PSOE, IU, Movimiento Sumar, Compromís, Más Madrid, Chunta Aragonesista, Batzarre y Més. La ausencia de Podemos influye “en el silencio de radar”, según un responsable del pacto. “Y en que tuviéramos éxito”, remacha.
Las últimas 48 horas serán casi una “agonía”. La falta de entendimiento de la izquierda alternativa en las listas al Congreso desata los nervios. El PSOE tiene claro que el pacto no puede depender de Podemos. Se decide que la denominación de la papeleta el 29-N sea la de “Senado de Progreso”. Los negociadores coinciden en apurar al máximo para registrar la coalición e informar del pacto. Los logos de la coalición en cada circunscripción, con su propia singularidad política y distintos partidos aliados, se convierten en un sudoku antes de que el plazo expire a las 23.59.
El acuerdo, en el que podría haber cambios puntuales, contempla que en 37 circunscripciones la distribución de los tres puestos de la candidatura al Senado sea de dos representantes para el PSOE (primer y tercer puesto) y uno (segundo puesto) para el resto de fuerzas que participen en el acuerdo en cada provincia. Este esquema se aplicaría en A Coruña, Albacete, Alicante, Almería, Asturias, Ávila, Bizkaia, Burgos, Cádiz, Cantabria, Castellón, Ciudad Real, Córdoba, Cuenca, Granada, Guadalajara, Gipuzkoa, Huesca, Jaén, La Rioja, León, Lugo, Madrid, Málaga, Murcia, Navarra, Ourense, Palencia, Pontevedra, Salamanca, Segovia, Soria, Teruel, Toledo, Valladolid, Zamora y Zaragoza.
En el caso de las circunscripciones de Badajoz, Cáceres, Huelva y Valencia, el PSOE designará a los dos primeros candidatos y el resto de fuerzas, según lo que acuerden entre ellas, al tercero. En Álava y Sevilla, donde los socialistas ya se llevaron los tres escaños posibles como primera fuerza en 2023, el PSOE se reserva los tres candidatos. Cataluña se queda fuera -el PSC confía en ser primero en las cuatro provincias- y lo mismo pasa con Canarias, salvo en la Gomera.
El PSOE y el Frente Amplio deciden reconocer en un último gesto la labor de Senadoras y Senadores por la democracia. Acuerdan que sean los promotores de la sociedad civil quienes anuncien la fumata blanca. La bomba llega a menos de 15 minutos de la medianoche. “Celebramos el acuerdo nacional que hoy presentamos y que hacemos nuestro (…) Este acuerdo nace de la sociedad civil, y agradecemos a las fuerzas políticas que hayan sabido escuchar esa demanda y trabajado sin descanso para hacerla realidad”. En su despacho de la quinta planta de Ferraz, Torró acaba de cerrar un acuerdo que es su primera gran alegría y un éxito personal como secretaria de Organización, tras un año y medio durísimo por la herencia recibida de los escándalos de José Luis Ábalos y Santos Cerdán. El sábado, la ejecutiva federal reconoce lo que todo el mundo entiende como un triunfo. Lo mismo sucede en el comité federal, el máximo órgano de decisión del PSOE. La reacción de Alberto Núñez Feijóo refuerza el júbilo de los socialistas. “La coalición de desesperados que ha construido el PSOE diluyendo sus siglas con 20 formaciones políticas acredita que esto de que el PSOE está en disposición de ganar las elecciones es otra hipocresía más”, reprocha el líder del PP. Santiago Abascal no se queda atrás. Vox baraja no presentarse al Senado en algunas provincias para evitar una mayoría de izquierdas. Pero esa es ya otra historia.
