A día de hoy parece evidente que la idea de Gabriel Rufián de establecer una especie de Frente Popular, o sea la unión en una misma candidatura electoral de las fuerzas de la izquierda confederal y la soberanista, no va a llegar a buen puerto. El mensaje de Rufián para crear esa fuerza era que en cada circunscripción solo debería haber una candidatura que ideológicamente se situara a la izquierda del PSOE. Luego se matizó: no hacía falta que desaparecieran las formaciones políticas, bastaba con que se pusieran de acuerdo en una lista unitaria encabezada por la formación que en las últimas generales hubiera obtenido más votos. Todo por la amenaza de mayoría absoluta de las derechas que auguran las encuestas.. Seguir leyendo
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
La sensación es que se hace para intentar neutralizar con alquimia electoral la frustración política de los votantes de izquierda en lugar de pensar en las razones de esa frustración

A día de hoy parece evidente que la idea de Gabriel Rufián de establecer una especie de Frente Popular, o sea la unión en una misma candidatura electoral de las fuerzas de la izquierda confederal y la soberanista, no va a llegar a buen puerto. El mensaje de Rufián para crear esa fuerza era que en cada circunscripción solo debería haber una candidatura que ideológicamente se situara a la izquierda del PSOE. Luego se matizó: no hacía falta que desaparecieran las formaciones políticas, bastaba con que se pusieran de acuerdo en una lista unitaria encabezada por la formación que en las últimas generales hubiera obtenido más votos. Todo por la amenaza de mayoría absoluta de las derechas que auguran las encuestas.
Cierto es que podría haber propuesto esa misma unidad para averiguar qué ha pasado en estas dos últimas legislaturas: por qué un votante del PSOE acabaría votando al PP, o uno de Junts a Aliança Catalana, o muchos de ERC ni saldrían a votar… y, conocidos los motivos, desde el mismo Gobierno remediar su descontento para hacerse de nuevo con el voto, pero no… Hacer autocrítica no es una de las preocupaciones de Rufián y prefiere ir creando proyectos nuevos que… huelen a viejo.
En apoyo de Rufián —que de momento no cuenta con el beneplácito de Junqueras— ha salido el histórico Joan Tardà: “Si no logramos el frente que propone Rufián y gana la derecha, se nos caerá la cara de vergüenza”, explicó, sin reparar en que ya la gente tiene claro —ninguno de los partidos a la izquierda del PSOE se ha sumado— que esa propuesta no irá a ningún sitio.
Al hilo de lo anterior, y porque es más que evidente que con el panorama electoral actual, si el PSOE no logra tener una fuerza a la izquierda va a ser difícil revalidar el Gobierno, se han ido realizando distintas encuestas que confirman que Rufián es el claro favorito de los votantes a la izquierda del PSOE. También os digo que sin querer quitarle mérito a Rufián, digamos que vistos sus oponentes —Maíllo, Belarra, Colau, Montero, Sordo, Garzón…— ponen fácil que sea él el elegido. Es evidente que Rufián cae bien, es ocurrente, a veces lleva “cacharros” para acompañar sus intervenciones en el Parlamento, hace chascarrillos… Hasta yo lo votaría si se tratara de elegir como delegado al compañero más dicharachero de la clase, pero hablamos de gobernar un país.
Mientras ERC debe recuperar su discurso político con un cabeza de lista que parece más interesado en Madrid que en Cataluña, donde probablemente les hará perder votos de sus más fieles. Además, en las elecciones de 2023 los Comuns sacaron 30.000 votos más que ERC; o sea, que en la lista-coalición, los de Rufián irían, como pronto, los segundos.
Lo que a mí me parece la peor de las consecuencias es la sensación de que todo esto se hace para intentar neutralizar con alquimia electoral la frustración política de los votantes de izquierda en lugar de pensar en las razones de esa frustración. O, pensando en términos más mundanos, sencillamente se hace para mantener un asiento en el Congreso.
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