A veces el tenis se esconde y uno no sabe dónde buscarlo: desaparece, se esfuma. Qué cruel este deporte de la raquetita, que un día cualquiera puede ocultarse de los más expertos, de los más talentosos, de todos, de todos. Este miércoles a Rafa Jódar no le salió nada. Tan simple como eso, quizá tan complejo, también cuesta saberlo. Todo lo que había hecho desde principios de temporada había sido asombroso: ni un partido malo, ni siquiera un set tonto. De la nada al número 13 del mundo a los 19 años, un ascenso para la historia. Y de repente, en su mejor superficie, en el Grand Slam que más le encajaba, en un cuadro abierto de par en par, se entregó a la que puede ser su peor derrota del curso.
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