Donald Trump tiene una relación complicada con las mujeres. Ha sido condenado por abusar sexualmente de la escritora y periodista Jean E. Carroll. También fue condenado por cometer 34 delitos graves por tratar de ocultar los registros contables que probaban que había realizado pagos a la actriz porno Stormy Daniels a cambio de su silencio. El presidente de Estados Unidos tiene, además, un largo historial de comentarios despectivos sobre las mujeres. Y a menos de tres semanas de las elecciones, una encuesta de Reuters e Ipsos refleja que la mayoría del voto femenino apuesta por los demócratas frente a solo un 32% que respalda a los republicanos.
Donald Trump tiene una relación complicada con las mujeres. Ha sido condenado por abusar sexualmente de la escritora y periodista Jean E. Carroll. También fue condenado por cometer 34 delitos graves por tratar de ocultar los registros contables que probaban que había realizado pagos a la actriz porno Stormy Daniels a cambio de su silencio. El presidente de Estados Unidos tiene, además, un largo historial de comentarios despectivos sobre las mujeres. Y a menos de tres semanas de las elecciones, una encuesta de Reuters e Ipsos refleja que la mayoría del voto femenino apuesta por los demócratas frente a solo un 32% que respalda a los republicanos.
Quizá por eso, el mandatario republicano ha recurrido este lunes a su esposa, Melania, con la que mantiene una relación distante, para tratar de conectar con las mujeres en un momento en que la mayoría de los sondeos revelan que su partido está a un paso de perder las elecciones de mitad de mandato que se celebran el próximo 3 de noviembre.
Este lunes, la primera dama ha presentado un nuevo programa gubernamental de salud femenina mientras el presidente y su partido afrontan una caída del apoyo entre las votantes antes de las midterms. La iniciativa, que carece de presupuesto y detalles, consta de cinco puntos que ha desgranado Melania Trump en un acto celebrado en los jardines de la Casa Blanca junto a su esposo. Mientras ella hablaba desde un atril, él permanecía sentado en una mesa desde la que parecía a ratos distraído.
“Empezaremos dirigiendo la investigación para encontrar curas para enfermedades que afectan a las mujeres de una manera única. En segundo lugar, utilizaremos la superinteligencia [el nuevo nombre que Trump ha decretado para la inteligencia artificial] para mejorar nuestra comprensión de la biología femenina y acelerar los descubrimientos médicos, todo en beneficio de las mujeres”, pronunció Melania durante su intervención, antes de que el mandatario republicano firmara la orden ejecutiva con la iniciativa. “En tercer lugar”, abundó la primera dama, “acelerar el proceso de guiar terapias prometedoras desde los laboratorios hasta las pacientes femeninas, manteniendo estrictos estándares de seguridad. En cuarto lugar, asegurar que los avances médicos sean accesibles y asequibles para las mujeres, independientemente de su situación económica, y quinto, sustituir generaciones de silencio por conversación abierta, educación y compasión”, proclamó.
El acto celebrado en los jardines de la residencia presidencial, en una fría mañana de otoño y sin periodistas, solo ante un reducido grupo de familiares de altos cargos, tenía un claro tufillo electoral. Los republicanos van por detrás en las encuestas y Trump necesita recuperar terreno para no perder el control de las dos cámaras del Capitolio. Las mujeres tienen seis puntos porcentuales más de probabilidades que los hombres de desaprobar firmemente al presidente, y el 61% afirma que preferiría que los demócratas controlaran el Congreso, según un sondeo publicado por The Washington Post, ABC News y elaborado por Ipsos.
Tras el desesperado anuncio para tratar de congraciarse con las mujeres, subyace la imagen machista que proyecta el presidente estadounidense. Casi todos los miembros de su gabinete que ha despedido son mujeres. Entre ellas figuran la fiscal general y secretaria de Justicia, Pam Bondi; la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem; la directora general de Inteligencia, Tulsi Gabbard, o la exsecretaria de Trabajo, Lori Chavez-DeRemer. La semana pasada también prescindió de la portavoz Katie Zacharia, en un proceso humillante cuando esta abogada de 42 años solo llevaba cinco días en el cargo.
También ha iniciado un proceso contra la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook. Y aunque intentó descabalgar a Jerome Powell de la presidencia de la Fed, nunca llegó tan lejos como con Cook, a la que ha convocado a la Casa Blanca para una audiencia antes de despedirla.
Trump es conocido por su actitud desafiante con los medios de comunicación, pero casualmente se ha mostrado más agresivo con las reporteras. Ha insultado a Kaitlin Collins, la periodista estrella de la CNN. En noviembre pasado menospreció a otra periodista, en este caso de Bloomberg. Cuando le preguntó por su relación con el proxeneta fallecido Jeffrey Epstein, el presidente le espetó: “Calla, cerdita” cuando viajaban en el Air Force One con destino a Mar-a-Lago. También ha zaherido a otras periodistas de ABC News o NBC. Con los hombres se suele mostrar más cauto.
Muchas no olvidan los comentarios vertidos durante su primera campaña electoral, en 2016, cuando aún era un candidato improbable que se enfrentaba a Hillary Clinton. Entonces se filtró un audio de Trump con el presentador Billy Bush durante los prolegómenos de la grabación del programa Access Hollywood. En el archivo de audio se escucha a Trump jactándose de intentar besar y manosear a las mujeres sin su consentimiento. Y se le oye decir frases como: “Cuando eres una estrella, te dejan hacerlo. Puedes hacer cualquier cosa”, incluyendo “agarrarlas por el coño”. Trump pidió disculpas, pero no dejó de humillar a algunas mujeres.
