Tener una hernia discal no garantiza el reconocimiento de una incapacidad permanente. Así lo ha asegurado el abogado Víctor Arpa, quien ha querido desmontar una de las creencias más extendidas entre los trabajadores que sufren este tipo de lesiones. Según señala, el elemento decisivo para que exista derecho a una prestación no es el diagnóstico en sí mismo, sino las limitaciones reales que la dolencia provoca en la vida laboral de la persona afectada.. «Muchísima gente piensa que por tener una hernia discal ya le corresponde una incapacidad y eso no es así», afirma el experto. En este sentido, recuerda que los tribunales valoran principalmente el impacto funcional de la enfermedad y su repercusión en el desempeño profesional. La clave, insiste, está en demostrar que las secuelas impiden desarrollar con normalidad las tareas esenciales del puesto de trabajo.. «Si tu trabajo exige esfuerzo físico, esto puede ser determinante». Para ilustrarlo, Arpa ha expuesto el caso de un cliente que consiguió el reconocimiento judicial de una incapacidad permanente. Uno de los factores que resultó determinante fue la existencia de dolor constante. «No era una simple hernia en una resonancia», explica. El trabajador sufría un dolor cervical que se irradiaba de forma continua hacia el brazo, una circunstancia que condicionaba de manera notable su actividad diaria.. A ello se sumaba una pérdida de fuerza en la extremidad dominante. Según relata el abogado, esta limitación dificultaba la ejecución de tareas habituales y reducía su capacidad para trabajar con normalidad. Además, el afectado no podía levantar peso, un aspecto especialmente relevante cuando la profesión exige esfuerzos físicos frecuentes. «Si tu trabajo exige esfuerzo físico, esto puede ser determinante», subraya.. «No hace falta estar completamente incapacitado, basta con que no puedas realizar las funciones». El juez también tuvo en cuenta las dificultades de movilidad que presentaba el trabajador. La lesión limitaba los movimientos del brazo y de la muñeca, impidiéndole realizar acciones repetitivas o manipular cargas con la misma eficacia y seguridad que antes. Estas restricciones afectaban directamente a las funciones que desarrollaba en su jornada laboral, lo que reforzó la valoración de incapacidad.. Otro de los aspectos analizados fue el carácter permanente de las lesiones. De acuerdo con Arpa, no existía una expectativa de mejoría a corto plazo ni tratamientos pendientes que permitieran pensar en una recuperación significativa. Además, la profesión del afectado requería precisamente aquellas capacidades que había perdido: manipular mercancías, mover cargas, empujar carros y permanecer de pie durante largas horas.. Durante la resolución del caso, el magistrado dejó una reflexión que el abogado considera especialmente relevante para quienes se encuentran en situaciones similares. «No hace falta estar completamente incapacitado, basta con que no puedas realizar las funciones fundamentales de tu profesión con normalidad, continuidad y seguridad», recuerda.
Tener una hernia discal no garantiza el reconocimiento de una incapacidad permanente. Así lo ha asegurado el abogado Víctor Arpa, quien ha querido desmontar una de las creencias más extendidas entre los trabajadores que sufren este tipo de lesiones. Según señala, el elemento decisivo para que exista derecho a una prestación no es el diagnóstico en sí mismo, sino las limitaciones reales que la dolencia provoca en la vida laboral de la persona afectada.. «Muchísima gente piensa que por tener una hernia discal ya le corresponde una incapacidad y eso no es así», afirma el experto. En este sentido, recuerda que los tribunales valoran principalmente el impacto funcional de la enfermedad y su repercusión en el desempeño profesional. La clave, insiste, está en demostrar que las secuelas impiden desarrollar con normalidad las tareas esenciales del puesto de trabajo.. «Si tu trabajo exige esfuerzo físico, esto puede ser determinante». Para ilustrarlo, Arpa ha expuesto el caso de un cliente que consiguió el reconocimiento judicial de una incapacidad permanente. Uno de los factores que resultó determinante fue la existencia de dolor constante. «No era una simple hernia en una resonancia», explica. El trabajador sufría un dolor cervical que se irradiaba de forma continua hacia el brazo, una circunstancia que condicionaba de manera notable su actividad diaria.. A ello se sumaba una pérdida de fuerza en la extremidad dominante. Según relata el abogado, esta limitación dificultaba la ejecución de tareas habituales y reducía su capacidad para trabajar con normalidad. Además, el afectado no podía levantar peso, un aspecto especialmente relevante cuando la profesión exige esfuerzos físicos frecuentes. «Si tu trabajo exige esfuerzo físico, esto puede ser determinante», subraya.. «No hace falta estar completamente incapacitado, basta con que no puedas realizar las funciones». El juez también tuvo en cuenta las dificultades de movilidad que presentaba el trabajador. La lesión limitaba los movimientos del brazo y de la muñeca, impidiéndole realizar acciones repetitivas o manipular cargas con la misma eficacia y seguridad que antes. Estas restricciones afectaban directamente a las funciones que desarrollaba en su jornada laboral, lo que reforzó la valoración de incapacidad.. Otro de los aspectos analizados fue el carácter permanente de las lesiones. De acuerdo con Arpa, no existía una expectativa de mejoría a corto plazo ni tratamientos pendientes que permitieran pensar en una recuperación significativa. Además, la profesión del afectado requería precisamente aquellas capacidades que había perdido: manipular mercancías, mover cargas, empujar carros y permanecer de pie durante largas horas.. Durante la resolución del caso, el magistrado dejó una reflexión que el abogado considera especialmente relevante para quienes se encuentran en situaciones similares. «No hace falta estar completamente incapacitado, basta con que no puedas realizar las funciones fundamentales de tu profesión con normalidad, continuidad y seguridad», recuerda.
