A los doce años, Caballo Loco ya había matado un búfalo y montaba a su primer caballo. A los doce años, Hristo Stoichkov hizo el camino de regreso a casa llorando. Tres kilómetros a pie, hollando la tierra y el barro de la Bulgaria comunista, sin parar de llorar. El entrenador de su equipo le había dicho a aquel niño bajito de treinta y pocos kilos que no servía para el fútbol. Que no volviera a entrenar. Fue el día más duro de su vida.. Seguir leyendo
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