Tan solo uno de cada diez españoles invierte en bolsa, lo que se traduce en que, en términos de ahorro, apenas el 12,5 % del patrimonio financiero de las familias españolas está expuesto a renta variable. Esta proporción contrasta con la de países como Estados Unidos y Canadá, donde el porcentaje se sitúa en el 55 % y el 49 %, respectivamente, según los datos analizados por el equipo de expertos de Norz Patrimonia, empresa especializada en asesoramiento financiero y fiscal. Pero la inversión de las familias españolas en bolsa también es inferior a la de otros países de su entorno. Así, en Suecia, el 22 % del ahorro se destina a empresas cotizadas y, en Finlandia, el 18,7 %. Economías como Francia, con un 15,1 %, o Alemania, con el 14,2 %, también superan a España.. Desde Norz Patrimonia sostienen que esta menor apuesta por los mercados financieros tiene que ver principalmente con la educación financiera.. «No estamos ante una brecha de renta, sino de conocimiento financiero. En España, se sigue asociando la bolsa al riesgo a corto plazo cuando, en realidad, es una herramienta clave de construcción patrimonial a largo plazo», explica Rafael Rabat, socio director de la compañía.. Asimismo, en los países norteamericanos, la inversión en renta variable está integrada de forma estructural en los sistemas de ahorro para la jubilación, apoyada por incentivos fiscales, planes de pensiones y una amplia cultura de inversión. Además, el acceso a los mercados es sencillo y los costes de intermediación son reducidos, lo que favorece la participación de los hogares.. En España, sin embargo, el ahorro continúa concentrándose en depósitos bancarios, productos garantizados y activos inmobiliarios, una preferencia histórica que ha limitado la diversificación y la rentabilidad real del patrimonio familiar. España ha sido tradicionalmente un país con baja cultura financiera. Conceptos básicos como la inflación, los tipos de interés o la diversificación siguen sin estar plenamente interiorizados por una parte relevante de la población. «Durante décadas se ha delegado la gestión del ahorro en las entidades de crédito, hablando de ‘‘nuestro banco’’ o ‘‘nuestra caja’’, y no de nuestro asesor financiero, como ocurre en otros países», añade Rabat.. La escasa participación en los mercados de capitales tiene consecuencias directas sobre el crecimiento del ahorro. En la última década, el mercado bursátil estadounidense ha registrado rentabilidades anualizadas cercanas al 17%, con Brasil e India en torno al 16%. España, en cambio, ha ofrecido un rendimiento anualizado próximo al 1,65%, situándose entre los mercados desarrollados con peor comportamiento relativo en el periodo.. Pese a ello, el número absoluto de inversores refleja un potencial de crecimiento significativo. España cuenta con cerca de 6 millones de inversores, considerando tanto la tenencia directa de acciones como la inversión indirecta a través de fondos, seguros o planes de ahorro. En comparación, Estados Unidos supera los 185 millones, China los 98 millones e India los 85 millones, una diferencia que combina factores demográficos y, de nuevo, culturales.
Tan solo uno de cada diez españoles invierte en bolsa, lo que se traduce en que, en términos de ahorro, apenas el 12,5 % del patrimonio financiero de las familias españolas está expuesto a renta variable. Esta proporción contrasta con la de países como Estados Unidos y Canadá, donde el porcentaje se sitúa en el 55 % y el 49 %, respectivamente, según los datos analizados por el equipo de expertos de Norz Patrimonia, empresa especializada en asesoramiento financiero y fiscal. Pero la inversión de las familias españolas en bolsa también es inferior a la de otros países de su entorno. Así, en Suecia, el 22 % del ahorro se destina a empresas cotizadas y, en Finlandia, el 18,7 %. Economías como Francia, con un 15,1 %, o Alemania, con el 14,2 %, también superan a España.. Desde Norz Patrimonia sostienen que esta menor apuesta por los mercados financieros tiene que ver principalmente con la educación financiera.. «No estamos ante una brecha de renta, sino de conocimiento financiero. En España, se sigue asociando la bolsa al riesgo a corto plazo cuando, en realidad, es una herramienta clave de construcción patrimonial a largo plazo», explica Rafael Rabat, socio director de la compañía.. Asimismo, en los países norteamericanos, la inversión en renta variable está integrada de forma estructural en los sistemas de ahorro para la jubilación, apoyada por incentivos fiscales, planes de pensiones y una amplia cultura de inversión. Además, el acceso a los mercados es sencillo y los costes de intermediación son reducidos, lo que favorece la participación de los hogares.. En España, sin embargo, el ahorro continúa concentrándose en depósitos bancarios, productos garantizados y activos inmobiliarios, una preferencia histórica que ha limitado la diversificación y la rentabilidad real del patrimonio familiar. España ha sido tradicionalmente un país con baja cultura financiera. Conceptos básicos como la inflación, los tipos de interés o la diversificación siguen sin estar plenamente interiorizados por una parte relevante de la población. «Durante décadas se ha delegado la gestión del ahorro en las entidades de crédito, hablando de ‘‘nuestro banco’’ o ‘‘nuestra caja’’, y no de nuestro asesor financiero, como ocurre en otros países», añade Rabat.. La escasa participación en los mercados de capitales tiene consecuencias directas sobre el crecimiento del ahorro. En la última década, el mercado bursátil estadounidense ha registrado rentabilidades anualizadas cercanas al 17%, con Brasil e India en torno al 16%. España, en cambio, ha ofrecido un rendimiento anualizado próximo al 1,65%, situándose entre los mercados desarrollados con peor comportamiento relativo en el periodo.. Pese a ello, el número absoluto de inversores refleja un potencial de crecimiento significativo. España cuenta con cerca de 6 millones de inversores, considerando tanto la tenencia directa de acciones como la inversión indirecta a través de fondos, seguros o planes de ahorro. En comparación, Estados Unidos supera los 185 millones, China los 98 millones e India los 85 millones, una diferencia que combina factores demográficos y, de nuevo, culturales.
