Echan humo las redes con vídeos y comentarios de personas del colectivo de pequeños comerciantes y autónomos de Ceuta, indignados ante la inacción del Gobierno por el cada vez más gigantesco mercado montado por los inmigrantes ilegales en la Playa del Trampolín. Dicen que mientras que ellos están sometidos a una imposición asfixiante por emprender o mantener sus negocios, en El Trampolín se está permitiendo todo tipo de actividad comercial sin ningún tipo de inspección o restricciones.. Dos meses después, el mercadillo es cada vez más un mercado, en el que se vende pescado fresco, tabaco de contrabando y hachís marroquí, pero también ropas de todo tipo, zapatería, productos de cosmética, pan, huevos, tomates, utensilios escolares, bebidas frías, café caliente, puestos de comida con mesas y sillas cual restaurantes, y hasta hamburguesas con el símbolo robado de McDonals, sin control ni inspección sanitaria. También recargan móviles por 5 euros, peluquerías con mujeres que hacen trenzas, peinan, cortan el pelo, afeitan y hasta las uñas. Una ciudad dentro de la ciudad en la que la Policía está ya impidiendo entrar a los periodistas. Contrariamente a lo que se pensaba, en vez de menos asentamientos, cada día hay más, y cada vez son mayores las medidas de protección hacia un colectivo que se ha convertido en intocable, pero que empieza a hacer competencia ilegal con tantísima venta ambulante. Paralelamente, el Mercado Central de Ceuta vive momentos complicados. Están cerrando numerosos puestos. Los precios del pescado han caído y las ventas más, pero no así los impuestos a sus propietarios, que se mantienen pese a la cada vez más acusada inactividad.
Echan humo las redes con vídeos y comentarios de personas del colectivo de pequeños comerciantes y autónomos de Ceuta, indignados ante la inacción del Gobierno por el cada vez más gigantesco mercado montado por los inmigrantes ilegales en la Playa del Trampolín. Dicen que mientras que ellos están sometidos a una imposición asfixiante por emprender o mantener sus negocios, en El Trampolín se está permitiendo todo tipo de actividad comercial sin ningún tipo de inspección o restricciones.. Dos meses después, el mercadillo es cada vez más un mercado, en el que se vende pescado fresco, tabaco de contrabando y hachís marroquí, pero también ropas de todo tipo, zapatería, productos de cosmética, pan, huevos, tomates, utensilios escolares, bebidas frías, café caliente, puestos de comida con mesas y sillas cual restaurantes, y hasta hamburguesas con el símbolo robado de McDonals, sin control ni inspección sanitaria. También recargan móviles por 5 euros, peluquerías con mujeres que hacen trenzas, peinan, cortan el pelo, afeitan y hasta las uñas. Una ciudad dentro de la ciudad en la que la Policía está ya impidiendo entrar a los periodistas. Contrariamente a lo que se pensaba, en vez de menos asentamientos, cada día hay más, y cada vez son mayores las medidas de protección hacia un colectivo que se ha convertido en intocable, pero que empieza a hacer competencia ilegal con tantísima venta ambulante. Paralelamente, el Mercado Central de Ceuta vive momentos complicados. Están cerrando numerosos puestos. Los precios del pescado han caído y las ventas más, pero no así los impuestos a sus propietarios, que se mantienen pese a la cada vez más acusada inactividad.
