Es el contraste de este Atlético. El yin y el yang. Clement Turpin pitaba el final y Simeone se quedaba quieto, como una estatua, en la banda junto a su banquillo. Griezmann iniciaba su serie de saltos y celebraciones que culminarían en un baile, solo, en el centro del campo del Metropolitano. «Es la canción que solemos hacer después del partido, me salió solo y disfruté mucho ese momento», explicó el jugador.
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