Niels Bohr (1885-1962), padre de la física cuántica y premio Nobel de Física en 1922, explicó que «predecir es muy difícil, especialmente el futuro». Los escrutadores están en primera línea porque les piden un pronóstico sobre la guerra en Irán. Más allá de expertos, analistas y gurús, ahora dominan los [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/tecnologia-consumo/los-estafadores-cambian-de-trabajo-ahora-te-asesoran-en-apuestas-deportivas-hasta-dejarte-sin-un-duro_202602156989bd7c1817b41eb63c40bd.html|||«mercados de predicción»]], muy populares en la América de Trump y que mueven ingentes cantidades de dinero. Hay dos principales o más implantados: Polymarket y Kalshi. Utilizan métodos para obtener información colectiva sobre la probabilidad de que ocurran eventos políticos, económicos y deportivos. Tienen abundantes seguidores y también muchos detractores. No es una broma. La Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos que quiere controlar Trump y que todavía se le resiste, asegura en un estudio –según apunta The Wall Street Journal– que, por ejemplo, Kalshi acierta más con la inflación que los analistas profesionales, pero menos con los datos del mercado laboral. Todas esas previsiones, que mueven apuestas y mucho dinero, recurren a la «sabiduría popular», pero por eso mismo pueden conducir a fallos en los mercados de predicción.. Las predicciones colectivas parecen acertar en asuntos técnicos, como la inflación o el desempleo, pero patinan cuando se trata de asuntos influidos por lo que llaman el tribalismo y el pensamiento grupal. El diario americano cita, como ejemplo, la «predicción» de Polymarket de que se utilizaría armamento nuclear en 2026. Se movieron casi 900.000 dólares en apuestas y apuntaba a un 22% de posibilidades de que eso ocurriera. La plataforma tuvo que retirar esa línea de mercado de predicciones, pero Vico, otra plataforma que hace lo mismo aunque utiliza la inteligencia artificial para predecir acontecimientos, estimó la posibilidad de una detonación nuclear en el 90%, aunque ahora la ha bajado al 17%. Parece ciencia ficción o surrealismo, pero el fenómeno está ahí y el King’s College de Londres parece haber demostrado que la IA carece de reparos en amenazar con el uso de armas nucleares. El consuelo es que los fallos de los mercados de previsión son previsibles, quizá porque es muy difícil predecir el futuro, como predijo Bohr.
Niels Bohr (1885-1962), padre de la física cuántica y premio Nobel de Física en 1922, explicó que «predecir es muy difícil, especialmente el futuro». Los escrutadores están en primera línea porque les piden un pronóstico sobre la guerra en Irán. Más allá de expertos, analistas y gurús, ahora dominan los «mercados de predicción», muy populares en la América de Trump y que mueven ingentes cantidades de dinero. Hay dos principales o más implantados: Polymarket y Kalshi. Utilizan métodos para obtener información colectiva sobre la probabilidad de que ocurran eventos políticos, económicos y deportivos. Tienen abundantes seguidores y también muchos detractores. No es una broma. La Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos que quiere controlar Trump y que todavía se le resiste, asegura en un estudio –según apunta The Wall Street Journal– que, por ejemplo, Kalshi acierta más con la inflación que los analistas profesionales, pero menos con los datos del mercado laboral. Todas esas previsiones, que mueven apuestas y mucho dinero, recurren a la «sabiduría popular», pero por eso mismo pueden conducir a fallos en los mercados de predicción.. Las predicciones colectivas parecen acertar en asuntos técnicos, como la inflación o el desempleo, pero patinan cuando se trata de asuntos influidos por lo que llaman el tribalismo y el pensamiento grupal. El diario americano cita, como ejemplo, la «predicción» de Polymarket de que se utilizaría armamento nuclear en 2026. Se movieron casi 900.000 dólares en apuestas y apuntaba a un 22% de posibilidades de que eso ocurriera. La plataforma tuvo que retirar esa línea de mercado de predicciones, pero Vico, otra plataforma que hace lo mismo aunque utiliza la inteligencia artificial para predecir acontecimientos, estimó la posibilidad de una detonación nuclear en el 90%, aunque ahora la ha bajado al 17%. Parece ciencia ficción o surrealismo, pero el fenómeno está ahí y el King’s College de Londres parece haber demostrado que la IA carece de reparos en amenazar con el uso de armas nucleares. El consuelo es que los fallos de los mercados de previsión son previsibles, quizá porque es muy difícil predecir el futuro, como predijo Bohr.
