Upton Sinclair (1878-1968) fue un escritor y político demócrata americano, candidato a gobernador de California en 1934, que decía que «es difícil que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda».. La frase puede parecer una humorada, aunque no lo es. La revista Time, en su día, describía a Sinclair como un personaje incapaz de callar y sin ningún sentido del humor. El conflicto de Irán, con los vaivenes surrealistas e incluso blasfemos –para algunos– de Donald Trump, la derrota de Orbán en Hungría, los viajes de Sánchez a China, las tribulaciones judiciales de Begoña Gómez y la cercanía de las elecciones andaluzas, sin olvidar el juicio de Ábalos y compañía, entre otras muchas cosas, centran la atención.. Son los árboles que ocultan un bosque en el que también ocurren cosas trascendentes, que quedan difuminadas o inadvertidas. Sin embargo, determinarán el futuro cercano y el bienestar general. Serán la herencia de Sánchez, aunque se herede él a sí mismo como sueña y como se lo dijo el jueves Yolanda Díaz a Carlos Alsina en Onda Cero.. El Gobierno acaba de aprobar una regularización bastante masiva de inmigrantes que, por una parte, dará un impulso al crecimiento económico, al PIB, pero también hará que descienda la renta per cápita y presionará los salarios a la baja. Al mismo tiempo, avanzado 2026, el Estado en España, a través de sus distintas administraciones, paga todos los meses la friolera de más de 16,5 millones de nóminas. En total, son unos 31.000 millones mensuales de gasto en retribuciones estatales que, al cabo del año, por catorce pagas que es lo normal, alcanzan un total aproximado de 435.000 millones de euros, es decir, cerca del medio billón.. Las cifras son tan desorbitadas que hay expertos que ya han puesto encima de la mesa la gran cuestión: ¿Puede el Estado pagar 16,5 millones de nóminas mensuales que, además, crecen y crecen de manera permanente? No hay respuesta en un país con 1,6 billones, con «b» de burrada, de deuda pública y un déficit, en teoría a la baja en los últimos años, pero también enorme, por encima de los 40.000 millones, que son los marrones que ha dejado María Jesús Montero a sus sucesores, Carlos Cuerpo en la vicepresidencia primera y Arcadi España, al frente del fisco. El nuevo ministro de Hacienda tiene, además, el papelón de alumbrar unos Presupuestos Generales del Estado que ni están, ni tampoco se les esperan.. Los 16,5 millones de nóminas que abona el Estado no son ningún secreto, aunque es un asunto al que, con frecuencia, no se le suele prestar atención. Tampoco hay nada misterioso. Los números están ahí y asustan: por un lado, 10,4 millones de pensiones contributivas, a las que hay que añadir 470.000 no contributivas; también hay que contar 1,85 millones de percepciones por desempleo; luego están las nóminas de los empleados públicos, funcionarios o contratados –esos que la Unión Europea dice que hay que regularizar y hacerlos permanentes– y, por último, los 800.000 perceptores del Ingreso Mínimo Vital. En total, lo expuesto: 16,5 millones de nóminas a cargo del Estado con un gasto anual de 435.000 millones de euros.. Por otra parte, esa cifra desmonta la demagogia del dispendio en políticos, utilizado con frecuencia por algunos populismos ultras. En España hay unos 1.800 parlamentarios, ya sean diputados, senadores o parlamentarios autonómicos. Los contratos para alta dirección del Gobierno central y gobiernos autonómicos serían otras 1.000 o 1.500 personas –no hay datos exactos disponibles– y representarían un gasto total de 2.500 millones de euros como mucho. Esa cifra es apenas un 0,5% del gasto en nóminas del Estado, por lo tanto, es irrelevante desde el punto de vista macro y para la estabilidad del sistema. Eso no significa que en ese capítulo haya, como a veces se denuncia, dispendios prescindibles.. España ha disfrutado de unos años de relativa bonanza económica, jaleada por el Gobierno, pero también impulsada por unos fondos europeos que han permitido la anomalía de que no haya Presupuestos.. El conflicto en Irán y sus repercusiones ha cambiado todo. Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), ya ha advertido de que llegan tiempos difíciles y en España, la nueva presidenta de la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal), Inés Olóndriz, al margen de que sea –que lo es– muy pro-gubernamental, acaba de advertir de que el déficit público volverá a crecer. La pregunta sigue ahí: ¿puede el Estado pagar 16,5 millones de nóminas?, por muy difícil que sea que alguien entienda algo, si sus ingresos dependen de que no lo entiendan, como decía Sinclair.
Upton Sinclair (1878-1968) fue un escritor y político demócrata americano, candidato a gobernador de California en 1934, que decía que «es difícil que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda».. La frase puede parecer una humorada, aunque no lo es. La revista Time, en su día, describía a Sinclair como un personaje incapaz de callar y sin ningún sentido del humor. El conflicto de Irán, con los vaivenes surrealistas e incluso blasfemos –para algunos– de Donald Trump, la derrota de Orbán en Hungría, los viajes de Sánchez a China, las tribulaciones judiciales de Begoña Gómez y la cercanía de las elecciones andaluzas, sin olvidar el juicio de Ábalos y compañía, entre otras muchas cosas, centran la atención.. Son los árboles que ocultan un bosque en el que también ocurren cosas trascendentes, que quedan difuminadas o inadvertidas. Sin embargo, determinarán el futuro cercano y el bienestar general. Serán la herencia de Sánchez, aunque se herede él a sí mismo como sueña y como se lo dijo el jueves Yolanda Díaz a Carlos Alsina en Onda Cero.. El Gobierno acaba de aprobar una regularización bastante masiva de inmigrantes que, por una parte, dará un impulso al crecimiento económico, al PIB, pero también hará que descienda la renta per cápita y presionará los salarios a la baja. Al mismo tiempo, avanzado 2026, el Estado en España, a través de sus distintas administraciones, paga todos los meses la friolera de más de 16,5 millones de nóminas. En total, son unos 31.000 millones mensuales de gasto en retribuciones estatales que, al cabo del año, por catorce pagas que es lo normal, alcanzan un total aproximado de 435.000 millones de euros, es decir, cerca del medio billón.. Las cifras son tan desorbitadas que hay expertos que ya han puesto encima de la mesa la gran cuestión: ¿Puede el Estado pagar 16,5 millones de nóminas mensuales que, además, crecen y crecen de manera permanente? No hay respuesta en un país con 1,6 billones, con «b» de burrada, de deuda pública y un déficit, en teoría a la baja en los últimos años, pero también enorme, por encima de los 40.000 millones, que son los marrones que ha dejado María Jesús Montero a sus sucesores, Carlos Cuerpo en la vicepresidencia primera y Arcadi España, al frente del fisco. El nuevo ministro de Hacienda tiene, además, el papelón de alumbrar unos Presupuestos Generales del Estado que ni están, ni tampoco se les esperan.. Los 16,5 millones de nóminas que abona el Estado no son ningún secreto, aunque es un asunto al que, con frecuencia, no se le suele prestar atención. Tampoco hay nada misterioso. Los números están ahí y asustan: por un lado, 10,4 millones de pensiones contributivas, a las que hay que añadir 470.000 no contributivas; también hay que contar 1,85 millones de percepciones por desempleo; luego están las nóminas de los empleados públicos, funcionarios o contratados –esos que la Unión Europea dice que hay que regularizar y hacerlos permanentes– y, por último, los 800.000 perceptores del Ingreso Mínimo Vital. En total, lo expuesto: 16,5 millones de nóminas a cargo del Estado con un gasto anual de 435.000 millones de euros.. Por otra parte, esa cifra desmonta la demagogia del dispendio en políticos, utilizado con frecuencia por algunos populismos ultras. En España hay unos 1.800 parlamentarios, ya sean diputados, senadores o parlamentarios autonómicos. Los contratos para alta dirección del Gobierno central y gobiernos autonómicos serían otras 1.000 o 1.500 personas –no hay datos exactos disponibles– y representarían un gasto total de 2.500 millones de euros como mucho. Esa cifra es apenas un 0,5% del gasto en nóminas del Estado, por lo tanto, es irrelevante desde el punto de vista macro y para la estabilidad del sistema. Eso no significa que en ese capítulo haya, como a veces se denuncia, dispendios prescindibles.. España ha disfrutado de unos años de relativa bonanza económica, jaleada por el Gobierno, pero también impulsada por unos fondos europeos que han permitido la anomalía de que no haya Presupuestos.. El conflicto en Irán y sus repercusiones ha cambiado todo. Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), ya ha advertido de que llegan tiempos difíciles y en España, la nueva presidenta de la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal), Inés Olóndriz, al margen de que sea –que lo es– muy pro-gubernamental, acaba de advertir de que el déficit público volverá a crecer. La pregunta sigue ahí: ¿puede el Estado pagar 16,5 millones de nóminas?, por muy difícil que sea que alguien entienda algo, si sus ingresos dependen de que no lo entiendan, como decía Sinclair.
