En los pasillos de la memoria colectiva latinoamericana, Macondo siempre ha sido una postal de mariposas amarillas y estirpes condenadas a la soledad. Sin embargo, para la directora Laura Mora, el reto de llevar la segunda temporada de Cien años de soledad a la pantalla no consistía en capturar la magia, sino en encontrar la herida. Tras dirigir tres episodios en la primera entrega, la realizadora de 45 años y oriunda de Medellín (Colombia) asume un rol central en el desenlace de la serie, ya disponible en Netflix, dirigiendo cinco de los ocho capítulos que marcan el tránsito de la utopía hacia la crudeza del siglo XX.
En los pasillos de la memoria colectiva latinoamericana, Macondo siempre ha sido una postal de mariposas amarillas y estirpes condenadas a la soledad. Sin embargo, para la directora Laura Mora, el reto de llevar la segunda temporada de Cien años de soledad a la pantalla no consistía en capturar la magia, sino en encontrar la herida. Tras dirigir tres episodios en la primera entrega, la realizadora de 45 años y oriunda de Medellín (Colombia) asume un rol central en el desenlace de la serie, ya disponible en Netflix, dirigiendo cinco de los ocho capítulos que marcan el tránsito de la utopía hacia la crudeza del siglo XX.
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