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  Cultura  Lucha de clases, neorrealismo y dialectos populares: llega a España el cómic que arrasó en Italia el año pasado
Cultura

Lucha de clases, neorrealismo y dialectos populares: llega a España el cómic que arrasó en Italia el año pasado

21 de mayo de 2026

Como todos los libros, el de Daniele Kong también incluye una dedicatoria. A su pareja, por supuesto, o a sus “hermanos de vida”. Ya desde esa primera página, sin embargo, Animales a la fuga (Astiberri) se propone como una novela gráfica distinta. Kong le agradece su tebeo también al “punk”, porque un viejo casete recopilatorio cambió su juventud; a “las islas en temporada baja, cuando dejan de ser para alguien y vuelven a ser islas y ya”; a los “coros polifónicos”, donde cantó, incluida una colaboración con el maestro Ennio Morricone, y aprendió el sentido de comunidad; y a Mina, la perra de caza que alguien abandonó sin mucha esperanza, porque había “parido demasiadas veces”, pero a sus 16 años sigue dormitando bajo la mesa donde su salvador escribe y dibuja. Algo de todo eso hay en su cómic. Y cine, amor, hermandad, neorrealismo, lucha de clases, un pueblo pesquero, el turismo de masas o la cara oscura del progreso. El autor considera que unas cuantas cosas más se quedaron fuera, y eso que su obra mide 594 páginas.. Seguir leyendo

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Como todos los libros, el de Daniele Kong también incluye una dedicatoria. A su pareja, por supuesto, o a sus “hermanos de vida”. Ya desde esa primera página, sin embargo, Animales a la fuga (Astiberri)se propone como una novela gráfica distinta. Kong le agradece su tebeo también al “punk”, porque un viejo casete recopilatorio cambió su juventud; a “las islas en temporada baja, cuando dejan de ser para alguien y vuelven a ser islas y ya”; a los “coros polifónicos”, donde cantó, incluida una colaboración con el maestro Ennio Morricone, y aprendió el sentido de comunidad; y a Mina, la perra de caza que alguien abandonó sin mucha esperanza, porque había “parido demasiadas veces”, pero a sus 16 años sigue dormitando bajo la mesa donde su salvador escribe y dibuja. Algo de todo eso hay en su cómic. Y cine, amor, hermandad, neorrealismo, lucha de clases, un pueblo pesquero, el turismo de masas o la cara oscura del progreso. El autor considera que unas cuantas cosas más se quedaron fuera, y eso que su obra mide 594 páginas.. Otra elección peculiar para un debutante: una ópera prima colosal, en blanco y negro, donde se mezclan estilos, registros, dialectos, tramas y líneas temporales. Un tebeo que no teme probar, arriesgar, abrumar, incluso incomodar al público. Al fin y al cabo, tampoco estaba previsto que alguien lo leyera. “Nunca hubo por mi parte ninguna veleidad de empezar o publicar algo. Trabajo como arquitecto, escribir era una cosa bonita que hacía en mi cuarto. Lo llevé conmigo durante años, sin considerar su longitud o accesibilidad”, relata Kong ―cuyo apellido real es Marzo― por videollamada. Tal vez por eso, Animales a la fugahaya conseguido poner de acuerdo a lectores y críticos en Italia. Hasta obtuvo una candidatura al premio Strega, el más prestigioso de literatura, que le reconocía el “coraje de la ingenuidad”. Desde entonces, se ha adaptado al teatro y acumula ofertas para una versión cinematográfica. España es el primer país extranjero donde se edita.. De Alemania, en cambio, volvía el autor cuando puso en marcha el proyecto. Recién instalado en Nápoles, tras vivir en Berlín, se encontró con algo más de tiempo. Y con dos personajes que se mudaron a su cabeza: dos tipos con un vínculo y cuentas pendientes. Comenzó a dibujarlos en los ratos libres, al cierre de unas obras, en fines de semana, durante el verano. Alrededor de los hermanos protagonistas, Franco y Marcello, Kong inventó Dieci, una isla barrida por el sol, mar y viejas costumbres, hasta que en su muelle empiezan a atracar novedades. El bum económico de la Italia de los cincuenta; un cineasta decidido a filmar allí su próxima película; ideas como la anarquía o el marxismo. En las viñetas, poco a poco, el autor creó un mundo, con sus habitantes. Y empezó a visitarlos incluso más que a sus propios amigos. “Corté un poco la vida social”, reconoce. Hasta que descubrió un concurso de la editorial Coconino. Pese a llevar tanto tiempo con su borrador, lo envió cuando al plazo le quedaban 20 minutos. La respuesta positiva le supuso incredulidad y un deber: “Ahora me tocaba hacerlo”.. Detalle de una página de ‘Animales a la fuga’, de Daniele Kong, editado por Astiberri.. Entonces, se dio cuenta de que no tenía del todo claro cómo. En sus cálculos, se estrelló “un millón de veces” contra obstáculos, dificultades, inexperiencia. “He concluido que hay que mezclar la inspiración con algo de raciocinio y limpieza”, apunta. Así, la parte lógica le llevó a leer manuales de guion y comprender mejor el formato del cómic. El resto vino de los VHS de tanta comedia a la italiana que su cinéfilo padre registraba, de los recuerdos de un verano en la isla de Procida, de su largo activismo anticapitalista, de los amigos, o de la gente variada que su profesión le permite encontrar. En definitiva, vertió en Animales a la fuga la vida. “Raymond Chandler dijo que las historias no se proyectan, sino que se destilan. Pones en una olla miles de elementos, personajes, escenas, neologismos y esperas a que se vayan macerando. De tres toneladas de vides salen tres botellitas de grapa. Hay que confiar en el flujo de las cosas”, reflexiona. Dice que lo más complicado fue el arranque, familiarizarse con los personajes. Luego, sostiene que cogieron el mando y empezaron a hablarle.. Eso sí, en muchos idiomas. “Estoy tan acostumbrada al sonido del dialecto que cuando hablo en italiano me parece que digo mentiras”, suelta la joven Claretta en el tebeo. Algo parecido le sucedía a Kong: sentía que sus criaturas debían expresarse como lo harían de verdad. “Vengo de una familia esparcida. Nací en Macerata [en Las Marcas], me crié en Roma, con raíces sicilianas y de la Apulia, estoy casado con una napolitana. En mi casa siempre he escuchado una marea de dialectos, y cada uno tiene formas bellísimas de definir ciertas cosas. Era impensable que pescadores de una isla en los cincuenta hablaran en italiano correcto”, señala. Así, la versión original mezcla el romano con cadencias de las tierras entre la capital y Nápoles. Y la traducción, de David Paradela, se ha enfrentado al reto de trasladar esa riqueza al castellano. O conservarla: el lector español descubrirá que “aò” suele inaugurar unas cuantas frases en la Ciudad Eterna.. Imagen promocional de Daniele Kong, disponible en su perfil en la Comicon de Nápoles.. De ahí que Animales a la fuga se centre en gente sencilla, pero de manera compleja. Con dudas, contrastes, errores, fracasos. Algo que Kong reivindica durante la conversación. Y, a sus 43 años, abandera cada vez más. “Siempre he militado en la izquierda, no pertenezco a ningún círculo o club selecto. Ciertos temas me apasionan y al principio te acercas con espíritu idealista. Ahora sigo creyendo en ellos, jamás voy a relativizar asuntos como la misoginia o la homofobia, pero en general ya no consigo identificar como ‘enemigo’ a quien no piensa como yo. Tengo muchos amigos con los que discuto todo el rato. El dogmatismo se me queda corto, la vida es más que eso. ¿A quién le hablamos si repetimos lo mismo en nuestra burbuja con la voz cada vez más alta?”, agrega. Su elogio de la contradicción es tal que hasta se lo aplica involuntariamente. Primero, comparte: “Llevo una vida muy retirada”. Enseguida, agrega: “Bueno, no es verdad”.. Lo que sí es cierto es que su lanzamiento coincide en España con otros cómics de italianos coetáneos: Animales domésticos, de Bianca Bagnarelli; Todas las veces que me hice mayor, de Giulio Macaione, o Más allá de los escombros, del exitosísimo Zerocalcare, quien, por otro lado, comparte con Kong la residencia en un barrio marginal de Roma. El autor de Animales a la fuga cree que hará falta perspectiva para establecer si hay un movimiento, aunque sí sugiere: “Quizás nos conecte un hilo de melancolía de fondo. Puede que seamos la primera generación capaz de una cierta autocrítica, aunque a veces se vuelve algo frívolo, porque tendemos a exagerarla”. “Deberíamos preguntarnos cada día adónde nos lleva el progreso. Es difícil bajarse de la rueda, los deseos impuestos son un problema, pero ¿qué otras opciones tenemos? La propia cultura a menudo se enfoca como algo que tutelar, con una dimensión casi fúnebre. Si se volviera algo vivo, incontrolable, no siempre necesariamente justo o coherente, tal vez podría garantizar un imaginario alternativo al consumo de masa que no sea un rollo”, reflexiona Kong.. El arquitecto justo está volviendo a intentarlo: prepara un nuevo tebeo. No tiene nada que ver con Animales a la fuga, está ambientado en la contemporaneidad e incluye un libro infantil escrito por una de sus protagonistas. Suena a otra aventura larga y fatigosa. Antes de preguntarle, él mismo se adelanta: “Pensaba que el segundo sería más llevadero, pero tampoco será breve, me temo”. Le espera mucho trabajo, al margen de su otro trabajo. Y eso que, en el cómic, el joven Franco define el esfuerzo laboral diario como “la enésima representación del fracaso de la humanidad”. Hay que ver lo que le gusta a Kong la contradicción.. Una página de ‘Animales a la fuga’, de Daniele Kong, editado por Astiberri.

  

‘Animales a la fuga’, la primera novela gráfica del arquitecto Daniele Kong, logró un éxito de ventas y crítica, además de una candidatura al prestigioso premio Strega, con casi 600 páginas en blanco y negro sobre una isla en los años cincuenta

 

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