Los vecinos desalojados el martes de ocho edificios del barrio de Sant Gervasi – La Bonanova tras el hundimiento de un patio interior por las obras de la L9 del metro estarán fuera de casa por lo menos hasta el sábado. Así lo ha explicado la Generalitat, que ejecuta las obras, porque necesitan tres días de control del subsuelo para asegurarse de que no hay movimientos. “El monitoraje es continuo, hora a hora, y los técnicos precisan tres días seguidos para asegurar que el terreno está estable”, ha dicho Ramon Ramírez del departamento de Territorio de la Generalitat.. Seguir leyendo
La Generalitat, que ejecuta las obras, quiere asegurarse de que no se producen nuevos movimientos de tierras

Restaurante Verona (EFE)

Los vecinos desalojados el martes de ocho edificios del barrio de Sant Gervasi – La Bonanova tras el hundimiento de un patio interior por las obras de la L9 del metro estarán fuera de casa por lo menos hasta el sábado. Así lo ha explicado la Generalitat, que ejecuta las obras, porque necesitan tres días de control del subsuelo para asegurarse de que no hay movimientos. “El monitoraje es continuo, hora a hora, y los técnicos precisan tres días seguidos para asegurar que el terreno está estable”, ha dicho Ramon Ramírez del departamento de Territorio de la Generalitat.
Los ocho edificios suman 93 viviendas, cuyos vecinos, en su inmensa mayoría durmieron la madrugada de este miércoles en casa de familiares, algunos en hoteles (los que tienen seguro) y solo uno de los 85 atendidos por los servicios sociales solicitaron pasar la noche en equipamientos municipales. El socavón, que afectó el patio interior de la manzana, y concretamente el de la popular pizzería Verona, se produjo tras detectarse movimientos a 40 metros de profundidad, donde la tuneladora construye el túnel del metro. En la zona que atraviesa actualmente la inmensa máquina que agujerea la tierra y deja el túnel construido y asegurado, el subsuelo cambia de granitos a pizarras. Las fincas desalojadas son los números 2, 4, y 6 de la calle de Rubinstein, el 3 y 5 de Teodora Lamadrid, y el 54, 56, y 58 de Sant Gervasi de Cassoles.
Mientras, desde el mismo martes del hundimiento decenas de hormigoneras virtieron durante horas hormigón en el agujero, unos trabajos que acabaron el martes pasadas las 22 horas. Unos trabajos que comenzaron a primera hora de la tarde y que a última hora de la tarde seguían haciéndolo en una zona tomada por bomberos, Guardia Urbana y geólogos. De hecho, las obras de la L9 se monitorizan al detalle en todos los barrios donde se agujerea el subsuelo: en calles como la de Sant Gervasi de Cassoles hay decenas de sensores en la calle, pegados a los edificios. En la zona, donde antiguamente bajaban rieras, se produjo otro hundimiento con una persona muerta en 1962. Y este mismo año, en mayo, se levantó la acera delante del convento de la orden de las Mercedarias.
El socavón en la L9 en el acomodado distrito de Sarrià – Sant Gervasi evoca inevitablemente al que hubo en las obras de la L5 en el popular barrio de El Carmel, los técnicos de la Generalitat aseguran que la situación es muy distinta. El de 2005 provocó un agujero gigante y obligó a desalojar a más de 1.000 personas, requirió la demolición de varios edificios y supuso una profunda crisis política, de realojos e indemnizaciones que se prolongó durante años. Ahora, el agujero es de ocho metros de diámetro y cuatro de profundidad y se ha producido sobre el túnel ya construido, porque el sistema de trabajo en la L9 es distinto del de entonces en la L5. La L9 se construye con una tuneladora que, de manera simultánea, agujerea el suelo, arma un arco metálico de 12 metros de diámetro, como un escudo, y reviste las paredes de hormigón dejando a su paso una galería: el túnel por el que pasará el metro.
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