El martes, el sol apareció por unas horas en Barcelona, después de que hubieran llovido durante dos días. Y no solo personas sin hogar, sino también otras individuos aprovecharon el lugar para tender sus mantas o guardar sus tiendas de campaña mojadas. Maria Elena, at Sant Joan’s promenade, hung a wet blanket over a bench and wore warm clothes under an umbrella. «The rain… there are worse things,» he said covering his things with a tarp that a neighbor had lowered. En la zona para peatones en Consell de Cent, alguien dejó sus pertenencias en un espacio para bicicletas y luego las cubrió con una tienda de campaña mojada. A la puerta del Caprabo en la calle Provenza también había una bicicleta y un carro de sol, con bolsas de dormir encima. With so much rain, Josep Maria’s clothes and pillows have gotten wet, but also documentation with shelter phone numbers, canteens, or municipal and entity resources. «don’t dry off», Josep Maria said early in the morning, with the streets still wet and after spending the night «with four others» on the porch of an Eixample school entrance.

Este martes salió unas horas el sol en Barcelona después de dos días lloviendo. Y no pocas personas sin techo lo aprovecharon para tender mantas o tiendas de campaña mojadas. Maria Elena, en el paseo de Sant Joan, colgó una manta mojada sobre un banco, y ropa de abrigo bajo una sombrilla. “La lluvia… hay cosas peores”, decía tapando sus cosas con una lona que le había bajado un vecino. En la parte peatonal de Consell de Cent alguien dejó sus cosas en un aparcamiento de bicis y lo cubrió con una tienda de campaña empapada. En la puerta del Caprabo de la calle de Provença también había una bicicleta y un carro al sol, con sacos de dormir encima. Con tantísima lluvia, a Josep Maria se le han mojado la ropa y las almohadas, pero también documentación con teléfonos de albergues, comedores o recursos municipales y de entidades. “No te quitas la humedad de encima”, decía a primera hora de la mañana Josep Maria, con las calles todavía mojadas y después de pasar la noche “con otros cuatro” en el porche de la entrada de una escuela del Eixample. Un poco más allá, Saliou, guineano que recoge chatarra, explicaba que por las mañanas deja la tienda y sus cosas en la nave donde entrega la mercancía, y la recoge cuando anochece. “Ha habido noches que hemos hecho guardia con mi hermano: uno durmiendo y el otro vigilando que no entrara agua en la tienda. El frío, horrible”, dice hablando medio en francés.
