Un algoritmo puede llevarte a desayunar a Kioto, comer en Osaka y dormir en Tokio, todo en el mismo día. Lo que sobre el papel parece una gran aventura, en la práctica es inviable. Estas rutas imposibles se están generalizando por el creciente uso de la inteligencia artificial (IA) para crear itinerarios de viaje. El problema llega a la hora de contratar el paquete turístico. Las agencias de viajes cada vez reciben más clientes que vienen con su plan diseñado por la IA y listo para comprar, pero a la hora de hacer la reserva necesita un profundo rediseño de la mano de un experto.. El trabajo del agente de viajes está cambiando. Ahora, además de asesorar y reservar, dedican parte de su tiempo a revisar propuestas elaboradas por sistemas de inteligencia artificial que, aunque impresionan por su rapidez, no siempre tienen en cuenta la complejidad de un viaje real. Así lo constata DIT Gestión, grupo de gestión líder de agencias de viajes independientes en la Península Ibérica, que habla de un aluvión de usuarios que ya vienen con sus itinerarios creados por IA y solicitan únicamente que la agencia los valide o gestione.. Entre los errores más frecuentes aparecen conexiones imposibles entre vuelos, trenes o ferris; tiempos insuficientes para cambiar de aeropuerto o desplazarse entre estaciones; hoteles situados a decenas de kilómetros de la ruta prevista; jornadas con demasiadas actividades para el tiempo disponible o recomendaciones basadas en información que ya ha quedado obsoleta. El resultado es un viaje atractivo desde la pantalla, pero difícil de ejecutar cuando intervienen horarios, operativas, temporadas altas o cualquier incidencia habitual en un desplazamiento internacional.. «La inteligencia artificial permite inspirar, comparar y organizar un viaje en muy poco tiempo. Sin embargo, transformar esa información en un itinerario realmente viable requiere analizar muchos factores que no siempre aparecen en una búsqueda automatizada: conexiones reales, ritmo del viaje, perfil del viajero, estacionalidad o capacidad de reacción ante cualquier imprevisto», señalan desde el grupo.. Precisamente esa capacidad de interpretación es la que, según el grupo, continúa aportando valor al trabajo del agente de viajes, cuya función va más allá de la reserva de servicios para convertirse en un asesor que acompaña al cliente antes, durante y después del viaje. Así, la inteligencia artificial puede dibujar el mapa. Pero convertir ese mapa en unas vacaciones que realmente funcionen sigue siendo, al menos por ahora, una tarea profundamente humana.
Un algoritmo puede llevarte a desayunar a Kioto, comer en Osaka y dormir en Tokio, todo en el mismo día. Lo que sobre el papel parece una gran aventura, en la práctica es inviable. Estas rutas imposibles se están generalizando por el creciente uso de la inteligencia artificial (IA) para crear itinerarios de viaje. El problema llega a la hora de contratar el paquete turístico. Las agencias de viajes cada vez reciben más clientes que vienen con su plan diseñado por la IA y listo para comprar, pero a la hora de hacer la reserva necesita un profundo rediseño de la mano de un experto.. El trabajo del agente de viajes está cambiando. Ahora, además de asesorar y reservar, dedican parte de su tiempo a revisar propuestas elaboradas por sistemas de inteligencia artificial que, aunque impresionan por su rapidez, no siempre tienen en cuenta la complejidad de un viaje real. Así lo constata DIT Gestión, grupo de gestión líder de agencias de viajes independientes en la Península Ibérica, que habla de un aluvión de usuarios que ya vienen con sus itinerarios creados por IA y solicitan únicamente que la agencia los valide o gestione.. Entre los errores más frecuentes aparecen conexiones imposibles entre vuelos, trenes o ferris; tiempos insuficientes para cambiar de aeropuerto o desplazarse entre estaciones; hoteles situados a decenas de kilómetros de la ruta prevista; jornadas con demasiadas actividades para el tiempo disponible o recomendaciones basadas en información que ya ha quedado obsoleta. El resultado es un viaje atractivo desde la pantalla, pero difícil de ejecutar cuando intervienen horarios, operativas, temporadas altas o cualquier incidencia habitual en un desplazamiento internacional.. «La inteligencia artificial permite inspirar, comparar y organizar un viaje en muy poco tiempo. Sin embargo, transformar esa información en un itinerario realmente viable requiere analizar muchos factores que no siempre aparecen en una búsqueda automatizada: conexiones reales, ritmo del viaje, perfil del viajero, estacionalidad o capacidad de reacción ante cualquier imprevisto», señalan desde el grupo.. Precisamente esa capacidad de interpretación es la que, según el grupo, continúa aportando valor al trabajo del agente de viajes, cuya función va más allá de la reserva de servicios para convertirse en un asesor que acompaña al cliente antes, durante y después del viaje. Así, la inteligencia artificial puede dibujar el mapa. Pero convertir ese mapa en unas vacaciones que realmente funcionen sigue siendo, al menos por ahora, una tarea profundamente humana.
