En el complejo tablero de la gestión de activos financieros, donde la incertidumbre suele ser la única constante, surge una estrategia que busca no solo rentabilidad, sino soberanía tecnológica. Big Sur Ventures, una firma de capital riesgo con más de doce años de trayectoria en España, se ha situado en la vanguardia de la nueva ola tecnológica, la denominada «Deep Tech», un movimiento que promete transformar la estructura industrial del continente.. Tras décadas en las que el término «tecnológico» era sinónimo de aplicaciones de software o internet, Big Sur ha pivotado hacia la tecnología profunda, basada en la ciencia y la ingeniería compleja. La estrategia de Big Sur no solo responde a una oportunidad científica, sino a un cambio sísmico en la geopolítica mundial. José Miguel Herrero, consejero director de la compañía, considera que la ingenuidad de pensar que Rusia y China se convertirían en democracias liberales ha terminado, dejando a Europa con peligrosas dependencias en sus cadenas de suministro y en el ámbito energético. «Hemos creado unas dependencias de la cadena de suministro brutales. Europa, como Estados Unidos, se ha desindustrializado salvajemente en las últimas décadas», advierte.. Ante este escenario, se hace perentoria la recuperación de la industria que, no obstante, no pasará por las manufacturas tradicionales, sino por productos de alto valor añadido. Incluso el sector de la defensa, espoleado por las presiones de figuras como Donald Trump, se ha convertido en un motor de innovación necesario.. Con inversiones que han impulsado más de 1.000 millones de euros en sus participadas durante la última década, Big Sur Ventures se ha convertido en la firma de referencia del «Deep Tech» en España, invirtiendo en empresas y proyectos de diversos sectores desde su fase inicial hasta convertirlos en compañías sólidas y rentables.. El cuarto fondo de Big Sur Ventures, bautizado como Ariadne, representa, precisamente, la consolidación de la firma en la nueva era de la innovación industrial y tecnológica. Este vehículo de inversión, cuyo objetivo es alcanzar lo 100 millones de euros, marca un punto de inflexión estratégico al centrarse exclusivamente en ciencia profunda e ingeniería compleja.. Empresas. En su cartera exhibe ejemplos tangibles de esta nueva ola. Uno de ellos es Floatatec, una empresa madrileña que lidera mundialmente la fabricación de ánodos de silicio para baterías. El silicio ofrece diez veces la densidad energética del carbono, material cuyo suministro está hoy controlado casi en su totalidad por China. Las baterías de ion-litio basadas en ánodos de silicio permiten levantar un helicóptero o hacer que, con una carga de un minuto, un coche recorra 2.000 kilómetros.. Otra compañía es LuxQuanta, con sede en Barcelona, que trabaja en comunicaciones cuánticas para blindar la ciberseguridad ante la inminente llegada de la computación cuántica. Su tecnología utiliza fotones para garantizar que cualquier intento de intercepción sea detectado instantáneamente gracias a las leyes de la física. Nanopower Semiconductors, por su parte, ha desarrollado un chip propietario (nPZero) que resuelve uno de los problemas más persistentes de la electrónica: mantener los dispositivos alimentados por baterías en funcionamiento durante años sin necesidad de reemplazarlas.. Actualmente, España ya es el cuarto mercado de venture capital en Europa, situando a Madrid y Barcelona entre los diez hubs más importantes del continente, y puede convertirse en un centro neurálgico del «Deep Tech». «España tiene talento, infraestructura y centros de investigación de talla mundial. Además, a diferencia de décadas pasadas, cuando la aspiración era ser funcionario o trabajar en la gran banca, el emprendimiento ha ganado legitimidad social, convirtiéndose en una opción profesional respetada», añade Herrero.. Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos. Uno de los principales problemas, a su juicio, es la creación de reglamentos mastodónticos que dificultan el arranque de las empresas. «Las leyes suelen ir muy por detrás de las necesidades reales del mercado», apostilla. A ello se une, además, una fiscalidad desfavorable, que constituye un gran impedimento para atraer y retener talento, ya que en ocasiones obliga a pagar impuestos antes de haber obtenido la ganancia.. A pesar de los retos regulatorios, Big Sur mantiene una visión optimista basada en el mayor talento STEM de Europa frente a Estados Unidos. Para el consejero director, invertir en España no es solo una cuestión de retornos que, asegura, son competitivos y, en muchos casos, mejores que los estadounidenses, sino también de legado. «Yo quiero tener a mis hijos y a mis nietos cerquita… ¿Cómo conseguimos eso? Creando puestos de trabajo relevantes», concluye Herrero.
En el complejo tablero de la gestión de activos financieros, donde la incertidumbre suele ser la única constante, surge una estrategia que busca no solo rentabilidad, sino soberanía tecnológica. Big Sur Ventures, una firma de capital riesgo con más de doce años de trayectoria en España, se ha situado en la vanguardia de la nueva ola tecnológica, la denominada «Deep Tech», un movimiento que promete transformar la estructura industrial del continente.. Tras décadas en las que el término «tecnológico» era sinónimo de aplicaciones de software o internet, Big Sur ha pivotado hacia la tecnología profunda, basada en la ciencia y la ingeniería compleja. La estrategia de Big Sur no solo responde a una oportunidad científica, sino a un cambio sísmico en la geopolítica mundial. José Miguel Herrero, consejero director de la compañía, considera que la ingenuidad de pensar que Rusia y China se convertirían en democracias liberales ha terminado, dejando a Europa con peligrosas dependencias en sus cadenas de suministro y en el ámbito energético. «Hemos creado unas dependencias de la cadena de suministro brutales. Europa, como Estados Unidos, se ha desindustrializado salvajemente en las últimas décadas», advierte.. Ante este escenario, se hace perentoria la recuperación de la industria que, no obstante, no pasará por las manufacturas tradicionales, sino por productos de alto valor añadido. Incluso el sector de la defensa, espoleado por las presiones de figuras como Donald Trump, se ha convertido en un motor de innovación necesario.. Con inversiones que han impulsado más de 1.000 millones de euros en sus participadas durante la última década, Big Sur Ventures se ha convertido en la firma de referencia del «Deep Tech» en España, invirtiendo en empresas y proyectos de diversos sectores desde su fase inicial hasta convertirlos en compañías sólidas y rentables.. El cuarto fondo de Big Sur Ventures, bautizado como Ariadne, representa, precisamente, la consolidación de la firma en la nueva era de la innovación industrial y tecnológica. Este vehículo de inversión, cuyo objetivo es alcanzar lo 100 millones de euros, marca un punto de inflexión estratégico al centrarse exclusivamente en ciencia profunda e ingeniería compleja.. Empresas. En su cartera exhibe ejemplos tangibles de esta nueva ola. Uno de ellos es Floatatec, una empresa madrileña que lidera mundialmente la fabricación de ánodos de silicio para baterías. El silicio ofrece diez veces la densidad energética del carbono, material cuyo suministro está hoy controlado casi en su totalidad por China. Las baterías de ion-litio basadas en ánodos de silicio permiten levantar un helicóptero o hacer que, con una carga de un minuto, un coche recorra 2.000 kilómetros.. Otra compañía es LuxQuanta, con sede en Barcelona, que trabaja en comunicaciones cuánticas para blindar la ciberseguridad ante la inminente llegada de la computación cuántica. Su tecnología utiliza fotones para garantizar que cualquier intento de intercepción sea detectado instantáneamente gracias a las leyes de la física. Nanopower Semiconductors, por su parte, ha desarrollado un chip propietario (nPZero) que resuelve uno de los problemas más persistentes de la electrónica: mantener los dispositivos alimentados por baterías en funcionamiento durante años sin necesidad de reemplazarlas.. Actualmente, España ya es el cuarto mercado de venture capital en Europa, situando a Madrid y Barcelona entre los diez hubs más importantes del continente, y puede convertirse en un centro neurálgico del «Deep Tech». «España tiene talento, infraestructura y centros de investigación de talla mundial. Además, a diferencia de décadas pasadas, cuando la aspiración era ser funcionario o trabajar en la gran banca, el emprendimiento ha ganado legitimidad social, convirtiéndose en una opción profesional respetada», añade Herrero.. Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos. Uno de los principales problemas, a su juicio, es la creación de reglamentos mastodónticos que dificultan el arranque de las empresas. «Las leyes suelen ir muy por detrás de las necesidades reales del mercado», apostilla. A ello se une, además, una fiscalidad desfavorable, que constituye un gran impedimento para atraer y retener talento, ya que en ocasiones obliga a pagar impuestos antes de haber obtenido la ganancia.. A pesar de los retos regulatorios, Big Sur mantiene una visión optimista basada en el mayor talento STEM de Europa frente a Estados Unidos. Para el consejero director, invertir en España no es solo una cuestión de retornos que, asegura, son competitivos y, en muchos casos, mejores que los estadounidenses, sino también de legado. «Yo quiero tener a mis hijos y a mis nietos cerquita… ¿Cómo conseguimos eso? Creando puestos de trabajo relevantes», concluye Herrero.
