La realidad imita al arte y no al revés, sostenía Oscar Wilde. Su audaz aserto tuvo confirmación cuando la selección portuguesa desempolvó en Inglaterra-1966 la leyenda de los ‘Doze Magriços’, recogida por Luís de Camões en ‘Os Lusíadas’. Trata de la peripecia de doce caballeros que en la década de 1390 viajaron a Inglaterra para reparar el honor de doce damas, ofendidas por un grupo de nobles ingleses. En su país no tenían quien las defendiera y, por consejo del duque de Lancaster, que batalló junto a los portugueses contra Castilla, enviaron recado a doce nobles lusitanos que el propio Lancaster les recomendó, visto cómo se comportaron en la lucha. Once viajaron en barco y uno, Álvaro Gonçalves Coutinho, prefirió hacerlo a caballo, para conocer «nuevas tierras y nuevas aguas». Era un personaje delgadísimo, descrito como ‘O Magriço’, que tiene esa significación en portugués, y hasta me ha dado por pensar si no serviría de inspiración a Miguel de Cervantes para su caballero de triste figura. Llegó justo el día fijado, cuando ya se le daba por perdido. Los doce caballeros portugueses ganaron sus correspondientes justas, el honor de las damas quedó reparado y ellos regresaron a Portugal nimbados de gloria.. Seguir leyendo
Deportes
