El martes a las diez de la mañana, en una sala del Tribunal de Apelación de París, un juez dictará en voz alta la suerte del apellido que ha marcado la política en Francia en el último medio siglo. Marine Le Pen, líder del Reagrupamiento Nacional (RN), partido fundado por su padre en 1972 —entonces como Frente Nacional (FN)—, sabrá si es inhabilitada para todo cargo público y tiene que renunciar a su candidatura a las elecciones presidenciales de 2027: la cuarta, la ocasión en la que más cerca está de llegar al Elíseo, según todos los sondeos. Una decisión negativa marcará su carrera política, pero también el rumbo ideológico de su formación, que quedaría en manos del joven y todavía indescifrable Jordan Bardella. Una absolución, un atenuante al martirio judicial del que se ha proclamado víctima, la reforzaría ante los electores en una carrera en la que parte como clara favorita.. Seguir leyendo
El martes a las diez de la mañana, en una sala del Tribunal de Apelación de París, un juez dictará en voz alta la suerte del apellido que ha marcado la política en Francia en el último medio siglo. Marine Le Pen, líder del Reagrupamiento Nacional (RN), partido fundado por su padre en 1972 —entonces como Frente Nacional (FN)—, sabrá si es inhabilitada para todo cargo público y tiene que renunciar a su candidatura a las elecciones presidenciales de 2027: la cuarta, la ocasión en la que más cerca está de llegar al Elíseo, según todos los sondeos. Una decisión negativa marcará su carrera política, pero también el rumbo ideológico de su formación, que quedaría en manos del joven y todavía indescifrable Jordan Bardella. Una absolución, un atenuante al martirio judicial del que se ha proclamado víctima, la reforzaría ante los electores en una carrera en la que parte como clara favorita.
Le Pen, de 57 años, fue declarada culpable en marzo de 2025 por un tribunal francés de malversación de fondos públicos con una pena de cuatro años de cárcel —dos firmes con un brazalete electrónico— y una inhabilitación política de cinco años. La condena, que le impedía presentarse a cargos públicos y era de aplicación inmediata, fue recurrida, pero la Fiscalía apenas modificó su petición al Tribunal de Apelación: cuatro años de prisión, uno en firme, con brazalete electrónico, y cinco de inhabilitación.
Tras el veredicto de este martes, cabría recurso al Tribunal Supremo. Pero Le Pen ha anunciado que, en ese caso, dará un paso al lado en favor de su delfín, el presidente del partido, Jordan Bardella (30 años). Una jornada histórica para el viejo Frente Nacional. También para Francia, encadenada desde entonces a la inquietud de que, un día u otro, después de la II Guerra Mundial y los años del colaboracionismo, la ultraderecha alcanzase poder. Aunque tuviera ya otro rostro.
El veredicto emitido por la sala hace algo más de un año señalaba que no hubo un “enriquecimiento personal”, pero el delito se produjo para beneficio del “confort de los dirigentes del partido” por el uso de fondos públicos europeos para pagar gastos de la formación en Francia. El tribunal consideró que el daño total era de 4,1 millones de euros y, en el caso de Le Pen, la cuantía de su malversación ascendía a 474.000 euros. Sobre la existencia de un “sistema” que organizaba el desvío de fondos públicos, el tribunal considera que “realmente no había dudas” a la vista de los elementos de la investigación. Un sistema, señalaba la sentencia, en cuyo “corazón se encontraba Marine Le Pen desde 2009″. “Marine lo sabe”, señalaba uno de los correos electrónicos intervenidos. También otros miembros de su partido, como el alcalde de Perpiñán y vicepresidente del RN, Louis Aliot, condenado a 18 meses de cárcel (seis en firme con brazalete electrónico) y tres años de inhabilitación, aunque sin ejecución inmediata, que evitará su dimisión como primer edil.
El RN vive hoy una paradoja histórica, como señala el politólogo Marc Lazar, profesor de Sociología Política del Instituto de Ciencias Políticas de París (Sciences Po) y del centro Luiss en Roma. El partido goza de la intención de voto más favorable de su historia y sus líderes son los mejor valorados. Pero nadie sabe quién podrá presentarse a las elecciones. Bardella aparece sistemáticamente dos, tres e incluso hasta cuatro puntos por encima de Le Pen, con un 35%-36% frente al 32%-33% de ella, según el instituto Ipsos-BVA. Pero la hija del fundador del partido es la rival más temida por sus adversarios políticos. “Si Le Pen es inhabilitada, por primera vez no habrá un candidato con ese apellido en la formación. Y eso simbólicamente es algo histórico”, apunta.
Jean-Marie Le Pen, viejo combatiente en la guerra de Argelia e Indochina, un paracaidista duro y autoritario atravesado por el resentimiento de la pérdida colonial de aquellos años, fundó el 5 de octubre de 1972 el Frente Nacional. Había colaboracionistas. También neonazis ―como Pierre Bousquet, exmiembro de las SS― y antiguos terroristas de la OAS, la organización contraria a la salida francesa de Argelia que intentó asesinar al presidente Charles de Gaulle, a quien el viejo FN siempre odió. El partido creció, se posicionó en la oposición y reavivó a la ultraderecha, que fue ganando peso. Marine Le Pen lo transformó, expulsó a su padre por sus salidas de tono antisemitas y se presentó tres veces a las elecciones presidenciales.

La sentencia tiene connotaciones políticas, pero también ideológicas. Marine Le Pen acogió a Bardella en su regazo político cuando el joven político apenas tenía algo más de 20 años y lo convirtió en portavoz de la formación. Pero su delfín ha adoptado un nuevo estilo de hacer política, más inclinado a la derecha clásica, cercana al poder y a las élites económicas y empresariales. Y, sobre todo, a la idea de que una unión de derechas -extrema y tradicional-, tal y como ocurre en Italia o España, es posible. Si uno ignorase su historia compartida, sería difícil relacionarles ideológicamente.
El apellido Le Pen podría desaparecer de las papeletas electorales con la decisión judicial. Pero, ¿morirá también el lepenismo? “Esa es la gran pregunta” apunta Lazar. “Bardella ha adoptado posiciones cada vez más opuestas a las de Le Pen. Hay un dilema estratégico de los grandes partidos nacionalistas y populistas de derechas. Ella sigue proclamando que no es ni de derechas ni de izquierdas, que fue elegida en una circunscripción de izquierdas… Sigue en esa posición del pueblo contra las élites. Y para evitar una ruptura con Bardella, intenta demostrar que son posicionamientos compatibles con lo que ella ha dicho siempre para el RN. Pero los lepenistas clásicos no tragan. Y el problema es hasta dónde puede llegar esa tensión entre sus cuadros dirigentes y entre sus votantes”.
Algunos dirigentes históricos en el partido no terminan de comulgar con el discurso ni con la figura de Bardella, a quien todavía ven demasiado inexperto (hace algo más de diez años quería ser un youtuber en el videojuego Call of Duty). El propio portavoz del RN, Philippe Ballard, tuvo un desliz el viernes señalando que, en caso de inhabilitación, Le Pen ejercería un rol de “tutora” de su delfín. Una palabra letal para la emancipación de Bardella. Tuvo que pedir perdón al cabo de una hora. Pero muchos siguen sin ver al RN en determinados lugares. “A Bardella se le puede ver en la Fórmula 1 en Mónaco, tiene una novia emparentada con la vieja monarquía… son cosas que Marine nunca hubiera hecho”, apunta un miembro del RN.
La otra paradoja es que una sentencia desfavorable podría volver a radicalizar el partido, ya en menos de Bardella. “El RN entrará en una fase de ataque a la justicia. Los juicios que quieren impedir la democracia, una crítica contra el Parlamento Europeo… y sobre todo contra un poder de los jueces, que no han sabido evitar fallos en procesos contra la pederastia, pero en cambio se encarnizan con Le Pen”, apunta Lazar. Justo lo contrario de lo que ha intentado mostrar en los últimos años.
