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  Economía  La inflación se come también la hucha de las pensiones: el Fondo de Reserva para la jubilación logra una de las peores rentabilidades del mundo
Economía

La inflación se come también la hucha de las pensiones: el Fondo de Reserva para la jubilación logra una de las peores rentabilidades del mundo

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La inflación se come todos los ahorros sin distinción. Sean privados o públicos. No distingue cuantías ni respaldos. Y esto también impacta en el Fondo de Reserva de las pensiones que el Gobierno de Pedro Sánchez se empeñó en rescatar con otro impuesto a los trabajadores y empresas, mientras estos también cubrían los fondos necesarios para pagar las pensiones que las cotizaciones ya no alcanzan. Un espejismo que padece también la realidad de la subida de precios que Sánchez y su gabinete económico es incapaz de atajar.. Con la inflación situada en el 3,3% en marzo (y subiendo) las escasas rentabilidades financieras que obtiene el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, conocido como la hucha de las pensiones, se antojan insuficientes para que este artificio -con el sistema de pensiones en déficit estructural- logre transmitir una garantía de fiabilidad en el futuro del sistema de pensiones público.. La realidad es que más que un instrumento de ahorro rentable, la hucha de las pensiones se ha convertido en un depósito de baja o incluso negativa rentabilidad que no logra preservar el valor del dinero en el tiempo.. El Fondo de Reserva de la Seguridad Social alcanzó a 31 de diciembre de 2024 los 9.376,7 millones de euros, el nivel más alto desde diciembre de 2017. Desde el 31 de diciembre de 2023 hasta el 31 de diciembre de 2024, las aportaciones a este fondo han sumado un total de 3.798,21 millones de euros. La mayor parte de las dotaciones efectuadas en 2024 (3.576,60 millones) provienen del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que entró en vigor en 2023, para dotar de recursos a este fondo a través de un porcentaje de la cotización por contingencias comunes que se reparte entre empresa y trabajador; y que atiende a la misma distribución que se efectúa en las cotizaciones sociales.. Para el ejercicio 2025, la previsión de la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Gobierno, Elma Saiz, era que las dotaciones por parte del MEI se movieran en los 4.400 millones de euros y que los rendimientos del Fondo superasen los 263 millones para un total de unos 14.000 millones de euros.. Pero el tamaño no es el único problema. La cuestión clave es lo que ese dinero rinde, o más bien lo poco que rinde en comparación con el coste creciente del sistema de pensiones y la inflación.. En la práctica, el Fondo de Reserva español obtiene una rentabilidad extremadamente reducida. Distintos informes internacionales sitúan su rendimiento entre los más bajos de los sistemas de reserva de países desarrollados. En algunos periodos recientes, la rentabilidad media ha sido incluso negativa, lo que significa que el fondo pierde poder adquisitivo a pesar de crecer en términos nominales.. La deuda nacional no bate la inflación. La razón principal está en su estructura de inversión. España concentra casi la totalidad del fondo en deuda pública nacional. Este modelo, diseñado para garantizar seguridad absoluta, sacrifica la rentabilidad. Mientras otros países diversifican en una combinación de activos financieros, renta variable o inversiones internacionales, el sistema español prioriza la compra de bonos del propio Estado, con retornos muy limitados.. El resultado es un fondo que cumple una función más contable que financiera. Su crecimiento depende en gran medida de transferencias internas del sistema y aportaciones adicionales como el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, una cotización extra que trabajadores y empresas pagan desde 2023. Sin embargo, este mecanismo no garantiza un rendimiento real del ahorro acumulado, ya que el sistema en su conjunto sigue necesitando financiación adicional.. La comparación internacional es especialmente llamativa. Según datos de la OCDE, los fondos de reserva que logran mejores resultados son aquellos que diversifican su cartera. Países como Suecia o Japón han conseguido rentabilidades más sólidas al combinar activos públicos y privados, lo que les permite proteger el valor del fondo frente a la inflación y mejorar su capacidad de respuesta futura.. En el caso español ocurre lo contrario. La estrategia conservadora evita riesgos financieros, pero también impide generar retornos significativos. En términos reales, esto implica que el fondo no solo crece poco, sino que en algunos ejercicios pierde valor si se descuenta la inflación.. El problema se agrava al comparar el tamaño del fondo con las obligaciones del sistema. A día de hoy, el Fondo de Reserva no alcanza ni para pagar una mensualidad. En marzo, el gasto en pensiones superó con creces los 14.000 millones de euros (14.307,7 millones). Es decir, incluso en su escenario más optimista, la hucha tiene una capacidad de cobertura muy limitada frente a un sistema que se financia mes a mes.. Déficit permanente. A este desequilibrio se suma el déficit estructural de la Seguridad Social, que distintos análisis sitúan por encima de los 100.000 millones de euros. Este agujero se financia en gran parte mediante transferencias del Estado y emisión de deuda pública, lo que refuerza la sensación de que el sistema no genera ahorro neto real, sino que redistribuye recursos dentro del propio perímetro del sector público.. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha puesto el foco precisamente en esta contradicción. En sus últimos informes, el supervisor cuestionaba el sentido de incrementar el Fondo de Reserva cuando el sistema sigue en déficit. Desde su punto de vista, el fondo debería reflejar un superávit real, no un mecanismo que convive con necesidades permanentes de financiación externa.. El debate no es solo técnico, sino también económico. En un contexto de inflación persistente, la rentabilidad del fondo se convierte en un elemento clave. Un activo que rinde por debajo del aumento de precios pierde capacidad real de compra. Y eso significa que el ahorro acumulado hoy puede valer menos en el futuro, justo cuando el sistema más lo necesitará.. El problema de fondo es que la lógica del Fondo de Reserva no está diseñada para maximizar rentabilidad, sino para garantizar seguridad y liquidez inmediata. En un sistema sometido, además, a una presión demográfica creciente, por lo que esa estrategia defensiva puede resultar insuficiente.. España afronta un escenario en el que el gasto en pensiones seguirá aumentando durante las próximas décadas por el envejecimiento de la población. Con más jubilados y menos trabajadores por pensionista, la tensión financiera del sistema será estructural. Con ese panorama, la capacidad del fondo para generar rendimiento se vuelve aún más relevante, porque determina hasta qué punto puede actuar como colchón real.

 

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La inflación se come todos los ahorros sin distinción. Sean privados o públicos. No distingue cuantías ni respaldos. Y esto también impacta en el Fondo de Reserva de las pensiones que el Gobierno de Pedro Sánchez se empeñó en rescatar con otro impuesto a los trabajadores y empresas, mientras estos también cubrían los fondos necesarios para pagar las pensiones que las cotizaciones ya no alcanzan. Un espejismo que padece también la realidad de la subida de precios que Sánchez y su gabinete económico es incapaz de atajar.. Con la inflación situada en el 3,3% en marzo (y subiendo) las escasas rentabilidades financieras que obtiene el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, conocido como la hucha de las pensiones, se antojan insuficientes para que este artificio -con el sistema de pensiones en déficit estructural- logre transmitir una garantía de fiabilidad en el futuro del sistema de pensiones público.. La realidad es que más que un instrumento de ahorro rentable, la hucha de las pensiones se ha convertido en un depósito de baja o incluso negativa rentabilidad que no logra preservar el valor del dinero en el tiempo.. El Fondo de Reserva de la Seguridad Social alcanzó a 31 de diciembre de 2024 los 9.376,7 millones de euros, el nivel más alto desde diciembre de 2017. Desde el 31 de diciembre de 2023 hasta el 31 de diciembre de 2024, las aportaciones a este fondo han sumado un total de 3.798,21 millones de euros. La mayor parte de las dotaciones efectuadas en 2024 (3.576,60 millones) provienen del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que entró en vigor en 2023, para dotar de recursos a este fondo a través de un porcentaje de la cotización por contingencias comunes que se reparte entre empresa y trabajador; y que atiende a la misma distribución que se efectúa en las cotizaciones sociales.. Para el ejercicio 2025, la previsión de la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Gobierno, Elma Saiz, era que las dotaciones por parte del MEI se movieran en los 4.400 millones de euros y que los rendimientos del Fondo superasen los 263 millones para un total de unos 14.000 millones de euros.. Pero el tamaño no es el único problema. La cuestión clave es lo que ese dinero rinde, o más bien lo poco que rinde en comparación con el coste creciente del sistema de pensiones y la inflación.. En la práctica, el Fondo de Reserva español obtiene una rentabilidad extremadamente reducida. Distintos informes internacionales sitúan su rendimiento entre los más bajos de los sistemas de reserva de países desarrollados. En algunos periodos recientes, la rentabilidad media ha sido incluso negativa, lo que significa que el fondo pierde poder adquisitivo a pesar de crecer en términos nominales.. La deuda nacional no bate la inflación. La razón principal está en su estructura de inversión. España concentra casi la totalidad del fondo en deuda pública nacional. Este modelo, diseñado para garantizar seguridad absoluta, sacrifica la rentabilidad. Mientras otros países diversifican en una combinación de activos financieros, renta variable o inversiones internacionales, el sistema español prioriza la compra de bonos del propio Estado, con retornos muy limitados.. El resultado es un fondo que cumple una función más contable que financiera. Su crecimiento depende en gran medida de transferencias internas del sistema y aportaciones adicionales como el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, una cotización extra que trabajadores y empresas pagan desde 2023. Sin embargo, este mecanismo no garantiza un rendimiento real del ahorro acumulado, ya que el sistema en su conjunto sigue necesitando financiación adicional.. La comparación internacional es especialmente llamativa. Según datos de la OCDE, los fondos de reserva que logran mejores resultados son aquellos que diversifican su cartera. Países como Suecia o Japón han conseguido rentabilidades más sólidas al combinar activos públicos y privados, lo que les permite proteger el valor del fondo frente a la inflación y mejorar su capacidad de respuesta futura.. En el caso español ocurre lo contrario. La estrategia conservadora evita riesgos financieros, pero también impide generar retornos significativos. En términos reales, esto implica que el fondo no solo crece poco, sino que en algunos ejercicios pierde valor si se descuenta la inflación.. El problema se agrava al comparar el tamaño del fondo con las obligaciones del sistema. A día de hoy, el Fondo de Reserva no alcanza ni para pagar una mensualidad. En marzo, el gasto en pensiones superó con creces los 14.000 millones de euros (14.307,7 millones). Es decir, incluso en su escenario más optimista, la hucha tiene una capacidad de cobertura muy limitada frente a un sistema que se financia mes a mes.. Déficit permanente. A este desequilibrio se suma el déficit estructural de la Seguridad Social, que distintos análisis sitúan por encima de los 100.000 millones de euros. Este agujero se financia en gran parte mediante transferencias del Estado y emisión de deuda pública, lo que refuerza la sensación de que el sistema no genera ahorro neto real, sino que redistribuye recursos dentro del propio perímetro del sector público.. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha puesto el foco precisamente en esta contradicción. En sus últimos informes, el supervisor cuestionaba el sentido de incrementar el Fondo de Reserva cuando el sistema sigue en déficit. Desde su punto de vista, el fondo debería reflejar un superávit real, no un mecanismo que convive con necesidades permanentes de financiación externa.. El debate no es solo técnico, sino también económico. En un contexto de inflación persistente, la rentabilidad del fondo se convierte en un elemento clave. Un activo que rinde por debajo del aumento de precios pierde capacidad real de compra. Y eso significa que el ahorro acumulado hoy puede valer menos en el futuro, justo cuando el sistema más lo necesitará.. El problema de fondo es que la lógica del Fondo de Reserva no está diseñada para maximizar rentabilidad, sino para garantizar seguridad y liquidez inmediata. En un sistema sometido, además, a una presión demográfica creciente, por lo que esa estrategia defensiva puede resultar insuficiente.. España afronta un escenario en el que el gasto en pensiones seguirá aumentando durante las próximas décadas por el envejecimiento de la población. Con más jubilados y menos trabajadores por pensionista, la tensión financiera del sistema será estructural. Con ese panorama, la capacidad del fondo para generar rendimiento se vuelve aún más relevante, porque determina hasta qué punto puede actuar como colchón real.

 

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