Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su ataque aéreo contra Irán el pasado 28 de febrero, más de 1.500 personas se encontraban trabajando en Tailandia para la disputa del gran premio inaugural de la temporada de MotoGP. La inmensa mayoría hicieron escala en Oriente Próximo para llegar a la cita, pero con el espacio aéreo de la región cerrado por el conflicto, pronto quedó claro que el gran reto del fin de semana sería volver a casa. Por si fuera poco, los habitantes del ‘paddock’ no eran ni mucho menos los únicos que se vieron de repente encallados, sus vuelos de retorno cancelados ‘sine die’ por las aerolíneas. Todos tuvieron que improvisar, algunos dando auténticos rodeos y pagando precios desorbitados, otros esperando a ser recolocados. La situación obligó, además, a encontrar soluciones de última hora a los promotores del campeonato.. Seguir leyendo
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