En su primera visita a Siria, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, se ha sumado este domingo al respaldo internacional que en las últimas semanas ha arropado al Gobierno de Damasco. “No tengo duda de que la transición está yendo en la dirección correcta y por eso la comunidad internacional debe apoyar a Siria”, ha dicho Guterres en una rueda de prensa celebrada en el hotel Sheraton de la capital siria entre fuertes medidas de seguridad. Se cumplen 19 meses desde que el presidente Ahmed al Shara tomara el poder tras poner fin a casi medio siglo de dictadura de la familia El Asad y 14 años de guerra civil.. Seguir leyendo
En su primera visita a Siria, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, se ha sumado este domingo al respaldo internacional que en las últimas semanas ha arropado al Gobierno de Damasco. “No tengo duda de que la transición está yendo en la dirección correcta y por eso la comunidad internacional debe apoyar a Siria”, ha dicho Guterres en una rueda de prensa celebrada en el hotel Sheraton de la capital siria entre fuertes medidas de seguridad. Se cumplen 19 meses desde que el presidente Ahmed al Shara tomara el poder tras poner fin a casi medio siglo de dictadura de la familia El Asad y 14 años de guerra civil.
El secretario general de la ONU ha alabado la determinación de la sociedad civil siria, con varios de cuyos representantes se ha reunido, y ha querido trasladar optimismo sobre la marcha del país en una coyuntura donde toda la región parece estar en llamas. Guterres ha condenado con firmeza “las violaciones por parte de Israel a la soberanía e integridad territorial de Siria”. En ese sentido, ha recordado que “los Altos del Golán [donde las tropas israelíes siguen ampliando la zona ocupada] forman parte del territorio sirio”. El sábado se reunió con el presidente Al Shara y el ministro de Exteriores, Asaad al Chaibani, en el palacio presidencial de Damasco.
Se trata de una de las últimas visitas que hará el diplomático portugués, cuyo mandato al frente de la ONU concluye a finales de este año. Estaba previsto que su viaje a Siria durara varios días, pero al final se ha visto reducido a apenas uno y medio debido a múltiples alertas de seguridad en el país árabe. Entre las paradas previstas en una agenda que se ha mantenido en secreto, se ha cancelado la que iba llevarle a una posición de la Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación (UNDOF) en el sur del país, donde un millar de cascos azules siguen desplegados para supervisar la zona neutral entre Siria e Israel en los Altos del Golán.
El secretario general ha llegado al país apenas unas semanas después de que dos bombas estallaran cerca de un hotel en Damasco donde pasó la noche el presidente francés, Emmanuel Macron, lo que ensombreció la primera visita a Siria de un jefe de Estado de la Unión Europea desde el derrocamiento de Bachar el Asad.
Entre los mensajes de apoyo al país, Guterres también ha lanzado una dura crítica contra el régimen del dictador caído, y se ha dicho “horrorizado” tras su visita a la “ya tristemente célebre prisión de Saidnaya, donde fueron asesinadas decenas de personas”.
Tras enumerar los diferentes frentes de trabajo a los que la ONU puede prestar apoyo, que van desde la reconstrucción a revitalizar el ámbito de la inversión, ha dicho que Naciones Unidas quiere “apoyar su transición política, incluyendo sus esfuerzos para garantizar la justicia transicional, redactar una Constitución permanente y celebrar elecciones libres y justas”.

Las palabras de Guterres se dirigen al nuevo Gobierno, cuyo mandatario ha pasado de liderar una milicia siria afín a Al Qaeda a enfundarse un traje y corbata y ser el primer presidente sirio que es recibido en la Casa Blanca en seis décadas. Y, sin embargo, esa luna de miel que parece vivir Siria se desvanece nada más pisar las calles de Damasco, donde muchos barrios quedan en penumbra al caer la noche.
“Los precios se han disparado y ahora ya no podemos llegar a finales de mes”, resume Muna, madre de tres hijos, a las puertas de una tienda en el céntrico barrio Souq Sarouja de Damasco. Prefiere no dar su apellido y cuenta que su marido, que trabaja como contable en una empresa, recibe un sueldo de apenas 130 euros mensuales. Las cuentas no le salen, arguye sumando con los dedos de la mano el coste de agua, transporte, electricidad y gas con un total de más de 150 euros al mes.
La mujer admite que ahora hay más horas de luz al día y más servicios en general, pero con la retirada de las subvenciones estatales, esos servicios quedan fuera del alcance de la gran parte de una ciudadanía donde la clase media ha sido borrada tras casi tres lustros de contienda. Los que tienen que pagar un alquiler, o medicamentos, dice, “esos ya no pueden ni comer”. Y esa es la situación de nueve de cada diez sirios que viven en situación de pobreza, según datos de la ONU.
Entre los sirios, la frustración remplaza al entusiasmo inicial conforme las promesas de ayudas externas no se materializan, el coste de vida se dispara y las obras de reconstrucción siguen paradas. “Con las visitas de dirigentes árabes, los sirios esperaban que el dinero fluyera desde el Golfo y que Siria se convirtiera en un nuevo Dubái. El Gobierno no ha sabido manejar las expectativas”, considera una fuente diplomática europea en Damasco. “De ahí que la visita del secretario general sea tan relevante para las autoridades ahora, porque se han dado cuenta de que van a necesitar toda la ayuda posible”, afirma.
Los delegados de las diferentes agencias -como Unicef, que ha sufragado el viaje de este periódico a Siria para visitar sus proyectos― y ONG de ayuda humanitaria también celebran la visita y la nueva fase de colaboración que se abre con el Gobierno de Damasco. “Cauto optimismo”, es el término más repetido entre la comunidad internacional y los sirios que retornan sobre el rumbo que está tomando el país, que alterna entre las reformas y los focos de inseguridad que repuntan en regiones del norte y sur del país, junto con el incremento de atentados no reivindicados en la capital.
Los obstáculos son de diversa índole, explican los cooperantes, desde la pesada burocracia administrativa heredada del régimen anterior y que todo lo ralentiza, a la dificultad de recibir transferencias bancarias en el país hasta que no se levanten todas las sanciones económicas. La falta de liquidez de una banca central sin capacidad para emitir más billetes hacen que conviva la moneda antigua con el rostro de Bachar el Asad, junto a relucientes billetes, mientras que la ayuda internacional llega en maletines repletos de dólares.
Si bien el pragmático Al Shara ha sabido sacar con habilidad al país del ostracismo internacional en el que lo hundió su predecesor, funcionarios de la ONU advierten de que los países donantes están recortando drásticamente la ayuda internacional cuando las necesitades se multiplican con la destrucción en Gaza, Líbano, Irán y se suman a las ya existentes en Yemen o Libia.
