Tres grupos de derechos humanos han pedido este jueves que se investigue como posible crimen de guerra el bombardeo israelí que mató en abril a la periodista libanesa Amal Khalil. Las organizaciones internacionales Human Rights Watch y Amnistía Internacional, así como la libanesa Agenda Legal, consideran que el proyectil que causó la muerte a la informadora en el sur de Líbano fue lanzado por “un ataque deliberado” contra una civil.. Seguir leyendo
Tres grupos de derechos humanos han pedido este jueves que se investigue como posible crimen de guerra el bombardeo israelí que mató en abril a la periodista libanesa Amal Khalil. Las organizaciones internacionales Human Rights Watch y Amnistía Internacional, así como la libanesa Agenda Legal, consideran que el proyectil que causó la muerte a la informadora en el sur de Líbano fue lanzado por “un ataque deliberado” contra una civil.
Las tres entidades, que este jueves han publicado sendas investigaciones sobre esos hechos, basan su denuncia en que el ejército israelí conocía la identidad de la periodista, que tenía 42 años, y de la superviviente Zainab Faraj, fotógrafa de 21 años.
“Las pruebas demuestran que el ejército israelí sabía, o debería haber sabido, que Faraj y Khalil eran civiles”, objeta Ramzi Kaiss, investigador libanés de HRW. La organización alerta de que “los continuos asesinatos de periodistas por parte de Israel demuestran una descarada disposición a cometer atrocidades sin temor alguno a las consecuencias”.

El día después del ataque, ocurrido el 22 de abril, los máximos dirigentes libaneses lo describieron como un “crimen de guerra”. Según el Sindicato de Editores de Prensa de Líbano, Israel ha matado a 27 informadores libaneses desde octubre de 2023. Los ataques del grupo libanés Hezbolá contra Israel en apoyo al movimiento palestino Hamás arrastraron entonces a Líbano a una guerra en la que sigue enzarzado, y en la que la última iniciativa de paz peligra desde el miércoles tras la muerte de dos soldados israelíes en la zona ocupada por la detonación de un artefacto explosivo.
La agonía de Khalil, que en 2024 denunció haber recibido amenazas de muerte israelíes, comenzó con un primer bombardeo, hacia las 14h30, en el municipio de Tiri, en el sur libanés, en el que murieron los dos pasajeros del vehículo que circulaba por delante del de las comunicadoras. Una de esas víctimas era una autoridad local, y Khalil y Faraj, según esta ha explicado, conducían detrás para sentirse protegidas, mientras se adentraban en el territorio que Israel considera como zona de guerra.
El ataque obligó a las reporteras a buscar refugio en un lugar cercano, desde donde empezaron a hacer llamadas pidiendo ayuda . Los drones de vigilancia israelíes, asegura Faraj, aparecieron en ese momento y no perdieron la pista de las informadoras. Se llegaron a poner “a un metro” de sus rostros, lo que lleva a los grupos de derechos humanos a considerar que el ejército israelí debería haber sabido que se trataba de dos civiles.
En paralelo, según esas investigaciones, la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para Líbano ―la misión de paz que es una de las vías de enlace entre Líbano e Israel, que no mantienen relaciones diplomáticas ― trasladó al ejército israelí a las tres de la tarde el primer mensaje pidiendo autorización para socorrer a las dos periodistas atrapadas.
La misión de paz y los directivos del diario Al Akhbar —donde consideran la muerte de Khalil “una ejecución sumaria”— confirmaron a EL PAÍS en mayo la existencia de contactos internacionales para lograr el rescate de las periodistas.

Pese a todo, un segundo bombardeo golpeó el vehículo de las mujeres alrededor de las 15.30, e hirió a Khalil. Ambas se arrastraron entonces hacia el interior de un edificio, donde un tercer ataque a las 16.25, el definitivo, hizo que el bloque se les cayera encima.
La portavoz en árabe del ejército israelí, Ella Waweya, explicó ese día que se había disparado contra dos vehículos en Tiri “que habían abandonado un edificio utilizado por Hezbolá”. La nota añadía que los automóviles “habían sobrepasado la línea de defensa avanzada”, en referencia a la Línea Amarilla con la que Israel delimita los territorios ocupados.
Amnistía Internacional, que recuerda que una zona declarada como militar no exime a las partes en conflicto de esforzarse en dirimir si se trata de civiles o combatientes, preguntó al ejército israelí sobre los hechos. El 22 de junio, las tropas respondieron que “el incidente fue objeto de una revisión preliminar y se implementaron las lecciones pertinentes”. Agregaron que “lamentan cualquier daño causado a periodistas” y que “respetan la libertad de prensa”.
Las investigaciones se hacen eco de que Israel también impidió el acceso de las ambulancias inmediatamente después del ataque mortal. No dio la luz verde hasta las 17.00, cuando los rescatistas pudieron extraer de los escombros a Faraj, herida con una fractura craneal y otras lesiones graves.
Los conductores de la ambulancia denuncian ataques israelíes que les obligaron a huir antes de que pudieran encontrar a Khalil. El certificado de defunción de la periodista ubica su muerte a las 19.00. El Ejército israelí solo permitió la segunda entrada de los rescatistas a las 20.15, y el cuerpo de la libanesa fue encontrado a las 23.00.
