Un hombre herido anda suelto. Gianni Infantino, presidente de la FIFA desde 2016, atraviesa los peores días desde que ejerce el cargo y sus últimos movimientos ha desatado un tsunami en el fútbol mundial cuyas consecuencias son imposibles de predecir. Su paso en falso con la privatización del Mundial, la reacción, furibunda, de sus enemigos, especialmente de Ceferin, y el horizonte de su reelección suponen una macedonia de poder en plena ebullición para este principio de agosto.
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