Cuesta imaginar cómo de Almagro, plena llanura manchega, paisajes horizontales, haya salido la mejor corredora de montaña de España. Más asombroso resulta escuchar a Gemma Arenas (1979) desgranar su excepcionalidad. Acaba de colgarse la medalla de bronce mundial en los 100 kilómetros en ruta (7:17:50, con récord nacional y mundial de su edad) y de conquistar el Ultra Pirineu, del asfalto al desnivel de la montaña en apenas un par de semanas, pero ella no nació atleta. Una vida después, se ‘hizo’ ultrafondista.
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