Albert Méndez is 26 years old. He has been a ski teacher at La Molina (Girona) for seven seasons. El invierno pasado dictó clases los fines de semana durante los meses de diciembre a marzo. During the nights, he slept on a friend’s sofa because he couldn’t find any room he could afford. He trabajado los viernes, los sábados y los domingos, ganando alrededor de 800 euros. Méndez complains: «Seasonal workers are essential to maintaining the local economy, but, despite the dependency on the tourism industry, there are not enough facilities for us to have a place to sleep».. Continue reading

Albert Méndez tiene 26 años. Es profesor de esquí en La Molina (Girona) desde hace siete temporadas. El invierno pasado impartió clases los fines de semana entre diciembre y marzo. Por las noches, dormía en el sofá de unos amigos porque no encontró ninguna habitación que pudiera pagar. Trabajaba viernes, sábados y domingos, y cobraba unos 800 euros. Méndez se queja: “Los trabajadores de temporada somos fundamentales para mantener la economía de la zona, pero, a pesar de la dependencia del sector turístico, no existen suficientes facilidades para que podamos tener una habitación donde dormir”.
Esta próxima temporada llegarán al Pirineo catalán más trabajadores como Méndez. Ya está en marcha la campaña de contratación. Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC), a través de la marca turística Pirineu365, ha anunciado que busca cubrir alrededor de 300 nuevos empleos para la temporada de invierno 2026-2027 en las seis estaciones públicas que gestiona en Cataluña. Las tres pistas de La Cerdanya (La Molina, Espot Esquí y Port Ainé) concentrarán la mayoría de las contrataciones: 98 nuevas incorporaciones. Las vacantes incluyen puestos de socorristas, conductores, mecánicos e informadores, además de personal de mantenimiento, administración, taquillas y alquiler de material.
FGC ha explicado que esta nueva campaña de contratación llega después de la temporada récord del invierno pasado. Las estaciones públicas catalanas superaron por primera vez el millón de visitantes. Gracias a las nevadas registradas entre diciembre y Semana Santa, la temporada se prolongó durante 124 días. Según un estudio elaborado por la Universitat Pompeu Fabra para FGC, el impacto económico de estas estaciones representa el 11% del valor añadido bruto comarcal y alrededor del 8% del empleo total en las comarcas de la Cerdanya, el Pallars Sobirà, la Alta Ribagorça y el Ripollès.
A pesar de la riqueza que genera el turismo de nieve, buena parte de las comarcas de montaña conviven con un mercado residencial tensionado. La Cerdanya, donde se encuentra La Molina, registra uno de los porcentajes más elevados de segundas residencias de Cataluña. Según datos del Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat), el 36,7% de las viviendas de la comarca son residencias principales, una cifra que, en el conjunto de la comunidad, se eleva al 76,4%. El 63,3% de las viviendas de la Cerdanya tienen otros usos, como segunda residencia, alojamiento turístico o inmuebles vacíos. En municipios como Alp o Fontanals de Cerdanya, las segundas residencias superan el 80% del parque de vivienda. La oferta disponible para alquiler de larga duración es limitada y buena parte de las viviendas disponibles durante el invierno se comercializan con contratos de temporada.
Méndez suele empezar a buscar alojamiento entre agosto y septiembre. Según él, muchos propietarios prefieren destinar los inmuebles al alquiler turístico, a un precio superior. También cuenta que buena parte de los contratos obligan a alquilar la vivienda durante todo el periodo entre octubre y mayo, aunque el trabajo se concentre únicamente en algunos meses. “Si trabajas en las pistas no puedes asumir un alquiler de temporada”, señala. Explica que este año ha tenido suerte: un amigo ha conseguido un piso cerca de la estación de esquí y le alquilará una habitación por un precio razonable.
Las dificultades de acceso a la vivienda también afectan a trabajadores que residen de forma permanente en estas comarcas. José Antonio Parada, de 38 años, y su esposa, tuvieron que irse de La Seu d’Urgell (Lleida) este octubre. La pareja tenía empleos estables. Él como conductor de autobús y ella como cuidadora en una residencia de gente mayor. El propietario del piso en el que vivían desde hacía diez años decidió que quería vender el piso. Estuvieron buscando uno nuevo durante más de cinco meses. Al final, solo encontraron uno y les rechazaron la solicitud porque no aceptaron la nómina andorrana de Parada. Ambos tuvieron que dejar sus empleos en La Seu d’Urgell. Se han trasladado a Lleida y ahora viven en el piso de un familiar.
La preocupación por la falta de alojamiento es evidente en los procesos de contratación de las empresas vinculadas a las estaciones de esquí. Núria Farrés es directora de la escuela Snow & Go, que opera en La Molina y Masella. Afirma que la dificultad para encontrar vivienda se ha intensificado durante la última década. La empresa cuenta con cinco profesores y busca incorporar ocho más para la próxima temporada. Explica que suele encontrar personas interesadas en trabajar, pero muchos de los candidatos tienen dificultades para encontrar alojamiento. Aunque se trate de personas jóvenes, dispuestas a compartir piso. Para Farrés, el problema no se limita a los trabajadores de temporada: “Es muy difícil encontrar una casa donde vivir, y no solo para los profesores de esquí durante la temporada, sino todo el año”.
La situación se repite en otros municipios vinculados a las estaciones de esquí. Vielha e Mijaran, Sort, El Pont de Suert, Puigcerdà, Bellver de Cerdanya o La Seu d’Urgell forman parte de áreas donde se concentra una parte importante de la actividad turística de invierno y tienen el mercado de la vivienda tensionado desde 2024. Según datos de Idescat, las comarcas pirenaicas presentan una media del 64% de segundas residencias. Por eso, algunas estaciones como la de Baqueira Beret han desarrollado mecanismos propios para facilitar alojamiento a sus empleados. Esta estación privada de la Vall d’Aran cuenta con un programa para facilitar viviendas a sus trabajadores de temporada. De momento, las estaciones gestionadas por la FGC no tienen un programa similar. Cuando se acabe el proceso de contratación de los 300 nuevos empleados, estos tendrán que buscar alojamiento en una zona habitacional tensionada.
