Hace dos años, etapa 11 de aquel Tour que pretendió ser y fue el de la reconquista de Tadej Pogacar, camino de Le Lioran, en pleno Macizo Central, el ataque del esloveno en los últimos metros del Pas de Peyrol pareció una sentencia. Más aún cuando en el descenso su distancia con Jonas Vingegaard, que no había podido agarrar la rueda del salvaje arreón anterior, se empezó a disparar rozando los 40 segundos. Restaban dos cotas y 30 kilómetros y no hay (ni había) en el pelotón mundial nadie como el esloveno en los ‘solos’, esas cabalgadas sin compañía hasta la meta. Lo que hubiera podido parecer una sentencia a falta de la mitad de la carrera, unos minutos después devino en todo lo contrario: la Grande Boucle, comprobó, por última vez, un pequeño momento de debilidad de su tirano.
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