El pasado 10 de julio, horas antes de que España jugase en Los Ángeles su partido de cuartos contra Bélgica, dos pancartas alteraron la cuarta de feria en Pamplona. «Puta España y «Puta selección», se leía. La mayoría del público comenzó a pitar y a cantar, como respuesta, «¡Que viva España!». El episodio recorrió todos los medios de comunicación y las redes -ay, las redes- se liaron. La selección de fútbol, tan ignorada durante décadas, se sitúa hoy en el centro del debate en un contexto político y social especialmente delicado, proclamándose campeona del mundo en medio de uno de los ambientes más polarizados de nuestra historia democrática.
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