La rebelión se paga siempre a un alto precio. En todo contexto, pero en el fútbol, cuando uno hace ascos al escudo que viste, la marcha atrás es casi imposible. Sólo unos cuantos elegidos lo consiguen, previo acto de contrición sincero para conseguir el perdón. Los atléticos se la tienen jurada a Julián Álvarez por querer cambiar las barras rojiblancas por las azulgrana y el argentino muestra un rictus serio y demasiado alejado del arrepentimiento. Su semblante es de ausente desde hace días y no varió ni un ápice cuando todo el Metropolitano le dedicó tremendas pitadas. Es la imagen de un gran duelo ante un descarado y sólido Villarreal que obligó mucho al Atlético, agarrado a Oblak. [Narración y estadísticas: 2-2]
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