Cinco vehículos policiales y dos camiones de bomberos indicaban este martes que algo grave había sucedido en la urbanización ubicada en el número 4 de la calle de Cirauqui de Madrid. En esta zona acomodada, sede de grandes empresas y poblada de fincas con piscina, no son habituales los altercados. Poco después de las diez de la mañana, una escala de los bomberos se elevaba hasta el sexto piso del bloque E y accedían a la vivienda de más de cien metros cuadrados por la ventana. Allí, en el suelo de la cocina, estaba Facundo R., de 37 años, con 13 puñaladas, algunas en la espalda. El suicidio, una de las hipótesis iniciales, quedó descartado. En las paredes, restos de una sustancia desconocida, que resultó ser gas pimienta. Al lado del cuerpo, un cuchillo de 20 centímetros, la posible arma homicida.. Seguir leyendo
Cinco vehículos policiales y dos camiones de bomberos indicaban este martes que algo grave había sucedido en la urbanización ubicada en el número 4 de la calle de Cirauqui de Madrid. En esta zona acomodada, sede de grandes empresas y poblada de fincas con piscina, no son habituales los altercados. Poco después de las diez de la mañana, una escala de los bomberos se elevaba hasta el sexto piso del bloque E y accedían a la vivienda de más de cien metros cuadrados por la ventana. Allí, en el suelo de la cocina, estaba Facundo R., de 37 años, con 13 puñaladas, algunas en la espalda. El suicidio, una de las hipótesis iniciales, quedó descartado. En las paredes, restos de una sustancia desconocida, que resultó ser gas pimienta. Al lado del cuerpo, un cuchillo de 20 centímetros, la posible arma homicida.
“Apenas se le veía por aquí, viajaba bastante. Llevaba viviendo en ese piso tres o cuatro años, pero tampoco lo conocíamos mucho. Se le veía de vez en cuando en la piscina, pero poco más”, explica Carlos, portero de la finca. Ese hombre era el que trabajaba en el turno de mañana cuando alguien ha matado a Facundo y se ha marchado de la urbanización. La finca tiene servicio de videovigilancia que enfoca al perímetro, pero también al pasillo central del patio.
La víctima es un varón llamado Facundo R., un ingeniero de 37 años experto en energías renovables de origen argentino al que los residentes en la finca definen como “tranquilo”, El hombre vivía solo y de alquiler en la vivienda. Según algunos vecinos, alguna vez se oían fiestas en el piso, aunque nunca se habían producido problemas graves por estas celebraciones. Su domicilio, un ático, estaba ordenado y sin signos de ninguna pelea aparente.
El hombre era experto en energía solar y llevaba más de una década viviendo en España. De hecho, tenía la nacionalidad. Vivió durante un tiempo en Extremadura, donde cursó estudios de especialización, y desde hace al menos un lustro se había instalado en Madrid. Sus publicaciones en las redes sociales indican que viajaba mucho, tanto por trabajo como por placer. Hace un mes, había anunciado un cambio laboral dentro de su empresa. “Deseando empezar este nuevo capítulo y vivir los retos que me esperan”, había escrito junto al dibujo de un cohete espacial.
La finca, con una piscina de adultos y una de niños y portero las 24 horas y gimnasio, se ubica en la zona residencial de Las Tablas. Este barrio forma parte de las nuevas expansiones de Madrid, dentro del distrito de Fuencarral. A pocos pasos de la urbanización se erige la imponente ciudad empresarial del BBVA. No es el lugar en el que uno se esperaría una muerte violenta, si es que hay alguno en el que sea posible predecir algo así.
Un grupo de vecinos comentaba unas horas después del crimen en el patio central de la finca con preocupación lo que había podido suceder. Una de ellas comentaba que se han oído gritos de insultos y de auxilio. Según explica otro de ellos, que prefiere no revelar su nombre, sobre las diez de la mañana el portero ha intentado hablar con un hombre que no le sonaba de la urbanización, pero este ha acelerado el paso y se ha marchado. Carlos, el portero, asegura que en ese sitio “entra y sale mucha gente”, desde invitados de los vecinos a la piscina hasta repartidores y limpiadoras, y que no puede asegurar que haya visto a un extraño.
En la llamada recibida por el 091 a las diez de la mañana, los vecinos hablaban de un “olor químico”. Por eso, los bomberos han acudido a la llamada provistos de mascarillas especiales. Al comprobar que el inquilino no respondía y que la puerta estaba cerrada, aunque no con llave, han tomado la decisión de entrar por la ventana.
Cuando han entrado a la vivienda, han encontrado al hombre tirado en el suelo sobre un gran charco de sangre y con una docena de puñaladas en el abdomen y en la espalda. En ese momento, por protocolo, han comenzado la reanimación hasta la llegada del Samur Protección Civil. Los sanitarios le han practicado la reanimación cardiopulmonar durante 45 minutos, lo han intentado todo, pero ha sido imposible revertir la parada. El olor químico que referían los vecinos era patente e incluso los sanitarios han experimentado cierto picor en los ojos. Los primeros agentes han determinado que se trataba de gas pimienta, que estaba rociado por varias paredes del domicilio. No está claro si lo usó la víctima o la persona agresora.
Mientras la policía empezaba a hacer su trabajo para esclarecer el crimen y los agentes de la policía científica inspeccionaban la escena, los niños seguían con su día de verano en la piscina de la urbanización, ajenos a la tragedia. Sobre las tres y cuarto, los investigadores del grupo V de homicidios abandonaron la finca con varias bolsas, una escena habitual después de una muerte violenta. Por delante quedan muchas horas de intenso trabajo para encontrar a la persona responsable de este crimen.
Los servicios funerarios sacaron el cuerpo del fallecido por el garaje. “Vamos a intentar evitar salir por aquí, que están las familias”, comentó el empleado de la funeraria. En las dos zonas ajardinadas que rodean las dos piscinas, los vecinos continúan preguntándose qué ha podido suceder con el vecino del sexto B.
