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Cucarachas y la historia más repetida

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John Kenneth Galbraith (1908-2006), más o menos keynesiano, amigo y asesor del presidente John F. Kennedy (1917-1963), y autor de éxito como divulgador económico, señaló en su libro Breve historia de la euforia financiera que «la extrema fragilidad de la memoria en asuntos financieros» es uno de los factores principales que explican las sucesivas crisis económico-financieras y su repetición casi cíclica.. Estimaba que, de forma aproximada, la memoria financiera apenas dura una generación, es decir, entre veinte y veinticinco años. «Cuando se vuelven a dar las mismas circunstancias –escribió– o también otras muy parecidas, son saludadas por una nueva generación, a menudo plena de juventud, como un descubrimiento innovador», que suele terminar en desastre.. La bonanza económica de principios de siglo y lo que Alan Greenspan, presidente entonces de la Reserva Federal (Fed) estadounidense, denominó «exuberancia irracional» de los mercados fomentó, entre otras cosas, el auge de un producto financiero llamado «hipotecas subprime». Era confuso y poco comprensible tanto para quienes lo vendían como para quienes lo compraban.. Todo se sustentaba en una burbuja inmobiliaria que, un buen día, se pinchó, arrastró a las subprime y dio paso a la Gran Recesión de 2008 y los años siguientes, una crisis que fue global porque, de una manera o de otra, la mayoría de los mercados y de los bancos de casi todo el mundo estaban implicados —mejor dicho, pillados—, con la quiebra de Lehman Brothers como hito paradigmático.. Una generación más tarde, hay quien vuelve a ver nubarrones en el horizonte, que además se complican con la guerra de Donald Trump en Irán. Ahora el problema no está en las hipotecas subprime, sino en el llamado «crédito privado». Son los préstamos que ofrecen entidades no bancarias —sobre todo fondos de inversión— de forma directa a las empresas. Surgieron a raíz de los controles y exigencias impuestos por las distintas autoridades a los bancos para conceder financiación.. Los fondos de inversión y otras entidades deben cumplir menos requisitos y, para bastantes empresas, es más fácil endeudarse de esa manera. El problema, como siempre, surge cuando esos préstamos —concedidos sobre todo a compañías del sector tecnológico o inmobiliarias— dejan de pagarse. Entonces, los fondos tienen también dificultades para devolver el dinero a sus partícipes cuando lo solicitan. Es lo que ha ocurrido ya con algunos fondos de Blackstone, Morgan Stanley, Blue Owl o Cliffwater en Estados Unidos. De momento, parece un fenómeno limitado, pero algunas alarmas se han encendido.. Jamie Dimon, presidente y consejero delegado de JPMorgan, uno de los grandes bancos de Wall Street, ha dicho que «cuando ves una cucaracha, generalmente hay más; así que todos estamos avisados». El banquero se refería, claro, a los problemas de esos fondos y también a otros casos.. MSF (Market Financial Solutions) es uno de esos ejemplos, como detalla el Financial Times. Fundada en 2006 en Londres, la firma ofrecía créditos puente y también hipotecas para la compra de viviendas que luego se alquilaban. El 25 de febrero presentó concurso de acreedores y su consejero delegado, según el diario británico —que aclara que se trata de informaciones no confirmadas—, se habría marchado a Dubái. MSF, claro, no era un banco, pero había obtenido, para luego prestarlos, unos 2.500 millones de libras (alrededor de 2.900 millones de euros) de entidades bancarias como Barclays, Apollo y Santander. Barclays sería el banco más afectado, muy por delante de los otros. Ana Botín, también según Financial Times, que cita unas declaraciones a Bloomberg, comparó la situación con las picaduras de medusa: «A veces te pican, pero si tienes cuidado, no importa. Aun así, puedes nadar. Puedes dar un préstamo que no funciona, pero te pones algo de protección».. En España, en cualquier caso, el fenómeno de los «créditos privados» es insignificante y residual. Existe, pero casi de forma testimonial, según los datos disponibles, los del Banco de España, gobernado por José Luis Escrivá.. La institución ha detectado que apenas unas 600 empresas han accedido a este tipo de financiación, frente a casi un millón de compañías que recurrieron a los bancos para obtener créditos. Son sobre todo empresas de los sectores tecnológico, industrial y de comunicaciones y, además, se han financiado a través de fondos de inversión financieros. No obstante, la Comisión Nacional del Mercado de Valores, presidida por Carlos San Basilio, intenta vigilar estas operaciones, por si acaso. Al fin y al cabo, hay que tener presente «la extrema fragilidad de la memoria financiera», como advirtió Galbraith.

 

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John Kenneth Galbraith (1908-2006), más o menos keynesiano, amigo y asesor del presidente John F. Kennedy (1917-1963), y autor de éxito como divulgador económico, señaló en su libro Breve historia de la euforia financiera que «la extrema fragilidad de la memoria en asuntos financieros» es uno de los factores principales que explican las sucesivas crisis económico-financieras y su repetición casi cíclica.. Estimaba que, de forma aproximada, la memoria financiera apenas dura una generación, es decir, entre veinte y veinticinco años. «Cuando se vuelven a dar las mismas circunstancias –escribió– o también otras muy parecidas, son saludadas por una nueva generación, a menudo plena de juventud, como un descubrimiento innovador», que suele terminar en desastre.. La bonanza económica de principios de siglo y lo que Alan Greenspan, presidente entonces de la Reserva Federal (Fed) estadounidense, denominó «exuberancia irracional» de los mercados fomentó, entre otras cosas, el auge de un producto financiero llamado «hipotecas subprime». Era confuso y poco comprensible tanto para quienes lo vendían como para quienes lo compraban.. Todo se sustentaba en una burbuja inmobiliaria que, un buen día, se pinchó, arrastró a las subprime y dio paso a la Gran Recesión de 2008 y los años siguientes, una crisis que fue global porque, de una manera o de otra, la mayoría de los mercados y de los bancos de casi todo el mundo estaban implicados —mejor dicho, pillados—, con la quiebra de Lehman Brothers como hito paradigmático.. Una generación más tarde, hay quien vuelve a ver nubarrones en el horizonte, que además se complican con la guerra de Donald Trump en Irán. Ahora el problema no está en las hipotecas subprime, sino en el llamado «crédito privado». Son los préstamos que ofrecen entidades no bancarias —sobre todo fondos de inversión— de forma directa a las empresas. Surgieron a raíz de los controles y exigencias impuestos por las distintas autoridades a los bancos para conceder financiación.. Los fondos de inversión y otras entidades deben cumplir menos requisitos y, para bastantes empresas, es más fácil endeudarse de esa manera. El problema, como siempre, surge cuando esos préstamos —concedidos sobre todo a compañías del sector tecnológico o inmobiliarias— dejan de pagarse. Entonces, los fondos tienen también dificultades para devolver el dinero a sus partícipes cuando lo solicitan. Es lo que ha ocurrido ya con algunos fondos de Blackstone, Morgan Stanley, Blue Owl o Cliffwater en Estados Unidos. De momento, parece un fenómeno limitado, pero algunas alarmas se han encendido.. Jamie Dimon, presidente y consejero delegado de JPMorgan, uno de los grandes bancos de Wall Street, ha dicho que «cuando ves una cucaracha, generalmente hay más; así que todos estamos avisados». El banquero se refería, claro, a los problemas de esos fondos y también a otros casos.. MSF (Market Financial Solutions) es uno de esos ejemplos, como detalla el Financial Times. Fundada en 2006 en Londres, la firma ofrecía créditos puente y también hipotecas para la compra de viviendas que luego se alquilaban. El 25 de febrero presentó concurso de acreedores y su consejero delegado, según el diario británico —que aclara que se trata de informaciones no confirmadas—, se habría marchado a Dubái. MSF, claro, no era un banco, pero había obtenido, para luego prestarlos, unos 2.500 millones de libras (alrededor de 2.900 millones de euros) de entidades bancarias como Barclays, Apollo y Santander. Barclays sería el banco más afectado, muy por delante de los otros. Ana Botín, también según Financial Times, que cita unas declaraciones a Bloomberg, comparó la situación con las picaduras de medusa: «A veces te pican, pero si tienes cuidado, no importa. Aun así, puedes nadar. Puedes dar un préstamo que no funciona, pero te pones algo de protección».. En España, en cualquier caso, el fenómeno de los «créditos privados» es insignificante y residual. Existe, pero casi de forma testimonial, según los datos disponibles, los del Banco de España, gobernado por José Luis Escrivá.. La institución ha detectado que apenas unas 600 empresas han accedido a este tipo de financiación, frente a casi un millón de compañías que recurrieron a los bancos para obtener créditos. Son sobre todo empresas de los sectores tecnológico, industrial y de comunicaciones y, además, se han financiado a través de fondos de inversión financieros. No obstante, la Comisión Nacional del Mercado de Valores, presidida por Carlos San Basilio, intenta vigilar estas operaciones, por si acaso. Al fin y al cabo, hay que tener presente «la extrema fragilidad de la memoria financiera», como advirtió Galbraith.

 

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