Muchas personas desconocen con que pensión se podrán jubilar una vez llegado el momento. Muchos trabajadores no tienen claro es cómo se calcula exactamente su retribución, qué papel juega el historial de cotización, qué ha cambiado este mismo año o qué diferencias existen según el tipo de carrera profesional. Pensumo, sistema de pensiones de Ibercaja, ha recogido algunas de las claves necesarias para comprender este proceso.
Para calcular fácilmente a cuánto ascenderá la cuantía, hay que saber que el sistema español ofrece una de las tasas de sustitución más altas de la OCDE: para un trabajador con carrera completa y salario medio, la pensión pública cubre el 80,4% del último sueldo, muy por encima de la media de la OCDE (56,3%) y de la Unión Europea (56,9%), según el informe “Pensions at a Glance”.
La cobertura varía según el nivel de renta: al existir una pensión máxima, que asciende a 3.359,60 euros mensuales en 2026, y una base máxima de cotización, de 5.101,20 euros mensuales, la proporción del sueldo que cubre la pensión pública es menor cuanto más se gana, en torno al 49,6% para quien duplica el salario medio.
Este un diseño busca dar más peso relativo a las rentas bajas y medias, y explica por qué el ahorro complementario cobra especial sentido a partir de ciertos niveles de ingresos.
Nuevo método de cálculo
Sin embargo hay que tener en cuenta que este 2026 ha entrado en vigor un nuevo método de cálculo de la base reguladora, con una fórmula dual entre la que cada trabajador puede elegir la opción que más le beneficie, mientras que la edad legal de jubilación ordinaria ha aumentado dos meses más, junto con la edad de la jubilación anticipada.
Entre otras cosas, el nuevo modelo amplía gradualmente el periodo que se tiene en cuenta para calcular la base reguladora hacia los 25 mejores años dentro de una ventana de 29, y no solo los últimos años trabajados. Esto hace que una carrera de cotización larga y estable sea cada vez más determinante para acercarse al 100% de la base reguladora, un porcentaje al que ya de entrada se accede de forma parcial, con un mínimo de 15 años cotizados para alcanzar el 50%.
Otra novedad que conviene tener en cuenta es el incentivo por demorar la jubilación: quien decide seguir trabajando una vez alcanzada la edad ordinaria puede sumar un 4% adicional a su pensión por cada año completo de retraso, o un 2% por cada semestre a partir del segundo año, además de poder optar por cobrar parte de ese incentivo como pago único.
Existe además un incentivo distinto para quienes, tras haber estado ya jubilados al menos seis meses, deciden volver a trabajar a tiempo parcial: podrán percibir un complemento de hasta el 25% sobre la parte de la pensión compatible con el empleo si la jornada está entre el 55% y el 80%, o del 15% si está entre el 33% y el 55%, según el Real Decreto 416/2026, de 27 de mayo, que entra en vigor el 28 de agosto de 2026.
El tipo de carrera profesional, influye
La pensión final no depende solo del salario, sino también del tipo de trayectoria laboral. Los autónomos, por ejemplo, reciben de media una pensión sensiblemente inferior a la del Régimen General -1.004 euros frente a 1.659 euros mensuales, según datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones-, en gran parte como reflejo del anterior sistema de cotización por bases fijas, no siempre ligadas a los ingresos reales.
Es una diferencia que el propio Gobierno reconoce y que la nueva regularización de cotizaciones de autónomos, aprobada con el respaldo del 75% del Congreso, busca corregir de forma progresiva, homogeneizando poco a poco su cotización con la de los trabajadores por cuenta ajena.
De igual modo, las carreras con periodos de menor cotización, por reducciones de jornada, excedencias u otras circunstancias, dan lugar a pensiones más ajustadas, algo que el sistema compensa parcialmente con complementos específicos, como el que existe para los periodos vinculados al cuidado de hijos, fijado en 36,90 euros mensuales por hijo en 2026.
Estas diferencias no son necesariamente definitivas. Existen mecanismos, como el convenio especial con la Seguridad Social, que permiten cubrir determinados periodos sin cotización y mejorar así la base reguladora final. Conocerlos con tiempo, antes de acercarse a la edad de jubilación, da margen para tomar decisiones que de otro modo pasan desapercibidas y ayuda a anticipar qué combinación de pensión pública y ahorro propio conviene en cada caso.
La jubilación dura cada vez más
Pese a que el contexto general del sistema de pensiones español ha mejorado en los últimos años, pues en 2026 hay 2,46 cotizantes por cada pensionista, la mejor cifra desde 2011, gracias a los niveles récord de afiliación y empleo, según datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.
Aunque es una buena noticia para la sostenibilidad del sistema de reparto, hay que tener en cuenta que la duración media de la jubilación sigue alargándose: quien se retira hoy puede pasar veinte años o más cobrando su pensión, frente a los diez o doce años que se preveían hace apenas medio siglo.
La complementación es baja
La preocupación por la pensión futura es alta, pero la acción para complementarla es baja. Solo alrededor del 15% de la población cuenta con un plan de pensiones individual, y en 2025 las prestaciones de los planes individuales superaron a las aportaciones, con un saldo negativo de 711 millones de euros.
Esto no suele deberse a falta de recursos, sino a percepción: seguimos calculando mentalmente la jubilación como una etapa corta y lejana, cuando las cifras muestran justo lo contrario.
Por eso han ido apareciendo en los últimos años fórmulas de ahorro complementario más sencillas que un plan de pensiones tradicional, como el ahorro vinculado al consumo diario, que permite ir generando un complemento para la jubilación sin cambiar de hábitos ni destinar cada mes una cantidad fija.
La clave de estas fórmulas no está tanto en el importe de cada aportación como en la constancia: pequeñas cantidades mantenidas a lo largo de los años, gracias al efecto del interés compuesto, terminan generando un colchón bastante mayor de lo que parece a simple vista.
Muchas personas desconocen con que pensión se podrán jubilar una vez llegado el momento. Muchos trabajadores no tienen claro es cómo se calcula exactamente su retribución, qué papel juega el historial de cotización, qué ha cambiado este mismo año o qué diferencias existen según el tipo de carrera profesional. Pensumo, sistema de pensiones de Ibercaja, ha recogido algunas de las claves necesarias para comprender este proceso.
Para calcular fácilmente a cuánto ascenderá la cuantía, hay que saber que el sistema español ofrece una de las tasas de sustitución más altas de la OCDE: para un trabajador con carrera completa y salario medio, la pensión pública cubre el 80,4% del último sueldo, muy por encima de la media de la OCDE (56,3%) y de la Unión Europea (56,9%), según el informe “Pensions at a Glance”.
La cobertura varía según el nivel de renta: al existir una pensión máxima, que asciende a 3.359,60 euros mensuales en 2026, y una base máxima de cotización, de 5.101,20 euros mensuales, la proporción del sueldo que cubre la pensión pública es menor cuanto más se gana, en torno al 49,6% para quien duplica el salario medio.
Este un diseño busca dar más peso relativo a las rentas bajas y medias, y explica por qué el ahorro complementario cobra especial sentido a partir de ciertos niveles de ingresos.
Nuevo método de cálculo
Sin embargo hay que tener en cuenta que este 2026 ha entrado en vigor un nuevo método de cálculo de la base reguladora, con una fórmula dual entre la que cada trabajador puede elegir la opción que más le beneficie, mientras que la edad legal de jubilación ordinaria ha aumentado dos meses más, junto con la edad de la jubilación anticipada.
Entre otras cosas, el nuevo modelo amplía gradualmente el periodo que se tiene en cuenta para calcular la base reguladora hacia los 25 mejores años dentro de una ventana de 29, y no solo los últimos años trabajados. Esto hace que una carrera de cotización larga y estable sea cada vez más determinante para acercarse al 100% de la base reguladora, un porcentaje al que ya de entrada se accede de forma parcial, con un mínimo de 15 años cotizados para alcanzar el 50%.
Otra novedad que conviene tener en cuenta es el incentivo por demorar la jubilación: quien decide seguir trabajando una vez alcanzada la edad ordinaria puede sumar un 4% adicional a su pensión por cada año completo de retraso, o un 2% por cada semestre a partir del segundo año, además de poder optar por cobrar parte de ese incentivo como pago único.
Existe además un incentivo distinto para quienes, tras haber estado ya jubilados al menos seis meses, deciden volver a trabajar a tiempo parcial: podrán percibir un complemento de hasta el 25% sobre la parte de la pensión compatible con el empleo si la jornada está entre el 55% y el 80%, o del 15% si está entre el 33% y el 55%, según el Real Decreto 416/2026, de 27 de mayo, que entra en vigor el 28 de agosto de 2026.
El tipo de carrera profesional, influye
La pensión final no depende solo del salario, sino también del tipo de trayectoria laboral. Los autónomos, por ejemplo, reciben de media una pensión sensiblemente inferior a la del Régimen General -1.004 euros frente a 1.659 euros mensuales, según datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones-, en gran parte como reflejo del anterior sistema de cotización por bases fijas, no siempre ligadas a los ingresos reales.
Es una diferencia que el propio Gobierno reconoce y que la nueva regularización de cotizaciones de autónomos, aprobada con el respaldo del 75% del Congreso, busca corregir de forma progresiva, homogeneizando poco a poco su cotización con la de los trabajadores por cuenta ajena.
De igual modo, las carreras con periodos de menor cotización, por reducciones de jornada, excedencias u otras circunstancias, dan lugar a pensiones más ajustadas, algo que el sistema compensa parcialmente con complementos específicos, como el que existe para los periodos vinculados al cuidado de hijos, fijado en 36,90 euros mensuales por hijo en 2026.
Estas diferencias no son necesariamente definitivas. Existen mecanismos, como el convenio especial con la Seguridad Social, que permiten cubrir determinados periodos sin cotización y mejorar así la base reguladora final. Conocerlos con tiempo, antes de acercarse a la edad de jubilación, da margen para tomar decisiones que de otro modo pasan desapercibidas y ayuda a anticipar qué combinación de pensión pública y ahorro propio conviene en cada caso.
La jubilación dura cada vez más
Pese a que el contexto general del sistema de pensiones español ha mejorado en los últimos años, pues en 2026 hay 2,46 cotizantes por cada pensionista, la mejor cifra desde 2011, gracias a los niveles récord de afiliación y empleo, según datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.
Aunque es una buena noticia para la sostenibilidad del sistema de reparto, hay que tener en cuenta que la duración media de la jubilación sigue alargándose: quien se retira hoy puede pasar veinte años o más cobrando su pensión, frente a los diez o doce años que se preveían hace apenas medio siglo.
La complementación es baja
La preocupación por la pensión futura es alta, pero la acción para complementarla es baja. Solo alrededor del 15% de la población cuenta con un plan de pensiones individual, y en 2025 las prestaciones de los planes individuales superaron a las aportaciones, con un saldo negativo de 711 millones de euros.
Esto no suele deberse a falta de recursos, sino a percepción: seguimos calculando mentalmente la jubilación como una etapa corta y lejana, cuando las cifras muestran justo lo contrario.
Por eso han ido apareciendo en los últimos años fórmulas de ahorro complementario más sencillas que un plan de pensiones tradicional, como el ahorro vinculado al consumo diario, que permite ir generando un complemento para la jubilación sin cambiar de hábitos ni destinar cada mes una cantidad fija.
La clave de estas fórmulas no está tanto en el importe de cada aportación como en la constancia: pequeñas cantidades mantenidas a lo largo de los años, gracias al efecto del interés compuesto, terminan generando un colchón bastante mayor de lo que parece a simple vista.
