Gracias a varias series de televisión, llevamos unos meses sumidos en un curso intensivo sobre masculinidad tóxica. De sus causas, consecuencias y de las razones por las que no darle pábulo. Half Man de Richard Gadd y Tip Toe de Russell T. Davies nos han mostrado hace poco que hay hombres que mueren por ella. Hasta la ciencia dice que la presión del hombre actual por mostrarse fuerte e invulnerable le genera problemas de salud mental y le rompe literalmente el corazón. Cumplir con el ideal del machote se convierte en un lastre para su salud cardiovascular incluso en edades tempranas. Pero ha llegado Elizabeth Meriwether para recordarnos a través de la magnífica Furious (Disney+) que siempre hay un piso más profundo en esta espiral de comportamientos destructivos. Y que las mujeres suelen ser las que se llevan la peor parte.
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Elizabeth Meriwether muestra sin reparos las secuelas y contradicciones de mujeres que han sufrido violencia a través de dos personajes que solo son queribles a ratos. A ratos muy cortos
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Gracias a varias series de televisión, llevamos unos meses sumidos en un curso intensivo sobre masculinidad tóxica. De sus causas, consecuencias y de las razones por las que no darle pábulo. Half Man de Richard Gadd y Tip Toe de Russell T. Davies nos han mostrado hace poco que hay hombres que mueren por ella. Hasta la ciencia dice que la presión del hombre actual por mostrarse fuerte e invulnerable le genera problemas de salud mental y le rompe literalmente el corazón. Cumplir con el ideal del machote se convierte en un lastre para su salud cardiovascular incluso en edades tempranas. Pero ha llegado Elizabeth Meriwether para recordarnos a través de la magnífica Furious (Disney+) que siempre hay un piso más profundo en esta espiral de comportamientos destructivos. Y que las mujeres suelen ser las que se llevan la peor parte.
La miniserie se construye contraponiendo a dos personajes. Alice (la estrella que no es y debería ser Emmy Rossum) abandonó la Policía de Nueva York para escapar de su novio, compañero de trabajo y agresor. Una segunda oportunidad le lleva a perseguir a Catherine (caleidoscópica Lola Petticrew), una asesina en serie que está ejecutando una meticulosa venganza contra hombres poderosos vinculados a una oscura red de abusos.
La evolución de Meriwether como creadora de series hasta llegar a Furious muestra una lógica abismal. De la comedia de situación New Girl pasó a retratar un fraude de emprendedora gestado a la sombra del patriarcado, la Elizabeth Holmes de The Dropout, y terminó revirtiendo los clichés del deseo femenino en Dying for Sex. Ahora, se adentra en caminos poco explorados por la ficción audiovisual en torno a lo que supone para una mujer ser víctima de abuso y violencia. Lo hace sin reparos al mostrar las secuelas y contradicciones de quienes las han sufrido, con personajes femeninos que solo son queribles a ratos. A ratos muy cortos.
En este juego de la ratona y la gata, la violencia ejercida contra las mujeres funciona como catalizador de más violencia, sin hacer de ella un morboso gancho para entretener al espectador. Tampoco reproduce el glamur y la ironía de Killing Eve, sino que prefiere recrearse en el crudo reflejo existente entre las dos protagonistas, cuyas pulsiones no son tan distantes. Furious es un díptico del dolor y la ira femeninas en la era Epstein en el que muchos espectadores se sorprenderán a sí mismos apoyando a estos dos personajes a pesar de los errores que cometen. O, lo que es más catártico e intrincado, apoyándolos precisamente en los errores que cometen.
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