Aplaudan, de verdad. Aplaudan a Carlos Alcaraz y a todos los que le han ayudado a volver al tenis de esta manera, porque esto no es simplemente regresar después de una larga lesión: es hacerlo como si no hubiera pasado nada. Sin miedo, sin tanteos, sin protegerse siquiera. Brazo derecho suelto, piernas rápidas, golpes poderosos, imaginación a raudales. El Alcaraz de siempre. Solo que después de cuatro meses que podían haberlo cambiado todo. Y, en realidad, no ha cambiado nada.
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