El jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, estará presente este fin de semana en la reunión de ministros de Exteriores del G-20 en Atlanta (Georgia, Estados Unidos). Y su presencia en esta cita anual, por primera vez desde el comienzo de la guerra en Ucrania en 2022, con la consternación de los representantes europeos y sin la participación de su homólogo ucranio —Kiev no forma parte del grupo de países con las mayores economías del mundo, pero había estado invitada a este tipo de citas en años previos—, agita un encuentro que comenzó este viernes para tratar asuntos como ese conflicto y la ofensiva contra Irán. El rechazo europeo al ministro de Exteriores de Rusia ha impedido hacer la tradicional foto de familia de este tipo de citas, prevista en principio para la mañana de este viernes. Eliminada de la agenda, se desconoce si habrá algún tipo de imagen paralela, excluido Lavrov.. Seguir leyendo
El jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, estará presente este fin de semana en la reunión de ministros de Exteriores del G-20 en Atlanta (Georgia, Estados Unidos). Y su presencia en esta cita anual, por primera vez desde el comienzo de la guerra en Ucrania en 2022, con la consternación de los representantes europeos y sin la participación de su homólogo ucranio —Kiev no forma parte del grupo de países con las mayores economías del mundo, pero había estado invitada a este tipo de citas en años previos—, agita un encuentro que comenzó este viernes para tratar asuntos como ese conflicto y la ofensiva contra Irán. El rechazo europeo al ministro de Exteriores de Rusia ha impedido hacer la tradicional foto de familia de este tipo de citas, prevista en principio para la mañana de este viernes. Eliminada de la agenda, se desconoce si habrá algún tipo de imagen paralela, excluido Lavrov.
No solo es la invitación de la Casa Blanca a Lavrov —sancionado internacionalmente por su papel en la guerra—, en medio de una serie de pasos de acercamiento entre Washington y Moscú, lo que complica una reunión que, en principio, debía ser, sobre todo, técnica, para preparar la cumbre de jefes de Estado del G-20 que se celebrará los próximos 14 y 15 de diciembre en el club de golf de Donald Trump en Doral (Florida). El presidente ruso, Vladímir Putin, está invitado a ese encuentro, si bien aún no ha confirmado si acudirá.
También se suma que el encuentro en Atlanta llega apenas cuatro días antes de las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos, en las que las encuestas pronostican un serio vapuleo al Partido Republicano de Trump. Y que la cita será la primera ocasión en que el secretario de Estado, Marco Rubio, y el ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, se vean las caras desde la fuga del excandidato presidencial de ultraderecha brasileño, Flávio Bolsonaro, a Miami el pasado miércoles, tras su derrota en las elecciones del domingo, en las que Luiz Inácio Lula da Silva renovó su mandato para otros cuatro años.
Las tensiones quedaban claras desde el primer momento. “En este momento, parto de la base de que no habrá ninguna foto de familia. En cualquier caso, no habrá ninguna en la que nuestros socios europeos aparezcan junto al señor Lavrov”, confirmó el ministro alemán de Exteriores, Johann Wadepuhl, a los periodistas a su llegada a la cumbre. “No puede haber normalidad con Rusia” dada la guerra en curso en Ucrania, ha alegado. El veto europeo a Lavrov, sin embargo, no es absoluto: todos se sentarán a la mesa de negociación para abordar los principales asuntos internacionales a lo largo de dos días.
Según ha anunciado la portavoz del Kremlin, Maria Zajárova, Moscú planea utilizar la visita de su titular de Exteriores para “promover las ideas rusas, encaminadas a fortalecer las bases de un mundo multipolar”. No es la primera vez que un ministro ruso viaja a Estados Unidos este año: la presencia de Anton Siluanov, también sancionado, en la reunión de representantes de Finanzas del G-20 en Asheville (Carolina del Norte) desencadenó una profunda división entre los participantes. Pero el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se reunió con él en un aparte.

El medio digital Politico cita a un diplomático europeo para apuntar la posibilidad de que en esta ocasión haya dos fotos distintas del grupo de participantes, las llamadas “fotos de familia” en las que los ministros posan todos juntos ante las cámaras de la prensa y que forman parte del ritual de este tipo de encuentros.
La visita de Lavrov llega en medio de un nuevo impulso de la Casa Blanca para tratar de poner fin a la guerra en Ucrania, que Trump había prometido terminar en 24 horas tras su llegada a la Casa Blanca y que ya ha superado los cuatro años y medio de combates. Trump envió la semana pasada a su emisario personal, Steve Witkoff, a reunirse por separado con Putin y el presidente ucranio, Volodímir Zelenski. El Departamento de Estado no ha hecho comentarios sobre una exención de sanciones para facilitar el viaje del representante ruso a Atlanta.
El secretario de Estado, Marco Rubio, no hizo alusión a estas tensiones en su discurso de apertura de la reunión, donde sí aludió a lo que considera un “momento crítico” para el mundo. “Nos encontramos en un momento crítico no solo para mi país, Estados Unidos, sino también para el mundo entero, la verdad. Afrontamos una serie de crisis económicas y geopolíticas interconectadas, muchas de las cuales plantean amenazas graves a los fundamentos esenciales del orden económico mundial”, sostuvo.
Trump y Putin trabajan para organizar una reunión con el presidente chino, Xi Jinping, en noviembre, durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en la ciudad china de Shenzhen, en la que el trío abordaría la guerra de Ucrania. Esa posibilidad ha suscitado el malestar de Zelenski, que quedaría excluido de esa cita.
La Administración de Trump quiere que la reunión de Atlanta, que concluirá el sábado, se centre en un compromiso para garantizar la libertad de navegación, especialmente en el estratégico estrecho de Ormuz, bloqueado desde el comienzo de la guerra contra Irán. También quiere tratar sobre la seguridad alimentaria y energética, y las cadenas de suministro.
Estados Unidos también quiere tratar la situación en el mar Negro, afectado por la guerra de Ucrania, y en el mar del Sur de China, donde el gigante asiático se atribuye la soberanía de la mayor parte de sus aguas.
