Fue a las cuatro de la madrugada del viernes pasado. Varios drones alcanzaron al Wine Trader, un buque cisterna que transportaba productos químicos y navegaba por el mar Negro a unos 25 kilómetros de la localidad rumana de Sulina, en la desembocadura del Danubio y a un paso de la frontera con Ucrania. Las explosiones provocaron un incendio y dañaron gravemente la embarcación. Cinco marineros pudieron ser rescatados, pero otros siete permanecen desaparecidos. “Los que tenían sus camarotes en los niveles superiores tuvieron tiempo de salvarse”, explican desde el Sindicato Libre de Navegantes de Rumania. Los desaparecidos, en cambio, probablemente quedaron atrapados bajo la estructura metálica de la embarcación. Esta ofensiva culminó una escalada de incidentes que ha golpeado en apenas diez días a siete mercantes frente a las costas de Rumania y Bulgaria.
Fue a las cuatro de la madrugada del viernes pasado. Varios drones alcanzaron al Wine Trader, un buque cisterna que transportaba productos químicos y navegaba por el mar Negro a unos 25 kilómetros de la localidad rumana de Sulina, en la desembocadura del Danubio y a un paso de la frontera con Ucrania. Las explosiones provocaron un incendio y dañaron gravemente la embarcación. Cinco marineros pudieron ser rescatados, pero otros siete permanecen desaparecidos. “Los que tenían sus camarotes en los niveles superiores tuvieron tiempo de salvarse”, explican desde el Sindicato Libre de Navegantes de Rumania. Los desaparecidos, en cambio, probablemente quedaron atrapados bajo la estructura metálica de la embarcación. Esta ofensiva culminó una escalada de incidentes que ha golpeado en apenas diez días a siete mercantes frente a las costas de Rumania y Bulgaria.
En vista de estos ataques recientes en la costa oriental de la Unión Europea, que han causado la muerte y desaparición de varias personas, el Parlamento Europeo ha aprobado este jueves una resolución que pide a los Veintisiete desplegar una misión naval en el mar Negro. La medida señala que los ataques en la región se ajustan a “un patrón claro de escalada rusa” en el que Moscú, “principal responsable del deterioro de la situación en la región”, ha atacado “sistemáticamente” a la navegación civil. Los eurodiputados reclaman, además, a la OTAN algún tipo de iniciativa en la región y piden mayor cooperación entre Bulgaria, Rumanía y Turquía.
Los eurodiputados han llegado más lejos que los propios países atacados al atribuir la responsabilidad a Rusia. Aunque las autoridades rumanas y búlgaras sospechan de Moscú, ambos países se han mostrado cautos a la hora de acusar directamente al Kremlin ante la ausencia de pruebas materiales concluyentes.
La sucesión de incidentes, sin embargo, ha alimentado el temor a una extensión de la guerra de Ucrania y llevó a la OTAN a anunciar el martes el despliegue de aviones de patrulla marítima, radares, drones y equipos de inteligencia para mejorar la detección de amenazas y la coordinación entre los aliados. El refuerzo busca aumentar la capacidad de alerta y seguimiento en una región especialmente expuesta a las consecuencias de la guerra, aunque no supone una escolta militar permanente para los buques mercantes.
El balance preliminar de esta serie de bombardeos es de dos marineros muertos y 28 desaparecidos. La cadena comenzó a principios de octubre, el día 5, cuando el carguero turco Royad Mammadov, cargado de maíz, se incendió tras un ataque con drones y acabó naufragando frente a Rumania. Dos de sus 13 tripulantes murieron. Un día después, dos buques, el Able y el Alfa Watan, sufrieron otra embestida frente a Bulgaria. Los 18 tripulantes del primero sobrevivieron, mientras que los diez marineros que viajaban en el segundo continúan desaparecidos.
En los siguientes días, los proyectiles alcanzaron también al HS Dignity, hundido con 11 tripulantes desaparecidos, y al Chelsea 3, cuyos quince ocupantes fueron evacuados. Y el jueves pasado un dron impactó en el petrolero Yara J en aguas rumanas, aunque toda su tripulación salió ilesa.

El presidente de Rumania, Nicusor Dan, celebró la medida de la OTAN. “La solidaridad de los aliados es inquebrantable. El compromiso de defender cada territorio aliado, incluidas nuestras aguas y nuestro espacio aéreo, es compartido por toda la Alianza”, escribió en la red social Facebook. La semana anterior, el mandatario se había reunido en Bruselas con el primer ministro búlgaro, Rumen Radev, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para fortalecer la seguridad marítima. “Esperamos un mayor apoyo mediante capacidades adicionales para combatir los drones, la vigilancia, el reconocimiento y la experiencia, así como una postura adaptada y consolidada de la OTAN en la región”, reclamó Dan.
La velocidad de los drones ha añadido una nueva dificultad a la defensa del flanco oriental de la OTAN. El sábado, dos cazas F-16 rumanos derribaron dos aparatos que habían penetrado en su espacio aéreo, cerca de Sulina. Según el entonces ministro de Defensa interino, Radu Miruta, volaban a 450 kilómetros por hora, frente a los entre 150 y 170 a los que se desplazaban los detectados con anterioridad.
“Es la primera vez que derribamos este tipo de drones”, señaló Miruta. Las primeras comprobaciones, añadió, apuntaban a aparatos rusos del modelo Geran-4, equipados con motor turbohélice, aunque admitió que la identificación sigue pendiente de confirmación técnica. Los dos objetos fueron interceptados con cuatro minutos de diferencia. No es, con todo, la primera vez que se neutraliza un objeto no tripulado: en julio, los cazas rumanos ya habían abatido tres en solo 48 horas; en agosto, dos F-18 españoles desplegados en una misión de la policía aérea de la OTAN se vieron obligados a despegar para interceptar un dron que acabó estrellándose.
“La velocidad cambia las reglas de la defensa. Cuanto menos tiempo transcurre entre la detección y la llegada del objetivo, menor es el margen para identificarlo, calcular su trayectoria y decidir cómo interceptarlo”, puntualiza Hari Bucur Marcu, experto en política de seguridad y antiguo piloto militar.
El desafío, sin embargo, va más allá de destruir un dron que se dirige hacia el espacio aéreo nacional: “Un mercante puede encontrarse lejos de la costa, sin escolta militar y expuesto a ataques cuya procedencia no siempre puede determinarse de inmediato”, añade Bucur Marcu.

Para afrontar esta nueva grieta en el flanco oriental, Rumania propuso a los aliados la creación de un mando militar liderado de forma rotatoria por ella misma, por Bulgaria y por Turquía con el objetivo de mejorar la coordinación de la vigilancia, el intercambio de información y la respuesta ante nuevas incursiones. Bucarest se ha ofrecido a asumir la dirección a partir de 2028. Al mismo tiempo, los tres países están promoviendo una moratoria sobre los ataques contra buques comerciales.
La respuesta aliada ya había empezado a materializarse sobre el terreno de manera puntual. Francia envió el 18 de octubre un avión de reconocimiento marítimo a Rumania, mientras que Estados Unidos desplegó una aeronave de patrulla marítima P-8A Poseidon, que llegó el domingo a Varna (Bulgaria), procedente de la base siciliana de Sigonella (Italia) y que comenzó a sobrevolar el mar Negro para vigilar el tráfico de los mercantes.
La vulnerabilidad en la región no es únicamente militar. El mar Negro es una salida fundamental para las exportaciones agrícolas de Ucrania y un corredor importante para el comercio regional de petróleo y otras materias primas. Los ataques han disparado el precio de los seguros de los barcos, lo que puede apremiar a los armadores a cambiar sus rutas y encarecer el precio del cereal, asegura Tomas Alexa, analista de riesgos marítimos de Ambrey. “La intención de Rusia es clara: reducir las exportaciones de cereales y productos agrícolas de Ucrania”, agrega.
Por su parte, ex secretario de Estado de Exteriores, Stefan Popescu, advierte de que la respuesta no puede limitarse a interceptar drones cuando ya han entrado en el espacio aéreo de un país aliado. “El reto consiste en reforzar la protección sin convertir cada incidente en una confrontación militar directa con Rusia. El refuerzo de la vigilancia anunciado en Bruselas supone un paso, pero se necesita una coordinación permanente”, indica el analista. “La cuestión pasa por si los aliados conseguirán proteger a las tripulaciones y mantener abiertas las rutas comerciales sin ampliar aún más el perímetro de la guerra de Ucrania”.
