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Destacaba su excepcional y discreta inteligencia puesta al servicio de los demás. Inteligencia solidaria fruto de su interés en explicarse las cosas, compartir y contrastar su aprendizaje con el entorno en el que desarrolló su vida


Ha fallecido Julián García Vargas y, con su partida, hemos perdido a un hombre cuyo recuerdo nos va a acompañar siempre, en el camino que a todos nos toca transitar con mayor o menor fortuna y premura.
Julián ha sido un amigo, un compañero, un padre y un abuelo que forma parte de la memoria que cada uno sea capaz de dibujar en los tiempos que hemos compartido con él. Destacaba su excepcional y discreta inteligencia puesta al servicio de los demás. Inteligencia solidaria fruto de su interés en explicarse las cosas, compartir y contrastar su aprendizaje con el entorno en el que desarrolló su vida.
Este valor de la solidaridad ejercido por Julián quizás tenga su semilla en la práctica sindical de su padre y, desde luego, germinó en su vocación de servicio público, inicialmente mediante la disciplina aplicada al acceso a los Cuerpos superiores de la Administración del Estado, como funcionario de carrera y por la posterior asunción de importantes responsabilidades políticas en los años de nuestra democracia.
Creo que Julián ha sido uno de los mejores políticos con que ha contado la sociedad española en el tiempo de nuestra democracia. Fue presidente del Instituto de Crédito Oficial, Ministro de Sanidad y de Defensa en los gobiernos de aquel PSOE en el que militó con la razón, no ajena a los sentimientos, pero siempre con el rigor profesional con que gestionó sus decisiones. Julián fue impulsor destacado del modelo Sistema Nacional de Salud, derivado de la Ley General de Sanidad promovida ahora hace 40 años, en 1986 por Ernest Lluch y que extendió la protección solidaria de la salud a toda la población.
Algún disgusto político posterior le produjo a Julián la valoración de alguna de sus iniciativas, como el encargo y la puesta en marcha del Informe Abril, sobre las reformas del SNS, no sincronizado con el discurso oficial del momento.
Creo que tanto los servidores de la Sanidad Pública, como de las Fuerzas Armadas a cuyo frente estuvo, le reconocerán su permanente disposición a escuchar, a aprender y a asumir la responsabilidad de sus decisiones. Siempre protegió a quienes le argumentaban con razones la conveniencia de estas.
Hombre muy atento a lo que pasaba en el mundo, observador de los matices y con sentido del humor con el que acompañaba el debate. Tuvimos también sus amigos de la tertulia mensual del Puchero la ocasión de compartir sus didácticas explicaciones sobre estrategia militar y el progreso tecnológico de nuestras FF.AA.
Compañero permanente de Araceli y de sus compromisos con los valores de la vida y de su contribución al mundo de la cultura en nuestro país. Padre exigente con sus hijos Roldan y Ulises y abuelo feliz con los nietos. Amigo de sus amigos siempre. Te vamos a echar de menos, pero no te vamos a olvidar. Vuelve a la tierra, sembrando los valores que practicaste en vida.
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