La museóloga vasca Idoia Arana Beobide puso por primera vez un pie en la ciudad canadiense de Ottawa el 4 de enero de 1984. Tenía 19 años y un equipaje con lo básico para pasar un año aprendiendo inglés antes de comenzar la universidad. Pero su año sabático acabó convirtiéndose en una vida al otro lado del océano y en el camino para recuperar la memoria común entre Euskadi y los pueblos indígenas de este país norteamericano. Ese nexo histórico que se remonta al siglo XVI, cuando miles de marineros vascos viajaron a aguas canadienses para cazar ballenas y pescar bacalao, estableciendo una próspera industria junto con la población local.. Seguir leyendo
La museóloga vasca Idoia Arana Beobide puso por primera vez un pie en la ciudad canadiense de Ottawa el 4 de enero de 1984. Tenía 19 años y un equipaje con lo básico para pasar un año aprendiendo inglés antes de comenzar la universidad. Pero su año sabático acabó convirtiéndose en una vida al otro lado del océano y en el camino para recuperar la memoria común entre Euskadi y los pueblos indígenas de este país norteamericano. Ese nexo histórico que se remonta al siglo XVI, cuando miles de marineros vascos viajaron a aguas canadienses para cazar ballenas y pescar bacalao, estableciendo una próspera industria junto con la población local.
