Las bajas laborales han dejado de ser una cuestión que afecta únicamente a la relación entre una empresa y sus trabajadores. Su impacto se extiende al conjunto de la economía española y acaba llegando, de una forma u otra, al bolsillo de todos. Según un informe de Adecco, durante el primer trimestre de 2026 se perdieron 7,2 horas de cada 100 pactadas, mientras que el número de personas que, de media, se ausentaron cada día de su puesto de trabajo aumentó un 5%, hasta superar los 1,6 millones de trabajadores. Dentro de ese volumen, la incapacidad temporal representó 5,6 horas de cada centena, una cifra que ayuda a dimensionar el peso que tienen las bajas en la actividad laboral.. El coste económico también ha crecido con fuerza. Durante los tres primeros meses de 2026, el coste de las bajas aumentó un 10,3% respecto al mismo periodo del año anterior y alcanzó los 9.500 millones de euros, una cantidad equivalente a una parte muy significativa de los 11.764 millones de euros del presupuesto del Estado. Detrás de estas cifras hay empresas que deben reorganizar sus equipos, compañeros que asumen cargas adicionales y trabajadores que afrontan una situación de salud que puede impedirles desarrollar su actividad con normalidad. En medio de este escenario surge una pregunta incómoda, pero cada vez más presente en el debate sobre el absentismo, hasta dónde pueden llegar los controles durante una baja médica.. Ahí entra en escena una figura que suele trabajar lejos de los focos, pero que puede acabar teniendo un papel relevante en un conflicto laboral. Daniel Fontanals es detective privado y muestra la realidad de su oficio en redes sociales, donde acumula más de 97.000 seguidores. Su trabajo puede ser contratado por empresas y, dentro del marco legal, los detectives privados están habilitados para obtener información y pruebas sobre conductas o hechos privados relacionados con el ámbito laboral.. La legalidad del control en las bajas laborales. La Ley de Seguridad Privada permite estas investigaciones cuando existe un interés legítimo y establece que deben realizarse respetando los principios de razonabilidad, necesidad, idoneidad y proporcionalidad. Esto significa que una empresa puede recurrir a un detective para comprobar determinadas conductas durante una baja, pero el investigador no tiene carta blanca para entrar en la vida privada del trabajador.. La cuestión resulta especialmente delicada porque una baja médica no implica que una persona tenga que permanecer encerrada en casa ni que cualquier actividad realizada durante ese periodo sea automáticamente incompatible con su recuperación. El detective observa y documenta hechos, pero no determina si una conducta constituye fraude médico. Además, existen límites claros sobre los lugares en los que puede realizarse la investigación. La normativa impide investigar la vida íntima que transcurra en domicilios u otros lugares reservados y prohíbe utilizar medios que vulneren derechos como la intimidad, el honor o la propia imagen. La jurisprudencia ha confirmado que incluso una investigación aparentemente válida puede convertirse en ilícita si traspasa esos límites.. El caso real de un trabajador que tomaba la baja en verano. Fontanals cuenta uno de los casos que ha investigado para explicar cómo funciona este trabajo desde dentro. Se trataba de un trabajador que llevaba varios años cogiendo la baja durante tres o cuatro meses en verano. Durante una de esas situaciones, salió a última hora de la mañana, se fue a comer con unos amigos y posteriormente acudió con algunos de ellos a la playa. Allí, según relata el detective, tomó el sol, se dio un baño y llegó incluso a tomarse un par de cervezas.. La escena, vista desde fuera, podía generar sospechas, pero el propio Fontanals introduce una cuestión fundamental. «Desconocemos el motivo de la baja», explica, por lo que observar a una persona aparentemente sana no permite concluir por sí solo que esté incumpliendo las condiciones de su incapacidad temporal. Una persona puede realizar determinadas actividades durante una baja y seguir padeciendo una dolencia que le impida desempeñar su trabajo.. ¿Hasta dónde llega el control del detective?. Por eso, Fontanals insiste en que su cometido no consiste en convertirse en juez de la situación. «Mi trabajo como detective no es decidir si lo que hace es compatible con su baja o no, sino conseguir pruebas de lo que ocurre en realidad», señala. El informe recoge aquello que el investigador puede acreditar y será posteriormente el ámbito laboral o judicial el que determine qué consecuencias tiene esa conducta.. En palabras del propio detective, si tuviera que decidir sobre la compatibilidad de lo observado, «lo haría un juez» y él acudiría como «testigo cualificado» para defender el contenido de su informe. La frontera entre vigilancia y vulneración de derechos resulta, por tanto, esencial. El objetivo no debería ser demostrar que alguien está enfermo o sano, sino aportar hechos verificables dentro de los límites que marca la ley.
Las bajas laborales han dejado de ser una cuestión que afecta únicamente a la relación entre una empresa y sus trabajadores. Su impacto se extiende al conjunto de la economía española y acaba llegando, de una forma u otra, al bolsillo de todos. Según un informe de Adecco, durante el primer trimestre de 2026 se perdieron 7,2 horas de cada 100 pactadas, mientras que el número de personas que, de media, se ausentaron cada día de su puesto de trabajo aumentó un 5%, hasta superar los 1,6 millones de trabajadores. Dentro de ese volumen, la incapacidad temporal representó 5,6 horas de cada centena, una cifra que ayuda a dimensionar el peso que tienen las bajas en la actividad laboral.. El coste económico también ha crecido con fuerza. Durante los tres primeros meses de 2026, el coste de las bajas aumentó un 10,3% respecto al mismo periodo del año anterior y alcanzó los 9.500 millones de euros, una cantidad equivalente a una parte muy significativa de los 11.764 millones de euros del presupuesto del Estado. Detrás de estas cifras hay empresas que deben reorganizar sus equipos, compañeros que asumen cargas adicionales y trabajadores que afrontan una situación de salud que puede impedirles desarrollar su actividad con normalidad. En medio de este escenario surge una pregunta incómoda, pero cada vez más presente en el debate sobre el absentismo, hasta dónde pueden llegar los controles durante una baja médica.. Ahí entra en escena una figura que suele trabajar lejos de los focos, pero que puede acabar teniendo un papel relevante en un conflicto laboral. Daniel Fontanals es detective privado y muestra la realidad de su oficio en redes sociales, donde acumula más de 97.000 seguidores. Su trabajo puede ser contratado por empresas y, dentro del marco legal, los detectives privados están habilitados para obtener información y pruebas sobre conductas o hechos privados relacionados con el ámbito laboral.. La legalidad del control en las bajas laborales. La Ley de Seguridad Privada permite estas investigaciones cuando existe un interés legítimo y establece que deben realizarse respetando los principios de razonabilidad, necesidad, idoneidad y proporcionalidad. Esto significa que una empresa puede recurrir a un detective para comprobar determinadas conductas durante una baja, pero el investigador no tiene carta blanca para entrar en la vida privada del trabajador.. La cuestión resulta especialmente delicada porque una baja médica no implica que una persona tenga que permanecer encerrada en casa ni que cualquier actividad realizada durante ese periodo sea automáticamente incompatible con su recuperación. El detective observa y documenta hechos, pero no determina si una conducta constituye fraude médico. Además, existen límites claros sobre los lugares en los que puede realizarse la investigación. La normativa impide investigar la vida íntima que transcurra en domicilios u otros lugares reservados y prohíbe utilizar medios que vulneren derechos como la intimidad, el honor o la propia imagen. La jurisprudencia ha confirmado que incluso una investigación aparentemente válida puede convertirse en ilícita si traspasa esos límites.. El caso real de un trabajador que tomaba la baja en verano. Fontanals cuenta uno de los casos que ha investigado para explicar cómo funciona este trabajo desde dentro. Se trataba de un trabajador que llevaba varios años cogiendo la baja durante tres o cuatro meses en verano. Durante una de esas situaciones, salió a última hora de la mañana, se fue a comer con unos amigos y posteriormente acudió con algunos de ellos a la playa. Allí, según relata el detective, tomó el sol, se dio un baño y llegó incluso a tomarse un par de cervezas.. La escena, vista desde fuera, podía generar sospechas, pero el propio Fontanals introduce una cuestión fundamental. «Desconocemos el motivo de la baja», explica, por lo que observar a una persona aparentemente sana no permite concluir por sí solo que esté incumpliendo las condiciones de su incapacidad temporal. Una persona puede realizar determinadas actividades durante una baja y seguir padeciendo una dolencia que le impida desempeñar su trabajo.. ¿Hasta dónde llega el control del detective?. Por eso, Fontanals insiste en que su cometido no consiste en convertirse en juez de la situación. «Mi trabajo como detective no es decidir si lo que hace es compatible con su baja o no, sino conseguir pruebas de lo que ocurre en realidad», señala. El informe recoge aquello que el investigador puede acreditar y será posteriormente el ámbito laboral o judicial el que determine qué consecuencias tiene esa conducta.. En palabras del propio detective, si tuviera que decidir sobre la compatibilidad de lo observado, «lo haría un juez» y él acudiría como «testigo cualificado» para defender el contenido de su informe. La frontera entre vigilancia y vulneración de derechos resulta, por tanto, esencial. El objetivo no debería ser demostrar que alguien está enfermo o sano, sino aportar hechos verificables dentro de los límites que marca la ley.
