A media mañana, en el acceso a Wimbledon por Somerset Road hay expectación porque no es un día cualquiera. Vuelve el rey, o sea, Roger Federer, que impecablemente trajeado recorre el camino hacia las dependencias de la pista central con ese andar flotante, único y genuino, rodeado el genio suizo de un séquito elegantemente uniformado (todos gafas de sol) en una estampa que recuerda a Reservoir Dogs y esa entradilla al compás de Little Green Bag. También de Tarantino es la película que ahora inspira a Naomi Osaka, la estrella fugaz que un día vino y que después, sin saberse del todo bien por qué, desapareció. En su elogiable empeño por volver, la tenista japonesa desfila por la pasarela y luce estos días un kimono que tiene un origen concreto: Kill Bill.. Seguir leyendo
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