Tuvo que ir el Inter de Milán a tirar centros al Círculo Polar Ártico para que el mundo descubriera que los hombres hiperbóreos de mítica fama panzer no son gigantes rubios que se imponen por la fuerza de su armadura sino por la máxima expresión de la actividad cognitiva. Con la cabeza juega el Bodo, pero para usar los pies a toda velocidad. Piensan antes de recibir la pelota Berg, Fet, Blomberg, Hogh, pero sobre todo Evjen y Haugue. A dos toques, a uno, sin detenerse, sin dejar de desplazarse, arriba y abajo del pequeño campo de hierba artificial que entre todos este miércoles convirtieron en un infierno para el Inter. Sobre la moqueta el balón giraba que daba miedo. Venían de ganarle al Atlético en el Metropolitano. Son el cuadro revelación.. Seguir leyendo
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